Adios miedo

El miedo y la mentira son dos íntimos amigos que a menudo van cogidos de la mano, es curioso ver como muchas veces huimos de lo que la vida generosamente nos entrega por no alcanzar a ver lo que se esconde al otro lado, y entonces hilamos la peor de las mentiras, la que nos contamos a nosotros mismos hasta creerla.

Anna había enfrentado la vida siempre con valor, o eso era lo que los demás siempre le decían, ella creía que simplemente había vivido, le gustaba pensar que si un día de repente los focos se apagaban no tendría nada que reprocharse, había escalado cada muralla, saltado cada abismo e incluso cayendo, las fuerzas la acompañaron para salir de ellos.

Y de nuevo se encontraba al borde del abismo, lo tenía delante, profundo, alargando sus brazos para devorarla, pero esta vez no, quizá la rozaría, quizá incluso la tocaría pero no conseguiría atraparla, seguro que al llegar al otro lado tendría algunas magulladuras, algún arañazo más en el alma y la aleación que cubría sus capas de dolor sería un poco más dura, pero las cicatrices desaparecerían, como siempre y de nuevo se habría reinventado para una nueva vida, en la que esta vez no iban a faltar sus imprescindibles, y esos eran sus amigos, los de siempre y los que la vida recientemente le había regalado, los que habían estado en casi todo su recorrido y los que ahora habían decidido acompañarla, empujándola en los saltos y recogiendo los pedazos o curando sus heridas cuando era necesario.

No podía evitar sonreír, algunos de los recuerdos que la acompañaban, casi podían hacer el cambio de vivienda solos de acostumbrados que estaban, y se acordó de su madre, de las risas y carcajadas que habían compartido en el último viaje, de nuevo los libros, de nuevo las esculturas, los vasos, las copas, los platos… Pero esta vez había decidido viajar ligera de equipaje, un kit de menaje de supervivencia, sus libros  y las esculturas que realmente significaban algo.

El invierno era frío, quizá demasiado para ella,  pero la calidez de un mundo que se abría ante sus ojos ofreciéndole toda su belleza y una vida en estado puro le inyectaba el calor de su lejano  Mediterráneo y de los besos y abrazos que lograba sentir de los suyos, a pesar de los cientos de kilómetros que la separaban de ellos; y la única fuerza en la que de verdad creía, la del amor, se le revelaba a cada segundo y en cada rincón de aquella soledad ficticia que la rodeaba.

Por fin sabía lo que realmente quería, la libertad del alma, el aire que dan las ventanas abiertas a ese vacío que otros se negaban, no había nacido para ser de nadie más que de ella misma y a la vez ser de todos los que la amaban, los que la habían amado y los que la amarían, pero sin cadenas, sin reproches, sin necesidades enfermizas… quería que las puertas de su vida permanecieran abiertas a todo lo que la vida le iba a ofrecer, de gozo, dolor, disfrute, amargura, sonrisas, lagrimas, angustias, derrotas y victorias, pero sin miedos, sin mentiras, sin egoísmos.

Se quedó pensando en el miedo, ya no lo sentía, había alcanzado ese estado en el que poseer ya no formaba parte de su vocabulario y no necesitaba sentir que nada ni nadie le pertenecían, solo se pertenecía a ella misma y ni siquiera a ella misma necesitaba darse explicaciones, no tenía que mentirse, ni engañarse, y es que solo tenemos a aquellos que realmente quieren estar con nosotros y solo deberíamos compartir nuestras vidas con quienes realmente queremos que estén en ella, sin hipocresía ni convencionalismos y pudiéndonos mirar al espejo por las mañanas y lanzarnos una sonrisa cómplice a nosotros mismos.

Fue un día raro en general, realmente en los últimos meses los hechos se habían sucedido a tal velocidad que mirando hacia atrás el salto sobre el abismo estaba ya describiendo la caída, pero esta vez iba a ser justo al otro lado. Dormía tan poco que se despertaba pensando en volver a dormir, y sin embargo al caer la noche el sueño se le resistía, su relación con Morfeo era parecida a la que tuvo con el resto de hombres de su vida, se amaban, se deseaban, se odiaban y les era imposible vivir juntos, aunque esa visión no era del todo cierta, en su vida existían hombres maravillosos pasados y presentes e incluso de alguno de los que compartieron solo un tiempo breve guardaba buenos recuerdos. Sonrió y pensó en sus amigas, cuantas conversaciones sobre ella y su visión de la pareja, del mundo masculino habían terminado a carcajadas, las echaba de menos, sí, aquella tarde le hubiera encantado tomar una copa y volver a discutir la jugada, pero pronto lo haría, era plenamente consciente de que ese momento no se dilataría mucho en el tiempo.

Con esa imagen en su mente guardó el último libro de aquella caja, ya había preparado lo que se iba a llevar para sus primeros días, la libertad estaba a unas horas de sueño, miro a la oscuridad, le guiñó un ojo a Morfeo y se entregó a sus brazos.

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3 comentarios sobre “Adios miedo

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  1. M’agrada molt, m’agrada aquesta Anna, la d’abans no era ella… jo gairebé no la reconeixia, però llegint, llegint, vaig reconeixent a aquest personatge de la meva literatura infantil i juvenil que estava amagat, que feia temps que no llegia i que ara torno a llegir amb aquella ilusió que et dona la infantessa i la joventut, i amb la serenor que et dona la maduressa. Benvinguda petita Anna, feia temps que no sabia res de tu.

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