Lo de siempre

Sonó el teléfono, sabía que era él pero al oír su voz el mundo se trastocó más si es que eso era posible, siempre necesitaba oírle, verle, tenerle cerca al alcance de sus manos que tanto le deseaban, quería estar suspendida en su mirada eternamente y en ese instante se quedó pendiendo de su voz haciendo equilibrios para no caerse de ese mundo que con solo pensarle construía.

-Hola, ¿Cómo estás?

-Bien, ¿y tú? , ¿Qué haces?

-Nada especial…últimamente nada especial, ya sabes lo de siempre… ¿y tú?

-No sabía de ti y… no se

De nuevo las palabras se quedaron atrapadas en algún lugar entre su mente y sus labios pero no fueron pronunciadas, lo pensaba durante sus días y sus noches, demasiadas veces parecía que sus dedos casi podían tocarlo, pero siempre era la misma mentira, mañana, mañana sería el día…pero ese mañana no llegaba nunca.

-Te esperaba dime…

-Cuando nos vemos…

-Hoy no, no puedo

-¿Mañana?

-Que te apetece…

-Teatro y cena, ¿te parece bien?

-Que quieres ver

-Los Miserables, solo quedan tres semanas para verla…

-Perfecto, me apetece mucho, ¿Dónde?

-Te recojo a las seis

-No hace falta que subas te espero abajo

La soledad les había unido en un bar de copas unos meses antes, Inés ni siquiera sabía si él le gustaba, era agradable a la vista y al trato, no parecía ser muy raro, el sexo con él era placentero, pero… desde hacía  demasiados años siempre había un pero y esta vez casi tenía decidido eliminarlo, sin embargo no era del todo ella cuando estaban juntos, se reservaba, guardaba algo que creía que la alejaba de la infidelidad, no tenía pareja, pero si un corazón demasiado tiempo entregado a una condena a la que ella misma se había sentenciado.

-¿Te ha gustado?

-Mírame a los ojos, hallaras la respuesta…

-Te brillan… emocionada…

-Entonces me ha gustado Juan…

Le guiñó un ojo, aquel día se sentía totalmente receptiva con él, sentía feliz su presencia, le agradaron sus leves caricias durante la obra y le apetecía besarlo como nunca antes en cada uno  de sus encuentros.

-Donde me llevas a cenar

-Es una sorpresa

La amplia sonrisa de Juan denotaba que se sentía muy a gusto con su cambio de actitud.

-Me encantan las sorpresas, vamos.

Casi tuvieron que cruzar la ciudad para llegar al restaurante, estaban en el barrio de Gracia, a Inés le encantaba aquel barrio y él siempre estaba atento a todo lo de ella, aparcaron y anduvieron unos metros hasta llegar a una pequeña puerta, la decoración le dio todas las pistas… se lo comentó un par de semanas atrás, era un restaurante etíope, Inés le lanzó una amplia sonrisa de complicidad, tenían mesa reservada, se sentaron y se miraron a los ojos, los dos sonrieron a la vez.

-Te noto distinta, ha pasado algo que ignoro…

-Sí y no

-Me encantan las respuestas tan concretas

Juan volvió a sonreír y la miró interrogando.

-No me ha pasado nada especial, solo que he decidido abandonar al pero…

-Lo siento Inés no te sigo.

-Llevo quince años poniéndole un pero a todas mis relaciones, y ese pero ha sido una losa que no han podido soportar, tengo treinta y cuatro años y hace seis meses te conocí tomando una copa sola en un bar…

-Y ese pero tiene nombre…

-Nombre y apellidos, pero ya no importan

-¿Le ves?

-Desde hace unos meses, no.

-¿Habláis?

-De vez en cuando, cada vez menos, casi siempre llamaba yo, él solo lo hace cuando me necesita.

-¿Por eso a veces te reservabas? Siempre he notado una puerta cerrada, bueno siempre no, cuando hacemos el amor alguna vez he creído que te transformabas en otra persona, en ese momento nunca guardas nada, solo en esos momentos he podido sentir que eras mía, en cada caricia, en cada beso, en cada instante en que aún deseaba más permanecer en tu cuerpo… y sin embargo segundos más tarde me echabas.

-Lo sé, perdona, yo no quería…

-Es demasiado pronto para hacerse daño, pero en algunos momentos no he podido evitar sentirme como un juguete barato… de esos que se les da a los niños para entretenerlos un momento y luego olvidarlos….

-Prefiero olvidar el pero… ahora lo se… yo seré esta noche en todos y cada uno de los momentos que compartamos desde ahora…

Disfrutaron sin prisa de la cena, sabían que aquella noche sería la noche, la de los dos, como si de nuevo se conocieran en aquel bar…pero ya conocían mejor su historia, aún mejor, sus cuerpos se conocían, habían dejado atrás juntos el pero…no, ya no quedaba nada oculto, o al menos nada importante.

-¿Te quedarás hasta mañana?

-Si no me echas sí…

-No te echaba yo… te echaba el pero…

-Era una broma, no lo pienses más, hoy empezamos

Y empezaron como si no hubieran existido los anteriores encuentros, pasearon su deseo en el cuerpo del otro como si fuera nuevo, rozaron los matices, se acariciaron dando color y calor el uno al otro, eran blancos lienzos donde ir dejando poco a poco y suavemente su propia impronta, se amaron sin peros, sin miedos, sin mapas, con tiempo…

-Hola soy yo

-Lo sé….

-No ha pasado tanto

-Casi un año

-Necesito hablar contigo

-Yo no

-¿Dónde has estado?

-¿Y tú?

-Yo ya sabes lo de siempre ¿tú?

-¿Yo?, lo de nunca.

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