Alzando sueños, rompiendo pasos

Las zapatillas se deslizaban por el escenario y casi parecían mágicas, volaba y daba piruetas en unos gestos casi sencillos para el espectador y que sin embargo nacían del amor y del dolor, del amor al baile, del dolor y el sufrimiento de enfrentar sus pies a equilibrios de una sublime belleza y que sin embargo día a día, ensayo a ensayo, actuación a actuación se castigaban dejando en ellos la huella de aquel por instantes suplicio nacido del amor y que le recordaba los besos que una vez fueron y sin embargo habían desaparecido detrás de todos aquellos movimientos que la balanceaban de un lado al otro del escenario.

Se puso las primeras zapatillas con apenas cuatro años, y pronto, muy pronto fue consciente de que al sentirlas en sus pies un mundo maravilloso se abría ante sus ojos, amó el ballet casi desde los primeros pasos, los primeros compases y entre libros, tutus y muchos pares se enfrentó adolescente al momento de alzar el vuelo sobre sus primeras puntas y fue ahí cuando supo que ese instante en el que se elevaba para tocar el cielo con la punta de los dedos era lo que quería sentir el resto de sus días.

-Soy feliz, tengo todo lo que siempre quise, bailo en los mejores escenarios, viajo, aplausos, ovaciones, flores… no soy feliz.

-Eres o no eres…

-Soy en el escenario, en la ovación… pero si no hubiera maquillaje…

-¿Qué quieres decir?

-El esconde las lágrimas…

-¿Qué lágrimas?

-Las de la soledad, las del alma

Su nueva profesora rápidamente se dio cuenta de sus capacidades, el baile nacía en ella de forma natural, un profano incluso podría creer que sin esfuerzo, no era artificial, era como si dentro de aquel cuerpo naciera la música misma, los pasos se recreaban en la belleza  pese algún gesto de dolor que se transformaba en sonrisa… y sin embargo cuando se quitaba las zapatillas, la magia que había paseado por la escuela desaparecía y lo hacía a la vez que el brillo en los ojos de Alba.

-¿Por qué esas lágrimas?

-Porque no está

-¿Quién?

-No sé quién, no es nadie, son todos, con quien compartir, con quien regresar cuando dejo atrás el escenario.

-¿Y por qué no le retuviste?

-No se puede retener a nadie, tiene que querer quedarse

-Pero está tu familia, tus amigos, yo…

-Pero vosotros volvéis a casa

-Tú también

-Pero la mía está vacía, no tiene risas, no tiene alma…

Y con los días y los meses la magia era mayor y mayor su ausencia, sin embargo todos se dieron cuenta de que detrás de aquella mirada que mostraba el mundo mezclándose con el aire estaba un ser nacido para bailar. Poco a poco su tiempo en la academia aumentaba y aunque seguía sus estudios todos sabían cuál sería su destino, y sin embargo ella, su poseedora lo abrazaba a la vez con pasión y con miedo y a veces se escondía o buscaba esconderse encerrando las zapatillas dentro de un armario construido detrás de cada temor, detrás de cada mirada que no le devolvía nada.

-Llénala

-¿Cómo?

-Sigue sonriendo cuando llegues al suelo, deja que la vida te acompañe después del escenario.

-¿Cómo?

-Sabes que está ahí, en una tarjeta, detrás de unas flores, en esos amigos que a menudo abandonas…

-Pero…

-Pero que, otra excusa, otra justificación, siempre amaste la soledad, desde que te ayudé a a dar los primeros pasos…

-¡Gracias! Mi vida sin ti…

-Quizá hubiera sido otra, pero más feliz…

-¡No! No quiero otra vida, amo esta, amo lo que soy y lo que hago

-¿Entonces?

-Solo quiero compartirla

-¡Pues hazlo!

Dos años más tarde, aquella escuela, la suya, se le había quedado pequeña y tuvo que trasladarse a la ciudad, había elegido su destino, estaba sobre aquellas tablas que la lanzaban dibujando con su cuerpo el camino que aquellos que la contemplaban bailando querían seguir, pero que era solo de ella, era un destino que manaba de ella como solo lo hacía en casos excepcionales.

Las horas alzando el vuelo entre sacrificios, dolor, sudor y aplausos poco parecían importarle, se entregaba con pasión al que iba ser su único amante fiel, horas y horas de mutua compañía abrazándose, mirándose abiertamente y de soslayo, en duras batallas y fáciles paseos, besando el suelo para volver a levantarse pese al daño, las heridas, los metros y metros de esparadrapo, el terror a aquel enemigo siempre en la sombra, la lesión, el tener que dejarlo todo, ese era su mayor pánico y el que a solas, de noche, le reprochaba a su amante, su lado oscuro, siempre al acecho, siempre presente, siempre elevando un muro, ese muro que ella alimentaba huyendo de los demás, porque si no era todo baile, él, el otro, podía atraparla y alejarla de su vida, de su destino, de lo que más amaba…

-Alba, llevas una carrera llena de éxitos, descansa, tómate un año, o unos meses, piensa en otra vida… esta se acaba

-Para mí no, yo seré como ella, siguió bailando hasta el final

-Sí, pero tuvo otra vida, la que seguro la empujó cuando las primeras dudas para dejarlo la asaltaban…

-Tienes razón

-Siempre la tengo, hemos compartido casi toda tu vida… Llámale, te espera

-Hace demasiado

-Nunca es demasiado cuando se ama como él siempre lo ha hecho

-No puedo

-¿Que lo impide?

-Yo, lo que le dije, lo eché, como a todos, cambié a Alba por la diva, ella se impuso, ella ganó aquella partida y ahora es demasiado tarde…

-Nunca es demasiado tarde, prueba

-¿Por qué estás tan segura?

-Lo estoy, yo vivo como tú dices… ¿Recuerdas?

Y aquel amor desmedido, aquella pasión que vivía instalada en esencia pronto la subió al primer escenario importante y detrás de aquel hubo más, su belleza, su elegancia y la música que brotaba de ella transformándose en el arte del baile la llevaron de la mano llenando los mejores teatros del mundo de ovaciones y ramos de flores que a la vez la iban desnudando de sentimientos, aislándose ella de aquellos que la querían, asustada aún del fracaso y de romperse, temerosa del éxito y las luces, con Esther siempre a su lado, la que fue su primera profesora, la que la alzó en sus primeros pasos y la sostuvo y seguiría sosteniendo a lo largo de aquel arduo camino.

-No responde

-No podrá

-No quiere, sabe que soy yo

-Si quiere, dale tiempo

-No responde

-Lo hará. Demos un paseo, necesitas pensar en otra cosa.

-Me apetece un café y un trozo de pastel… hoy es día de recompensa.

-Pues recompensémonos…

Los primeros años fueron sencillos o a ella le gustaba recordarlos así, su vida era sencilla, así la pensaba, viajar y bailar, echaba de menos a los suyos pero lo que sentía sobre las tablas de cada escenario, de cada teatro, con cada pieza representada  le hacía olvidar… hasta que aquella sonrisa se cruzó a medio camino entre dos hoteles.

Sin embargo siempre existía una sombra, se había convencido de que una distracción sería un mal paso, sería un adiós y aunque amó y al menos una vez mucho, fue echando de su vida a todos, solo quería un compromiso, solo se atrevía a vivir para uno y cuando estaba cerca de ese momento de nuevo se escondía y el miedo a romperse a dividirse ganaba y solo existía una recompensa, la soledad a la que se abocaba en un compromiso más que acabaría rompiendo los que más amaba para siempre.

-¿Eres tú?

-Soy yo

-¿Ahora?

-¿Ahora qué?

-Ahora si…

-Siempre si

-Y entonces porque estás tan lejos

-Tengo miedo

-No lo tengas

-Y si se enfada la magia

-La magia no se enfada, gana el miedo

-No se puede tener todo y yo tengo mucho, si te tengo a ti…

-Si me tienes a mi seguirás sin tenerlo todo

-¿Por qué?

-Porque siempre hay algo que falta

-No si estás conmigo

-No podré estar siempre contigo

-¿Por qué?

-Porque yo también tengo algo

-¿Dónde estás?

-En casa

-Ven

-No puedo

-¿Por qué?

-Porque yo también me he roto… me estoy rompiendo.

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3 comentarios sobre “Alzando sueños, rompiendo pasos

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