Amigas

Los sueños y las esperanzas de los quince años paseaban juntos mañana, tarde y noche en una localidad costera de Tarragona, disfrutaban de la playa en la mañana, recorrían los pubs por la tarde e intentaban alguna escapada de noche.

-Se acabó, no podía más

-No se aún cómo has soportado tanto

-Yo tampoco, pero estoy aquí

-Bienvenida, ya casi se me hacía imposible ir a visitarte

-Lo sé, a ti y a todos

Ellas eran amigas desde la infancia y juntas habían crecido como su amistad, una era la timidez, la bondad, la transparencia, la sencillez, la otra era el ímpetu, la fuerza, el conflicto interior, los sueños. Se complementaban perfectamente, eran un tándem extraño nacido para durar, porque sin darse  cuenta se daban una a la otra lo que necesitaban, prudencia, imprudencia, vitalidad, calma… una balanceaba a la otra y entre las dos creaban un equilibrio que las hacia avanzar juntas en la vida, pero por aquel entonces ninguna de las dos imaginaba que unos años más tarde se necesitarían más que nunca y que las dos necesitarían darse mucha fuerza, porque aquella vida que aquel verano se les antojaba tan placida y a veces aburrida no se lo iba a poner fácil.

-Que vas a hacer ahora

-De momento regreso, he venido a respirar

-¿Podrás?, ¿No tienes miedo?

-Tengo que poder, de momento no hay otra opción, estaré bien.

-Estaré ahí, te llamo y si…

-Siempre estas, no tengas miedo, no pasa nada.

Ellos se conocían de los veranos, de los fines de semana, de los tiempos de ocio y eran también completamente distintos, uno era las sal de la vida, la broma continua, la alegría de vivir, el otro poseía una inteligencia privilegiada pero vivía en una tortura interna que se manifestaba en una extraña madurez demasiado adelantada a su edad y en unos pensamientos muchas veces extraños. Los cuatro eran el núcleo de la pandilla, pero se les unían más y aquel mundo de problemas quinceañeros, que en ese momento les parecían insuperables, acaparo un verano de sol y playa, de camaradería, amores, desamores, llantos, bailes y risas.

-Cuanto tiempo sin sentarnos a hablar solas, tranquilas

-Cuanto tiempo sin hablar conmigo

-La verdad sí, no entendía nada, no podía creer que no vieras nada, era como estar con otra, quizá debí…

-No, todos hicisteis bien, tenía que ser yo… pero ya está, tomamos café, las dos, como antes, como siempre, he regresado

Años más tarde Silvia y Sara tomaban café mientras charlaban, sus vidas habían sido muy intensas desde aquel verano, ninguna lo había tenido fácil, ambas arrastraban matrimonios fallidos y tiempos muy duros en los que se necesitaron más que nunca y como siempre contando una con la otra salieron a flote. Silvia había conseguido antes atar amarres y llegar a un puerto de clama, aún tenía algunos cabos sueltos, pero podía controlarlos, Sara empezaba a salir de la gran tormenta, aún quedaban muchas nubes amenazando y no iba a ser fácil apartarlas, pero podía ver rayos de luz y no sabía que algunos más iban a añadirse poco a poco para dar calidez a los momentos en que el viento arreciara.

-Es tu regalo de Navidad…

-Pero, no puedo…

-Si puedes, no va a ser fácil, quiero que sea lo mejor posible

-No sé qué decir…

-Ven pronto

Eran tiempos en que la paz parecía querer instalarse en sus vidas, luchaban por dejar atrás cruentas guerras y no querían más, eran mujeres que sabían hacia donde se dirigían y le plantaban cara a la vida con pequeños gestos, pasos hacia delante y sonoras carcajadas, estaban en ese momento en que tú eres el que le dices al mundo lo que quieres y más allá de las obligaciones necesarias para la supervivencia, el tiempo de vida lo inviertes en lo que realmente vale la pena.

-Vuelvo a casa

-¿Te quedas?

-De momento si, ya sabes que siempre me instalo en lo provisional

-Pero ahora es distinto

-Si ahora hay otras razones

-¿Qué vas a hacer?

-Esperar el mejor momento

-Cuando llegue estaremos preparadas

-Cuando llegue todos juntos lo conseguiremos

-¿Y mientras? ¿Podrás con ello?

-Podremos, no estoy sola, ahora ya no

A menudo, echaban la vista atrás, incluso a aquel verano, Silvia era la mejor amiga de Alberto y para Sara su primer gran amor, allí empezó su lista de personajes siniestros a los que se ataba, aunque siempre tuvo la suerte de que para compensar, breves historias dejaban algunos hombres fuera de su particular museo de los horrores. En muchas de sus charlas solían bromear diciendo que  entre las dos podrían llenar la sala del terror de cualquier museo de cera. Cuantos errores, cuantos aciertos, que caminos más abruptos les había tocado vivir y sin embargo eran capaces de reírse de ello, vivían sus vidas al día, sin más plan de futuro que el del día siguiente, porque cuando la vida te da y te quita tanto te das cuenta que no hay más futuro que el de las próximas horas y que los sueños deben estar en el presente y tienes que salir a buscarlos.

-Podríamos ir tres o cuatro días a Cantallops

-Sí, estaría bien, relajarnos para variar

-¿Y el coche?

-Algo se nos ocurrirá

-Como siempre

-Para siempre

Sara nunca olvidó el tono de voz de Alberto, sus gestos, sus miradas y muchas de sus palabras, el tiempo no borra los primeros amores, a Silvia siempre capaz de olvidar incluso lo que para la mayoría sería inolvidable e imperdonable la memoria de su amiga la hacía siempre sonreír, cuando sus conversaciones empezaban con un ¿te acuerdas? Con la a dibujaba la sonrisa con la ese movía la cabeza y siempre decía lo mismo: “me parece increíble que te acuerdes…” Pero guardaban mucho más de aquel verano, el asomarse casi por primera vez a la ventana de los sueños de amor, la brisa de aquel mar todavía inocente a los juegos de la vida, las canciones, ese punto en el pasado al que puedes volver para envolverte en la ternura…

-¿Te acuerdas de la primera vez que fui?

-Sabes que no…

-Seguro que sí, la serpiente

-¿Qué serpiente?

-La de la fuente, llegamos a casa asfixiadas de la carrera como si en vez de serpiente fuera un león

-¿La que se metió en el hueco de la puerta?

-Esa fue la segunda

-Que problemas más graves…

-Para grave el día de la playa

-¿Qué día?

-El que el mar me llevaba hacia dentro

-De ese si me acuerdo… y Carlos creyendo que le saludabas

-Cuando lo pienso aún siento el cansancio

-No exageres que por la tarde te quedaron fuerzas para bailar

Para las dos siempre existiría aquel verano y otros muchos veranos e inviernos, desde aquellas brisas habían tenido que cruzar algunos huracanes, pero a pesar de los lastres, algunas ilusiones arrastradas por la corriente y el recuerdo inevitable de algunas nubes de tormenta, tenían algo que conservaban como un tesoro, la vida que habían compartido, a veces incluso a cientos de kilómetros de distancia, pero siempre unidas por el hilo de una amistad puesta a prueba por mil desastres, y es por eso que se sientan, toman café y siguen charlando, porque cerca o lejos, siguen sabiendo lo que la otra necesita, para cubrirla en tiempos de lluvia y dejarla volar cuando el viento sople a favor.

-Solo a ti se te ocurre llamar a estas horas

-¿Dormías?

-Soñaba

-¿Te llamo luego?

-¿Se quema algo?

-No

-Sigue, sigue que ahora ya he aterrizado.

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Un comentario sobre “Amigas

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  1. El valor de l’amistad, alguna cosa que molta gent oblida fàcilment, llavors jo crec que no ho era de veritat. hi ha tantes que hi creus i no hi son…. una amistat així val un imperi, trobarla es trobar el santo grial.

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