Las voces de la vida

escuchando-radioLlegó a casa, se quitó los zapatos, o casi los lanzo porque el agotamiento tras doce horas de trabajo intenso no le permitían un gesto más de fuerza, desde que Laura decidió escapar de la trampa en la que había estado encarcelada durante años las horas de trabajo en aquel mundo convulso y azotado por una parálisis económica enquistada entre los más necesitados la habían abocado a una nueva vida agotadora y en la que la soledad se instalaba en sus noches, sin embargo, con una sonrisa, acerco el botón a la posición de encendido y de repente la transportaron a un mundo mejor, solo era una voz, pero era su compañera que noche a noche arrinconaba aquella soledad desde hacía unas semanas…..

-Son la cinco de la mañana, como cada día vamos a dar un repaso a las temperaturas, España amanece cubierta……

Ricardo acababa de llegar a su puesto de trabajo, durante horas la conversación más larga en un día normal sería un saludo educado o un par de frases sobre la vida, de esas que se dicen al azar en momentos que sentimos que debemos decirle algo a alguien simplemente porque aparece en una parte de nuestro día y nuestras miradas se cruzan…

Sonrió, su amiga le hacía compañía, tenía unos amigos invisibles que le acompañarían hasta las cinco de la tarde, cuando su compañero le sustituiría a él y se quedaría en la compañía de aquellas voces amigas que en el silencio de la noche, cuando los saludos desaparecerían  y la oscuridad ocuparía cada rincón hasta hacerse un silencio en que solo la noche y aquellas voces acompañan los minutos de los que viven cuando el resto se han entregado o sucumbido al sueño…

-Hola Ricardo, ¿Qué tal el día?

-Como todos amigo, entran, salen… muchos saludan otros te añaden a la decoración estática y casi ni te miran, llega el correo, el cartero te da lo de siempre, cuatro frases como cada día y un día más que se va…

-No te quejes, la noche es peor, nadie entra, nadie sale, ni una mujer bonita, ni un mal educado con el que hacerse mala sangre, solo silencio… sino fuera por ella creo que me volvería loco… a ti te gusta leer… a mí no…

-Ya no leo… ya no tengo ganas de nada Manuel, sí, yo tengo más ruido… pero solo eso ruido, no hay calor humano solo fría educación, a veces preferiría que no entrara ni saliera nadie….

Every breath you take every move you make…. Sara escuchaba una de sus canciones preferidas mientras se preparaba algo para cenar… la cantaba… o como a ella le gustaba decir le hacía los coros, no entendía su mundo sin música, ella no la abandonaba, a ella no podían quitársela como le habían quitado todo… una mala elección y allí estaba, un torbellino de decisiones acertadas pero no por ello menos dolorosas la habían dejado en aquel pequeño piso en el que ni siquiera sabía cuánto tiempo iba a estar… le gustaba, llevaba su nombre en las paredes, en las formas, en la luz…. Sin embargo el miedo que la atenazaba día a día la hacía dar un paso más a un nuevo destino donde nadie la esperaba, donde estaría protegida pero que sin embargo iba a alejarla sin remedio de uno de los seres que más quería. Pero aquella noche no estaría tan sola, estarían ellos y la música, estarían ella, él y sus palabras… no ya no estaría sola….

Eran cuatro seres perdidos en un mundo donde los miles de millones casi amenazaban la subsistencia global, sin embargo estaban solos, parecía que aquel mundo globalizaba y aislaba a la vez, la sociedad cambiaba de aspecto y el a veces mal llamado primer mundo se convertía en el último, el último en calidez, en generosidad, en cariño, en compartir, en amabilidad, en sonreír, en vida o lo que algunos llamaban calidad de vida…

-Hoy queremos compartir sus experiencias con aquellos que como nosotros han hecho de la noche la parte del día donde transitan, donde viven, donde hablan, donde comparten o quizá solo escuchan y nosotros desde aquí les damos las gracias, porque si ellos no estuvieran justo al otro lado, en cualquier punto hasta donde llegan nuestras voces… nuestro trabajo no tendría sentido…

Manuel sonrió, escuchaba como cada noche su programa de radio favorito, la gente llamaba, contaba sus historias, muchos no estaban trabajando como él, pero no dormían, no podían, no querían, estaban solos… y como a él, sus amigos de la noche les acompañaban, las música, las noticias y sus historias eran sus compañeras, su familia nocturna a la que cada vez tenía más cariño, innumerables veces casi marcó el número, pero dudaba… que les iba a contar… ¿su soledad?…

-Buenas noches….

Una nueva llamada, una nueva historia, la música, las voces conocidas, las anónimas, todas creaban un mundo, el mundo en el que más le gustaba habitar y de repente….

La cara de Manuel cambió, conocía esa voz, era la mujer que llegaba minutos antes que Ricardo, siempre cansada, siempre ojerosa pero con una sonrisa maravillosa, cada mañana traía un termo de café y lo compartían, hablaban unos minutos y se alejaba, muchas veces arrastrando el cansancio de vivir, las menos como si algo le hubiera dado alas…. Todas sonriendo….

Hablaba de soledad, de soledad compartida con aquellos que como ella cuando el día había decidido llevar su luz a otros puntos del planeta  empezaban la jornada o simplemente no podían dejar escapar la que había terminado y entregarla a los brazos del sueño. Ahora ya sabía porque siempre parecía cansada, trabajaba mucho, limpiaba aquellas oficinas día tras día y de noche, casi de madrugada compartía sus horas de sueño con extraños, estaba sola, como el, como muchos otros y sin embargo entre todos habían creado una familia, la de la noche…  Laura, si era Laura, aquella mujer de ojos tristes y sonrisa eterna, la del café, la de todas sus mañanas…

-Buenos días Laura

-Buenos días Manuel, ¿con dos de azúcar como siempre?

-Te escuche anoche…

-¿Me escuchaste?

-La radio, el programa, tu llamada…

-Qué vergüenza…

-¿Por qué?

-No imaginaba… no di mi nombre…

-Tu voz, Laura, tu voz… hablamos poco pero hablamos todos los días…

-Perdona, estoy… si crees que no te conocen es más fácil, ahora… me siento descubierta…

-No pasa nada Laura, yo también estoy solo

-Pero tú estás aquí

-Aquí y en casa… ¿Un café de tarde?

-Trabajas

-El sábado no

-El viernes hablamos

-Descansa Manuel, hasta mañana.

-No te canses mucho Laura, hasta mañana.

Unos pasos delataban la llegada de Ricardo, sus pisadas eran ruidosas, siempre llenas de energía, Ricardo era feliz, siempre se levantaba queriendo abrazar el mundo con la mirada, y sin embargo, las horas en aquella garita cerrada le consumían, tenía sueños pero nunca se realizaban, y por las tardes cuando regresaba de nuevo Manuel, los pasos eran cortos, las pisadas tristes, la energía se había escapado en cada llegada que no musitaba ni una palabra, con cada ser que cruzaba frente a su mirada sin verlo, sin apreciar que detrás de aquel cristal había alguien que respiraba…

-Buenos días Manuel

-Buenos días Ricardo, ya te han traído el café…

-Ya sabes, Laura

-Como te cuida

-Ella al menos sonríe y habla…

-¿Qué tal la noche?

-Ya sabes, con mis amigos de la radio

-Buena compañía

-La mejor, ayer llamó Laura

-¿Y qué dijo?

-Eso es lo de menos, la he invitado a café, el sábado

-¿Y?

-El viernes hablamos

-Don Juan…

-No seas torpe Ricardo…

-Perdona, la envidia, a mí nadie me trae café, sino fuera por ellos…

-¿Y Sara?

-¿Mi hermana?

-Sí, claro, ¿no te traía el desayuno?

-Tuvo que marcharse

-¿Por qué?

-Mejor por quien, por él, asustada, está lejos, no puede ni quiere volver, estoy solo Manuel, estoy solo, ella se equivocó y lo sufrimos los dos, maldita la hora…

-Déjalo Ricardo, el amor es así, todos nos entregamos y todos a veces nos equivocamos. ¿Cómo está?

-Lejos, rodeada de gente pero sola, aunque dice que se siente acompañada… como nosotros, por los que son solo voces, solo palabras y a la vez lo son todo… Dice que está más tranquila, ya no mira a los lados, ya no mira a su espalda…

Manuel se marchó aquella mañana con una sonrisa, los magos de la palabra casi le habían proporcionado una cita, con su amiga de la sonrisa cansada, con la dama del café de la mañana, con su Laura… y aquel su en el pensamiento le sorprendió… su… que tontería, no eran nada y aunque lo fueran ¿Quién es de nadie?

Eran casi las cinco, sonó el teléfono de la garita.

-Buenas tardes, ¿dígame?

-Ricardo hermano, soy Sara…

-Sara, ¿Qué pasa?

-Nada, echaba de menos tu voz, me gusta que nos escribamos, pero no es lo mismo

-Me has asustado

-No tengas miedo, aquí estoy casi sola, pero no me puede pasar nada

-¿Casi?

-Los tengo a ellos, no nos vemos, no nos tocamos, pero nos escribimos, nos escuchamos… ahora son mi pequeña familia y claro, por supuesto estas tú, pero estas tan lejos y hablas tan poco…

-Ya sabes como soy hermana, hombre de pocas palabras. Cuídate, se acerca alguien. Te quiero Sara.

-Te quiero hermano. Hasta mañana.

Los pasos que confundieron a Ricardo eran los de Laura, se acercaba cansada y sin embargo se paró delante de la garita.

-Hola Ricardo

-Hola Laura

-¿Cómo está Sara?

-Más sola, pero más tranquila

-A veces hablo con ella, compartimos lo nuestro

-Lo sé, me lo ha dicho. Hoy no ha llegado Manuel, extraño, suele estar aquí

-Te ha dicho lo de anoche

-No, solo que te escuchó y que te ha invitado a café. Acepta, es un buen hombre.

Meses más tarde Laura y Ricardo paseaban por las calles del centro, sus manos estaban entrelazadas, sonreían, el rostro de Laura brillaba, la luz de su sonrisa ya no estaba cansada, se miraban, Manuel y Ricardo habían cambiado el turno, ahora llegaban juntos al trabajo y pasaban juntos sus veladas, juntos seguían escuchando a las voces de la noche, y con ellas compartían sus sonrisas, ya no estaban solos, se amaban.

-Hola hermano, otra noche solo

-Hola hermana otra noche sola

-No, Sara, estoy con ellos, no puedo verlos, no puedo tocarlos, no puedo o mejor, no quiero hablarles porque como siempre digo, soy hombre de pocas palabras, pero ellos saludan, sonríen, me acompañan…

-No hermano, como tú no puedo verlos, no puedo mirarlos, pero también saludan, sonríen, comparten, hablan…

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