Perdida en un mar de letras

 

Amaneció mucho antes de lo deseaba, porque necesitaba un tiempo de paz, de reconocerse en aquel silencio que quería imponerse, desde hacía unas horas sentía que no tenía nada que decir… no le apetecía pensar, hubiera querido dominar esas técnicas que te permiten dejar la mente en blanco y apartarte del mundo por un tiempo, no tenía ganas de mundo en ese momento, solo de silencio, despidió al día anterior con tristeza y recibió al nuevo día con un montón de sentimientos encontrados, tristeza, decepción, ilusión, esperanza, ganas… y sin embargo sentía como siempre la alegría de vivir… esa alegría que muchas veces ni siquiera ella sabía de donde emanaba. Decidió echar la vista atrás, últimamente lo hacía a menudo empujada por un sueño que ya podía tocar y que la dirigía lentamente al gran sueño, al que recordaba desde siempre.

“El “Poble Nou” es un barrio de Barcelona que antes de ser villa olímpica fue un barrio obrero donde la necesidad se mezclaba a menudo con el humo de las fábricas, y entre aquellos humos que no cesaban con el sonido de las sirenas de los cambios de turno y el olor a duro trabajo creció una niña, un ser maravilloso lleno de curiosidad por la vida…”

Casi no llegaba a la silla, eran aquellas sillas antiguas en casa de “l’avia Roser”, la trepaba con sus ojos inmensos de niña, de esa niña que quería saberlo todo, verlo todo, quedarse cada detalle, cada gesto que hacían los demás… se sentó y abrió su último cuento, no llegaba a sentarse en una silla pero sabía leer y aquellas letras y aquellos dibujos eran su mayor recompensa tras cada pequeña sesión de torturas… las que con todo el cariño le hacia su médico para poder operarla…
Le gustaba pasar las páginas, tocarlas casi acariciándolas, leer, ver los dibujos, soñar las historias, cambiarlas, buscar otro final, le encantaba aquel mundo de sueños de colores que la acompañaba a todas partes.
Cuando ya no tenía problemas para sentarse en ninguna silla, seguía deseando tener entre sus manos aquellas cajas de sorpresas estupendas que la llevaban de viaje a los mundos de Kasperle o de los Lacetas y que más tarde la condujeron a descubrir los poemas de Machado, Lorca o Miguel Hernández, las “Luces de Bohemia” o los “Dioses, Sabios y Tumbas” que la que la seducirían para siempre, eran los años de la primera adolescencia, los años de los primeros amores, los años en que con más fuerza aún se sumergió en el mundo que más la fascinaba… el de las letras.
“Se conocieron porque así lo quiso la vida o el destino, por aquel entonces ellos no decidían, eran demasiado jóvenes, casi niños, llegaron al mismo pueblo desde la misma ciudad y aunque con años de diferencia esa coincidencia les unió, pero había más, tanto que aún hoy mirando hacia atrás no deja de sorprenderla”
Más tarde, se enamoró perdidamente de aquel gitano guapo de la “Tesis de Nancy” y desde los dieciséis amó profundamente la obra de Cortazar, buceó en su “Rayuela”, viajo a su “Nicaragua tan amargamente dulce” y sucumbió a las “Historias de cronopios y de famas”.
“Compartieron la adolescencia en el mismo colegio, eran camaradas, amigos inseparables, él era más maduro, tranquilo, ingenioso, con un sentido del humor agudo y sin embargo ella era alocada, complicada, siempre en lucha consigo misma, pura pasión en cada uno de sus gestos y comentarios, pero compartían algo que afianzaba aún más sus lazos, una anarquía ordenada innata y un amor por lo humano que les unía ya en aquel entonces y sin siquiera saberlo, profundamente.”
Y cuando pisó la universidad la literatura empezó a compartir su tiempo con el arte, Creta, la arqueología, los habitantes del Kalahari, los Aztecas, los Misquitos de Nicaragua o las revoluciones en la convulsa Centroamérica… sin embargo las lecturas de poemas seguían ocupando parte de su tiempo, en soledad, con los amigos, o en aquel césped que expulsaba a los alumnos de las aulas cuando abril saludaba con los primeros soles primaverales…
“Mi amor es todo cuanto tengo, si lo niego o lo vendo para que respirar… Un día más en aquel piso de la calle Córcega, aquel piso que costó eternas tardes de búsqueda, una tarde más de música, de Silvio, de Sabina, de Kortatu, de Serrat o de Rollings… una tarde más donde la antropología les hacía plantearse aún más si cabe aquel mundo donde les había tocado vivir…”
-Porque nunca quieres darte cuenta de cómo eres, de esa belleza que eclipsa a cualquiera que se siente a tu lado, de esa belleza que dejas escapar en todas tus sonrisas…
-No digas tonterías, me conozco, tú siempre me has querido
-Porque te haces eso
-¿Qué?
-No vuelvas atrás, lo sabes bien, has avanzado mucho…
-Se quién soy, no hace falta que me lo recuerdes…
-¿Seguro?
La Era de la Revolución Permanente, aquel libro marcaba su momento más radical, el pelo casi en cresta sujeto por litros de laca, el negro, el violeta de sus ojos, el metal adosado a su cuerpo, la casi frialdad del alma, el vacío al que se había abocado… Miró a sus instantes de duda… porque no era capaz de decirlo… que temía…
-Ámame aunque solo sea un instante para poder recordarlo siempre…
-¿Decías?
-Nada… no decía nada, pensaba, deseaba…
“Cuantas veces quiso decirle lo que sentía… pero lo que tenían era tan mágico que nunca se atrevió por miedo a estropearlo…”
Que años de locura, de puertas que se abrían y cerraban, años de poesía de Benedetti, de José Hierro, Neruda, Aleixandre, Salinas, Cernuda… años de música, de Luz, del flaco, del Ultimo de la Fila, Aute, los Rollings…
Locura que parecía terminar con los días de estudiante, empezó a trabajar y las exigencias del guión cambiaron los últimos trazos radicales por el traje chaqueta, las horas tumbada en el campus por los albaranes, las visitas, las traducciones…
“Cada mañana al recoger las hojas de producción podía saludarse, detrás de una de las máquinas había un poster y le habían dicho que era ella, no se reconocía pero le encantaba esa fotografía.”
Seguía amando los libros, ellos le entregaban ese mundo al que no se atrevía a llegar, que a veces sentía que podía rozar con los dedos y sin embargo dejaba escapar una y otra vez cuando casi lo había atrapado… el miedo, el desear sin ser capaz de avanzar y entregarse a ese deseo dando los pasos necesarios hacia delante…
“Tenían una hora, de vez en cuando, del turno de noche, alguna mentira de fin de semana y algún atardecer del turno de día. Lo habían hablado muchas veces, no solo era el peligro, era el miedo de cómo estaba evolucionando algo que empezó siendo un juego divertido, y seguía siendo divertido, pero en ese momento ya había más, un más que casi no tenía esperanzas de futuro.”
Y de nuevo el miedo la empujo a un paso hacia delante dejando atrás mucho de lo que amaba, su valentía desconcertaba a todos, a ella solo su miedo.
“en otra huida hacia adelante ella iba a tomar otra decisión, la primera que les separaría durante un largo periodo de tiempo…”
Y se marchó, eligió un escondite, un punto en el mapa donde no la pudieran encontrar ni los sueños ni los deseos abandonados, decidió cavar un agujero donde esconderse de ese mundo que le aterrorizaba sin saber porque y del que inconscientemente se amagaba y ella misma tejió su propia trampa y se lanzó a ella y cuando se sintió atrapada era demasiado tarde…
“No podía verle, pero presentía que estaba dormido, él creía ser su amigo, ella lo había convertido, casi sin darse cuenta, en el objeto de su deseo. Vivían en un mundo bohemio, frecuentaban exposiciones, tertulias y bares copados de artistas o aspirantes a serlo, pero los mejores momentos se producían al anochecer, cuando en casa de él, mientras saboreaban sus copas de vino, la charla se convertía en silencio contemplando unas puestas de sol que ahogaban incluso a las palabras.
Ella estaba anclada a una equivocación con papeles de matrimonio firmados y sin matrimonio, él era lo más cercano a un play boy que había conocido, las mujeres le adoraban y caían o se arrojaban a sus pies…”
Y sin embargo la soledad en la que quiso quedarse encerrada fue quien la expulsó de aquel mundo sin sentido en el que casi se había ahogado sumergida por su propio abandono… Poco a poco aquel alma indomable fue arañando la puerta que cerraban las cuatro esquinas que sujetaban su vida y finalmente de un zarpazo rompió todas las cadenas y se abrió a unos momentos que no quería dejar escapar nunca más…
“¿Sabéis cual es un momento maravilloso de la vida? Que después de una noche de amor, te despierten con un beso y te traigan una manzana, pelada, cortada a trocitos y te la den para desayunar…”
Se cerraron las puertas del autoengaño, del ostracismo consentido y se abrieron infinitas ventanas, de sonrisas, de aventura, de viajes, de carcajadas, de amor…
“Casi sin tiempo a decir nada se besaron como si se acabara y supieron que fuera no había nada que no tuvieran allí dentro; en ese instante no pudo recordar si aquella noche se habían amado o simplemente habían explorado cada rincón del otro hasta el agotamiento, no importaba el tiempo, ni el sol, ni qué momento del día era, se alimentaban el uno del otro y solo tenían noción del espació, de aquel reducido mundo que solo era de ellos. “
Y siguió avanzando en el camino… se lanzó a un mundo que le mostró todas sus caras, las más bellas y las más oscuras y sin embargo en todo momento encontró la luz suficiente para seguir adelante…
“Cuatro años más tarde, y tras casi dos de divorcio se encontraron de nuevo, esta vez en un tren de cercanías, ella había vuelto a casa y había tenido tiempo de lamerse las heridas, se miraron y sonrieron, el tiempo se había detenido cuatro años…”
Pero aquella luz iba a alumbrar su camino hacia la mayor oscuridad en la que casi sin darse cuente se sumiría una vez más, enrocada en el torbellino de acontecimientos que a menudo provocaba o en el que se sentía atrapada, y la oscuridad la envolvió y estuvo allí sumida salvo por dos timones a los que se aferró con una fuerza que muchas veces ya no sabía dónde buscar…
“Mientras Antonia se perdía en sus pensamientos apoyada en el marco de la puerta, Lola abría sus ojos lentamente, la luz la dañaba pero no lo suficiente para no ver aquella preciosa cara morena que empezaba a esbozar una pícara sonrisa, en ese momento se aferró a la vida y la vida le respondió muchas de sus preguntas, solo un miedo recorrió todo su cuerpo, el dejar de verla, y así los pagos se desvanecieron con los miedos y lo único que podía sentir era que aquella sonrisa hacía que todo valiera la pena…”
Pasó el tiempo y la niña que no podía trepar hasta aquella enorme silla en una calle del Poble Nou, entre palabras de Yukio Mishima, historias de Paulo Coelho, aventuras de Ken Follet, “Zapatos de Caramelo”, su “Catedral del Mar” y la “Sombra del viento”, aparcó el dolor, redujo al miedo y empezó a dar pasos decididos hacia su sueño…
“Y de nuevo se encontraba al borde del abismo, lo tenía delante, profundo, alargando sus brazos para devorarla, pero esta vez no, quizá la rozaría, quizá incluso la tocaría pero no conseguiría atraparla, seguro que al llegar al otro lado tendría algunas magulladuras, algún arañazo más en el alma y la aleación que cubría sus capas de dolor sería un poco más dura, pero las cicatrices desaparecerían, como siempre y de nuevo se habría reinventado para una nueva vida, en la que esta vez no iban a faltar sus imprescindibles, y esos eran sus amigos, los de siempre y los que la vida recientemente le había regalado, los que habían estado en casi todo su recorrido y los que ahora habían decidido acompañarla, empujándola en los saltos y recogiendo los pedazos o curando sus heridas cuando era necesario…”
Realizó el viaje, tenía que salir de allí, tomar aire, recoger todo el calor de los suyos… le iba a hacer mucha falta… hizo como anteriormente dio la noticia cuando estaba hecho, cuando podía reducir el daño ajeno, cuando su traje era lo suficientemente fuerte para que todos de nuevo confiaran en su fuerza, para llegar con la sonrisa, la risa, la carcajada… la tirita que ponía en los demás dejando su corazón al descubierto… Pero en aquel viaje además de a los suyos, iba a recuperar a alguien que siempre había estado con ella…
“Pero el destino es caprichoso o en este caso el que tira los dados ha sacado un siete doble y de nuevo se han reencontrado, el sigue como siempre, sencillamente es él, ella sobrevive a otro naufragio, pero ahora ya no es la misma, sigue exprimiendo la vida a cada paso, pero ya no lucha contra ella ni contra nadie, sencillamente vive como siempre con pasión, pero vive, y esta vez, acompañados con una botella de vino blanco se han conjurado para no dejar que la vida de nuevo les separe y aunque están lejos, están cerca, porque los dos saben del otro lo suficiente y cuando la magia toca a dos seres con la barita, es imposible romper esa fuerza, quizá, como en este caso a veces se suelte o sufra magulladuras y rasguños, pero como en todas las situaciones de la vida en que el amor de una u otra forma se manifiesta, sobrevivir a tempestades es fácil, solo es necesario acogerlo, abrazarlo, no tener miedo y no dejar jamás que se escape.”
Y llego el momento, los días se habían sucedido de forma muy dura, soledad, aislamiento, dolor, sabía lo que perdía con aquel paso que iba a dar, pero a la vez sabía que tenía que seguir viviendo, luchando porque la otra opción era la nada. Los apoyos le llegaban desde lejos, teléfonos que silenciaba, mensajes que borraba, llamadas a horas convenidas… miedo.
“Por fin sabía lo que realmente quería, la libertad del alma, el aire que dan las ventanas abiertas a ese vacío que otros se negaban, no había nacido para ser de nadie más que de ella misma y a la vez ser de todos los que la amaban, los que la habían amado y los que la amarían, pero sin cadenas, sin reproches, sin necesidades enfermizas…
Se quedó pensando en el miedo, ya no lo sentía, había alcanzado ese estado en el que poseer ya no formaba parte de su vocabulario y no necesitaba sentir que nada ni nadie le pertenecían, solo se pertenecía a ella misma…”
Era temprano y amanecía en su nueva vida, esa que había decidido construir desde el dolor a la ilusión, desde la oscuridad a los sueños, desde las cadenas a los vuelos con caída libre… algo de su alma y mucho de su vida iba a permanecer lejos, pero el mejor regalo que podía darle, aquella decisión era su mayor acto de amor, la renuncia a lo que más amas por el bienestar de lo amado… sabía que aquel arañazo escocería en su corazón mientras permaneciera la distancia… pero sabía que lo que nace del amor se cura por el propio amor y amor lo hace más suave….
Pero la vida es generosa y empezó poco a poco a devolverle mucho, no podía devolverle el tiempo, pero si todo el calor para poco a poco curar el alma… y le entregó hilos, muchos hilos, empezó a usar los que habían quedado escondidos, apartados por manos ajenas en un rincón del cesto, restauró los que del mal uso de los últimos años empezaban a querer soltarse, y dejó abierto para que entraran nuevos, y los que entraban le dieron brillo, la hicieron fuerte, aún más segura, cálida… su piel se ajustaba perfectamente a su nuevo cuerpo… sentía tanta luz que era imposible ver la oscuridad que había dejado lejos, acechante, agazapada por si podía entrar de nuevo…
Y la niña volvió a vivir, trepo a la silla, abrió un libro y sonrió… allí estaban todos, sentía como todos y cada uno de los personajes de su vida la estaban aplaudiendo, la abrazaban, la mimaban, la besaban… les hizo un guiño, se acarició el pelo, pasó su mano dulcemente por aquellas páginas, reparo algunas hojas gastadas, releyó algunos episodios, derramó algunas lágrimas, sonrió de nuevo y desde lo alto de aquella silla a la que había trepado construyendo una escalera de libros, de deseos, de pensamientos… miró al infinito que como un espejo le devolvió su rostros, aquel rostro que demasiado tiempo estuvo sumergido en el silencio.

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