A los que se van…

La traición es uno de los actos humanos que más dolor siembran en quien la recibe, es una de las formas más duras de experimentar el vacío, de repente aquello o aquellos en quien creías se convierten en algo ajeno, desconocido y el sentimiento de pérdida remueve la tierra donde nos asentamos y miramos el abismo a nuestros pies, y creemos que vamos a ser engullidos por su oscuridad… pero con el tiempo se va cerrando y el traidor desaparece, porque ni siquiera es necesario mantenerlo en el imaginario para ejercitar nuestro desprecio.

María se deslizaba abandonándose a la salsa, el baile nacido para envolvernos en la alegría, la pena desaparece cuando los movimientos de tu cuerpo se entregan a su ritmo. La inmensa pista abarrotada de gente se hacía pequeña con el balanceo de sus caderas, los hombros describían el sinuoso camino de la vida y el calor latino explotaba en cada uno de sus gestos.

El traidor se despidió con unas palabras estúpidas, esas que se dicen cuando no se sabe que decir y hay que justificarse, pero esta vez pudo mirarle a los ojos y si el desdén se puede encerrar en una mirada, en ese instante estaba todo en la suya. Le dijo adiós sin dramas, como liberándose, en este caso lo breve no había resultado ni siquiera bueno, no le acompaño a la puerta, solo cuando tuvo la certeza de que se había alejado lo suficiente se acercó para asegurarse de que estaba bien cerrada.

Se hizo el silencio, pero duro poco, eligió rápidamente un nuevo compañero de baile, pero este era música, se deslizaba con su cuerpo en un movimiento en plena comunión con cada paso, el ritmo acompañaba cada respiración y su vida daba vueltas alrededor de la pista, unos brazos y otros la hacían girar perdiendo el control del tiempo y del espacio, y en ese momento lo tuvo claro, a los que se van…que no regresen.

Se debía aquel viaje desde que podía recordar, y esta vez iba a hacerlo, se sentó a meditar, tenía que poner pausa a aquella vorágine de acontecimientos que habían desembocado en una noche loca de baile al ritmo del son afro cubano. Se levantó y se enfrentó al espejo más cercano, examinó su rostro buscando lo que decía con cada expresión y la tez cetrina le dio la respuesta, estaba cansada, eso lo gritaban las bolsas justo debajo de un mirada traviesa, retando al futuro, estaba claro, lo primero era descansar, atraer de nuevo el sueño a su regazo, pero necesitaba saber más, volvió al salón y se sentó en silencio, tenía que escuchar al que siempre la había guiado, pero el corazón estaba en calma, esperando nuevos retos y entonces pensó en hacer una de esas listas que odiaba, no era la de pros y contras, sino la de aciertos y errores, porque sabía lo que sentía y lo que quería sentir, pero no donde se escondía el camino para encontrarlo.

Y volvió a la música, volvió a la salsa, volvió a bailar y en cada giro borraba un poco más al traidor, a todos y cada uno de los traidores que habían poblado su vida y en un tornado de vueltas infinito casi sintió como se deshacía de cada uno de ellos. Se tumbó en el suelo, estaba agotada, cerró los ojos y pese a sentir el frio de la falsa madera apoderándose de su espalda se transportó a un valle en primavera, el sol se posaba en su cuerpo, podía ver el color de las flores y sentir el abrazo de la madre tierra y se sintió como ella… la gran diosa abandonada por los hombres, le sonrió a su alma, se sentía diosa, estaba preparada, era el momento de dar el gran paso.

Isabel llegó a casa otro día con cien mil cosas que hacer estaba en marcha, milagrosamente había llegado el correo y es que a veces parecía que sus cartas decidían llegar premeditadamente tarde, de repente sonrió, un sobre blanco cansado de viajar llevaba remite de Cuba, era María, meses atrás había decidido volar persiguiendo un sueño no realizado y lo que en principio iban a ser unos días se habían convertido en meses… Aterrizó en La Habana para absorber el son y el alma de la isla, y quizá, hacer su propia revolución, y la había hecho, y de momento se había quedado allí. Desde entonces las noticias fluían lentas, pero cada palabra de aquellas cartas transmitía paz, podía entender hilando cada frase como María había encontrado su sitio, sin embargo, a ratos, se le hacía difícil entender lo que la mantenía en aquella nueva aventura, pero conocía mejor que nadie a su hermana, estaba donde su corazón había elegido, en el corazón del mestizaje, tenía justo lo que necesitaba, vivía de lo que siempre quiso y aparte de esporádicos huracanes el sol siempre brillaba y hacía buen tiempo.

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Un comentario sobre “A los que se van…

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  1. Et fa sentir uns sentiments molt forts crec que et pots sentir en el lloc de la protagonista i casi casi que em poso a ballar salsa. Fa reflexionar…. petonets.

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