Regente Marte

Cuando Marte te visita debes estar alerta, su fuerza te da lo mejor y lo peor, transita por tu vida lleno de energía y te da las armas para la lucha, pero su exceso de pasión puede empujarte a una carrera loca a ninguna parte.

Sandra creyó encontrar el amor de repente, le surgió en un instante que incluso pensó en una conjura de los astros, pero los astros sencillamente juegan a deslizarse en el cielo para hacernos creer en un futuro que nunca pasa y dos meses más tarde la conjura y el amor habían caído en el olvido.

Miró al cielo, y pensando en  las estrellas, estas la trasladaron en el tiempo, aún vivía con sus padres, eran las doce de la noche y sonó el teléfono, era un astrologo amigo de una amiga, estaba haciendo su carta astral y quería asegurarse de que los datos que tenía eran correctos, ella miro a su madre y esta se los confirmo y él entre incrédulo y asombrado, con someras explicaciones, la cito al día siguiente.

Cuando Blanca y Sandra llegaron a casa del astrologo, estaban emocionadas, ¿porque las había hecho ir tan pronto?, y rápidamente  lo averiguaron, las carta astral de Sandra era una amalgama de rayas infinitas que le tenía más que sorprendido, le dijo un montón de cosas sobre su vida futura, pero transcurridos los años solo recordaba dos, que iba a ser agotadora y que Blanca y ella dejarían de ser amigas, en aquel momento las dos se miraron, lo miraron a él y sonrieron , aquello era imposible, ellas separadas… y sin embargo habían transcurrido ya casi 20 años desde la última vez que hablaron.

Su relación con Blanca terminó, fue uno de esos hilos a los que el uso excesivo desgasta y finalmente el poco uso corta, pero antes de separarse vivieron mil aventuras, eran dos energías que cuando se unían las situaciones más extrañas parecían perseguirlas, eran jóvenes, rebeldes y se enfrentaban al mundo y a lo establecido a su manera, una cubierta extrema, escapadas radicales, cerveza, viajes imposibles y reivindicación continua.

Eran más de las seis de la mañana, en Londres amanece más temprano y el sol casi las molestaba, regresaban de una fiesta que había empezado a las siete de la tarde del día anterior, sonreían, bueno quizá mejor se carcajeaban, todo les parecía gracioso, había sido una noche más que divertida, pero nunca imaginaban la sorpresa que las esperaba al llegar a casa.

Blanca llegó a Gatwick un jueves por la tarde, Sandra la recogió y juntas se fueron a la casa donde ella trabajaba, se quedaría allí hasta el domingo, tenía que ir a Southampton, iba a estudiar inglés durante 4 semanas, así que fue su amiga la encargada de llamar a la mujer que la alojaría esos días para informarla de que estaría con ella el fin de semana y como no contestó le dejó un mensaje en el contestador.

El viernes a mediodía llevaron a los niños que estaban al cuidado de Sandra de picnic, hacia un sol maravilloso; Jaymie tenía una fiesta por la tarde y se había puesto muy guapo, pero cuando el mantel y los primeros  bocados estuvieron dispuestos, el cielo se cerró y les mandó una tormenta inglesa de la que no había lugar donde guarecerse, salieron corriendo del parque, el agua de la lluvia y las lágrimas se mezclaban en el rostro del niño, iba a llegar a la fiesta hecho un desastre, entre las dos le consolaron, no se podía prever aquella lluvia, le limpiaron la cara, le arreglaron la ropa y más contento le dejaron en la fiesta.

Y llegaron las seis de la tarde y a partir de ese momento el tiempo era solo para ellas y esa noche tenían una fiesta, se vistieron, se maquillaron, se miraron incontables veces en el espejo y salieron a una nueva aventura, la típica “party” inglesa, las esperaban el grupo de amigas y un montón de desconocidos. Y la fiesta resultó alucinante, aunque no tanto como la noticia que recibirían al regresar.

Días antes, cuando fue con Keira, una de sus amigas a confirmar la asistencia, les abrió la puerta un rocker algo parco en palabras, pero ella con un rápido análisis tuvo más que suficiente, cuando se alejaban le dijo a Keira: “ese chico es mío”, y esta sonrió:” lo veremos el viernes” y añadió su ya famosa frase: “cuidado con los ingleses que ya sabéis lo que andan buscando” y esta vez fue Sandra quien devolviéndole la sonrisa añadió: “lo mismo que el resto querida amiga”…

Y llegaron las siete y como un huracán mandado por la ONU una embajada de au pairs de distintas nacionalidades entró por la puerta de aquella casa de clase media londinense. Sandra se había lanzado una consigna a sí misma, pasar su mejor noche inglesa, en unos días regresaba a casa y aquella fiesta sonaba a despedida, no había que desaprovecharla.

La llegada de las chicas marcó el ritmo de la fiesta, la música aumento de volumen, sonaba” The Joshua Tree”, U2, y cerca del equipo de sonido estaba el chico que abrió la puerta, Sandra le guiñó un ojo a Keira y se acercó a él, John la recibió con una sonrisa, y empezaron a charlar, la música siguió sonando y mientras saliendo de la cocina y distribuyéndose por todos los rincones de la casa la cerveza corría a más velocidad que el whisky y el whisky competía con la ginebra y claro está, el ambiente aumentaba de temperatura por segundos a pesar de que aquel verano que entraba en la recta final no estaba siendo de los más cálidos, sin embargo, para seguir aumentado los grados por la puerta no paraba de entrar gente, aquello era una autentica despedida y aún no sabía que aquel postre tendría guinda.

Sandra perdió pronto a Blanca de vista, bueno a ella y a cualquier habitante de la casa que no se llamara John y al amanecer, con una sonrisa de triunfo y una cita para aquella tarde la encontró en el piso de abajo, en su particular festejo en la cocina, finalmente consiguió arrastrarla para ir a casa, emprendían el camino hacia un fin de fiesta que era imposible sospechar.

Cuando abrieron la puerta, Eileen, la jefa de Sandra las esperaba con una malévola sonrisa y con un tono casi divertido dijo:

-Sandra, tienes un gran problema

-¿Yo? ¿Un problema grave?

No sabía si asustarse o pensar que era una broma, y Eileen prosiguió:

-Bueno, aún puedes solucionarlo… la policía os busca a ti y a tu amiga, a ella porque ha entrado en el país pero nadie puede localizarla, ha cruzado el control de pasaportes, está en suelo inglés, pero nadie sabe dónde, porque no ha llegado a Southampton donde la esperaban. Una señora de modales discutibles ha llamado aquí, el teléfono se lo ha dado el hermano de Blanca, me he aprendido hasta su nombre, que por supuesto ha hablado con tus padres y luego tu padre me ha llamado a mí y yo a todos les he dado la misma respuesta, que sabía que contigo estaba una amiga, que se iba a quedar el fin de semana y que estabais en una fiesta, afortunadamente para ti y tus amigos no sabía dónde, porque la policía lo ha preguntado… Ah, por cierto, tenéis veinticuatro horas para que Blanca se identifique y de señales de vida, en caso contrario la mandan de vuelta a España…Y tú, encontrada ella, no pasa nada, bueno, salvo lo que digan tus padres…

Las carcajadas del camino se acababan de perder en un desconcierto de palabras, Blanca miraba a Sandra, solo había entendido Southampton, hermano, policía, vuelta a España… y Sandra solo estaba segura de una cosa, esta vez no necesitaría el gin tonic para quitársela, no iba a tener resaca.

Y empezaron las llamadas, a la policía a los que hubo que identificarse, a la señora histérica de Southampton que tenía contestador para no escucharlo y que la maldijo, seguro, aunque no entendió la mitad de las palabras, al hermano de Blanca al que se le olvidó pensar antes de llamar a todo el mundo y a los padres de Sandra, serios candidatos a la beatificación.

Aquel día, cuando todo estuvo solucionado, pensó que había perdido el tiempo estudiando inglés, su padre y su jefa se habían entendido sin conocer el idioma del otro, y claro, las consecuencias tendrían que esperar a su llegada, aunque esta vez, a lo mejor con un poco de suerte se salvaba, ella solo estaba en una fiesta, y eso lo sabían.

Sin dormir, compadecida por Eileen y tras un final de fiesta imposible de olvidar  acompañó de nuevo a Blanca a Gatwick, allí cogería el autobús para Southampton, cuando se despidieron no pudieron evitar las carcajadas, aquella vez se habían superado.

Dormitando en el metro regresó a casa, por suerte era sábado y su horario de trabajo hacía un rato que había terminado, se sentía bien, aún tendría tiempo de descansar antes de su cita con John.

Habían quedado en el metro, cuando llegó la estaba esperando, de nuevo la recibió con una sonrisa, sacaron billete a Picadilly, no tenían un plan fijo y desde allí se puede ir a cualquier sitio, pasearon por Oxford Street entre tiendas de discos y arrumacos, se besaron por el barrio chino, cenaron a orillas del Támesis una hamburguesa y ya sin dejar espacios abandonaron el último local cerrando. Al día siguiente se tumbaron en el césped de Hyde Park, leyeron, juguetearon, charlaron, se mimaron y escucharon música, disfrutaron todos los momentos que tuvieron, pero no podían parar el tiempo y los días que quedaban para finalizar su estancia londinense transcurrieron demasiado rápido. Llegó el momento del adiós, y no se prometieron nada, no querían luchar con la distancia, preferían dejarlo reposar en su recuerdo como unos días felices de un mes de septiembre, sin embargo tenían canción, U2 “With o without you”.

Sandra regresó a casa en autobús, prefirió no contar las horas, su padre la esperaba feliz,  habían sido los primeros 3 meses fuera de casa, ella le sonrió a través de la ventanilla y hasta después de los besos y los abrazos no se acordó de sus marcas en la cara, su padre después de volver a mirarla y abrazarla varias veces sonriente las señaló y le preguntó…” un hamburguesa picante a orillas del Támesis, a saber que llevaría” y su padre volvió a sonreír.

Esa vez su explosiva amistad con Blanca no había tenido consecuencias, Marte no estaba juguetón ese día, pero cuando llegó a casa y después de achuchar a los suyos y saborear un plato de pescado, bendito sabor olvidado, se acostó y al despertarse, abrió la ventana, miró al cielo y convencida de que podía escucharla tuvo una seria conversación con él, tendría que dejarla descansar de vez en cuando, porque a ese ritmo, no cumpliría los cuarenta, y Marte mirándola sonrió, imposible, si el regente es Marte, no te escondas y estate preparada a todo tipo de emociones… es la guerra.

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