Volando sombreros

Llevaba muchos años sumergido en el asfalto, no recordaba la última vez que había experimentado la vida, sentía como estaba pasando por ella pero no le encontraba ningún sentido.

El reloj sonaba sin compasión a las seis, no era música, su vida no tenía música, solo un desagradable sonido ensordecedor, cada día los mismos movimientos, era un autómata que apagaba el despertador, encendía la luz, bostezaba, se ponía el chándal y salía a correr, lo de correr era un vicio de su vida americana que había conservado sin saber muy bien porque, llegaba a casa casi a las siete, ducha, ropa, café, quemazón, demasiada prisa por salir, maletín, abrigo, sombrero, puerta,  llave, abría y cerraba tres veces una compulsión.

Parking, coche último modelo, calles de una gran ciudad, impresionante edificio de oficinas, última planta, despacho.

-Buenos días Sara

-Buenos días Sr. White

Se llamaba White por una aventura inglesa de su madre aunque nunca conoció al anterior señor White, odiaba su apellido, le recordaba cada día parte de su vida, una parte que quisiera olvidar cada día justo antes de la pregunta:

-¿Café, Sr. White?

-Si Sara, cuando lo traigas comentamos la agenda.

-Si señor

Entraba en su despacho, fuera abrigo y sombrero, maletín sobre la mesa, mirada a través de los amplios ventanales, el mundo vivía bajo sus pies y sin embargo allí arriba la vida pasaba de forma acelerada y ni siquiera se paraba con una cálido roce amigo.

-El café señor. ¿Repasamos la agenda?

-¿Sara, crees que vivo?

-Perdone, pero no entiendo la pregunta

-Lo siento, siempre creo que los demás están en mis pensamientos…quiero decir que si crees que la vida  que llevo entre estas cuatro paredes es vida o se parece a ella.

-No sé, señor, a usted le gusta esto…

-¿Me gusta? No lo recuerdo, sí, a lo mejor me gustaba, pero… ¿desde cuándo no me ves sonreír?

-No se señor, creo que yo nunca…

-¿Cuánto tiempo llevas aquí? Perdona lo he olvidado.

-Seis años señor

-¿Y en seis años nunca me has visto sonreír?

-No señor… pero su trabajo, claro aquí…

-¿Trabajabas en otra empresa antes?

-Sí, señor yo…

-No, no te preocupes de eso ahora y allí… ¿sonreían?

-Bueno, señor, si… con frecuencia

-Lo ves, soy yo, yo que no tengo vida, yo que vivo aquí encerrado, yo que… ¿alguna vez te he dicho algo agradable?

-Bueno señor yo… no… pero nunca me faltó al respeto.

-Vamos a hacer cambios, a partir de hoy no me llamaras más señor  nada, me llamarás Ramón que es como llamo y me hablaras de tu, ve por un café…

-Señor yo… Ramón, si voy

-Que pasa ¿no tomas café?

-Si…Ramón, voy.

Ramón, no me gusta mi nombre, pero es mejor que Sr. White, mejor que señor, mejor que no sonreír, mejor que esta vida gris, mejor que no vivir, sí, Ramón tiene que vivir.

-Que tenemos hoy Sara

-Reunión en veinte minutos con los otros socios hasta mediodía, por la tarde tiene tres visitas, a las tres, a las cinco y a las siete y para esta noche tiene reservada mesa, cena con sus socios y sus esposas, me pidió que le reservara con acompañante.

-No soporto a mis socios Sara… ¿tú qué opinas?

-Señor yo…Ramón no quiero…

-Tienes razón, no digas nada. Me voy, no me siento bien, no sabes cuándo volveré,  anúlalo todo.

El sol brillaba aún más sobre los campos de trigo, el calor le daba de lleno en el rostro, le gustaba más cuando era la época de las amapolas, le gustaba el rojo asomándose a un verde que poco a poco cambiaba de color, llevaba desde el amanecer sentado sobre un haz mal hecho, miraba al horizonte, a sus pies un San Bernardo al que acariciaba, en la mano un carboncillo con el que dibujaba formas sin mucho sentido,  vio salir el sol, ahora lo veía salir cada día, las nubes querían ponerle trabas pero el insistía en asomarse, lo mismo que el hizo cuando todos le tomaron por loco… de repente en un gesto brusco de los que ya no solía hacer cogió su sombrero, el que le acompañaba diariamente a su celda en la planta cuarenta, lo miró y lo lanzo al aire con fuerza, no se despidió, solo quería ver como el último vestigio del hombre al que había abandonado volaba por los aires y se perdía en un tiempo en el habitaba lo que nunca quiso ser.

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2 comentarios sobre “Volando sombreros

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  1. Després de llegir-lo casi que m’agafen ganes de llençar el barret…..si no fos pel si no fos………. fins i tot jo m’he angoixat pel pobre Ramon.
    Bé wpi, bé

    Me gusta

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