En tránsito desde el infierno

FOTOGRAFÍA: JAEDA DeWALT

Se sentaron a hablar un rato, hacía demasiado tiempo desde la última vez, tras los cristales el día era gris, un día de esos en los que al otoño le gusta manifestarse en su tristeza.

-¿Cuéntame? Como va todo

-Digamos que va, demasiado inmersa en la rutina, ya sabes

-¿Rutina?, ¿Tú?

-Todo termina convirtiéndose en rutina

-Momento pesimista

-Momento, no sé, quizá de dudas o mejor de incertidumbre

-Demasiado tiempo aquí

-Sí, seguramente es eso, demasiado de demasiadas cosas

El sol brillaba, nada más pisar la calle entrelazaron sus manos, sentían la necesidad de sentirse en contacto, sus pieles se llamaban continuamente, se deseaban y por eso se necesitaban, se gritaban, se susurraban y se apaciguaban en un contacto que en aquel momento anhelaban eterno.

-¿Dónde vamos?

-Que te apetece

-Tenerte así, como ahora, pero siempre

-Te has despertado adorable

-Tú me despiertas así

-Paseemos, donde nos lleve, qué más da

-¿Puedes recordar antes?

-¿Antes de que?

-De nosotros

-Puedo… pero en mucho no quiero, lo llevo, pero quiero vivir lo de ahora

-Siempre tiempo presente, tu tiempo

-Sí, lo sabes, solo hubo un tiempo que anhelaba futuro…

Los dos sonrieron y siguieron caminando bloqueando cualquier átomo que quisiera pasar entre ellos, charlaban, se besaban, sonreían y abrazaban, habían llegado a aquel momento y sin siquiera hablarlo sabían que era lo único que querían vivir.

-No soporto los días de lluvia

-Nunca has soportado el otoño y el invierno menos

-Si sale el sol me da igual, pero así, el viento, la lluvia… me dan una tristeza

-No te entiendo, lo empiezas a tener todo, lo que querías está en camino

-Tú los has dicho empiezas, está en camino… pero no está nada… y ya sabes que desde hace un tiempo vivo solo en el presente, y ahora está vacío

-Tú lo ves así, pero

-Lo se… no digas nada más, estoy cansada, solo eso

-Eso lo sé, quieres demasiado y eso cansa y están las noches…

-No es que lo quiera, es lo que hay, no es momento de renuncias ni facilidades y sí, están las noches

-También lo sé

-Solo un abrazo, escuchar las mágicas palabras, estoy contigo, no pasa nada…

-Crees que eso va a ser mágico y te ayudará, pero tienes que expulsar lo que tienes dentro

-Lo sé, pero no puedo, no sé cómo, solo sé que tengo miedo

Las dos sonrieron, raramente Sara dejaba caer su coraza de acero, raras veces dejaba ver sus debilidades, siempre salía protegida por una sonrisa y esa fuerza que derrochaba hasta que en algunos momentos llegaba el agotamiento y ese era uno de esos momentos.

-¿Regresamos?

-¿Estas cansada?

-No, pero te quiero solo para mí

-Ummmmmm poderosa razón, sí, demos un paseo regresando y una buena siesta… ¿Por qué querrás dormir?

-Por supuesto, es en lo único que estoy pensando

Se despertó sobresaltada, las lágrimas resbalaban por su rostro, tenía miedo, sentía un frío intenso y sin embargo estaba tapada, no buscó a nadie porque no tenía que haber nadie y sin embargo aquella presencia le hacía sentir un escalofrió que la recorría entera, dio la luz, nunca daba la luz pero en ese instante la necesitaba, quería asegurarse, de repente se había sentido en aquella cárcel de nuevo, quería cercionarse, seguía llorando, no sabía muy bien porque, le faltaba el aire, fue al baño, se lavó la cara con agua helada pese al frío que no dejaba de poseerla aferrándose con manos inmensas a su cuerpo y a su mente, corriendo, como poseída por un alma negra abrió la puerta de la cocina, café, tomaría café, lo preparó, pero le faltaba el aire, abrió el cajón, saco una bolsa, respiro dentro mientras dejaba resbalar su espalda por la pared lentamente y se deslizaba hacia el suelo, seguía llorando, lloraba por fuera gemía de dolor por dentro, sentía su presencia aún tan lejos, tan lejos de su alma, tan lejos de su cuerpo y sin embargo su mente, a ratos, aún se sentía sitiada por la angustia y por el miedo…

-¡Nooooooooooooooooooooo!, ¡Vete!, ¡Vete ya!, ¡No quiero!, ¡No quiero!

Nadie podía oírlo, solo ella, allí en el suelo sollozando, la cafetera la llamaba y no podía moverse, estaba sola, paralizada por el pánico, gritaba en la profundidad de un silencio que tenía sometida a la madrugada en la sombra, en el desconsuelo… Se levantó, el grito del café se hacía más intenso, apagó el fuego, acercó una taza, las manos le temblaban, se sirvió, cogió la taza y se la llevo a su habitación, empezaba a respirar con calma, reconocía los nuevos decorados, encaraba a los fantasmas… pero seguían ahí, paralizándole de vez en cuando todos los sentidos y en esos instantes, de nuevo, se sentía encerrada en aquella cárcel abandonada hacía un tiempo.

-Estás preciosa después de la siesta

-Tú me haces preciosa

-Me apetece un café, voy a hacerlo

-No, no te vayas

-¿Qué te pasa?

-Abrázame

-Te tengo… tranquila no pasa nada… es solo café

-¿Por qué? No quiero pero todavía…

-Shhhhhhhhhhh siente, solo siente… hablaremos luego

La empezó a acariciar lentamente, la besaba, despacio, con más dulzura que nunca, ella se dejaba amar inmóvil, pero le acogía dejando que de nuevo resiguiera el trazo de sus líneas, las que iba dibujando con cada uno de sus besos, sus manos a cada tacto perecían decirle no tengas miedo, te sujeto, te refugio en mi cuerpo, en mis sentidos, en mi deseo y despacio empezó a moverse y no solo se daba decidió dar, sin decirlo, solo sintiendo cada segundo de calor que le estaban ofreciendo y una vez más renació en él, se aferró a él y luego se entregó al sueño.

-Su cena mademoiselle

-¿La cena en la cama?

-Estabas agotada… te he dejado dormir y quiero que duermas más… cuantas noches llevabas sin decirlo…

-No quiero preocuparte, no quiero

-Estoy aquí, lo sé, y quiero estar, con todo, quiero todo lo tuyo, incluidos tus miedos

-Me encanta como cuidas mi dieta

-No quieres hablar

-No, ahora no, ya ha pasado, tú me curas

-¿Hasta cuándo?

Lentamente la sombra de los barrotes se fue disipando, recuperó el control, terminó el café, dejo la taza en el mesilla, miró al techo, un sudor frío todavía recorría parte de su cuerpo, miraba la oscuridad rompiéndose, una vez más el amanecer la encontraba atenazada a un pasado del que no conseguía escaparse, la luz le decía que un nuevo día ya la estaba esperando, pero no podía moverse, a cada noche de lucha le seguía un día donde el dolor físico se apoderaba de su pecho y arrastraba una angustia que pesaba demasiado incluso para su nuevo cuerpo.

-Otra vez pesadillas

-Sí

-Porque no vas al médico

-No, ya sabes, no los quiero, no

-Pero no puedes seguir así, no te ves, te estas consumiendo, te crees libre pero…

-Sí, tienes razón, todos tenéis razón, pero lo haré yo sola, soy capaz de eso y de mucho más que eso… di el paso ¿no? Y estaba sola…

-Si pero el ansia de romper con todo veló tu conciencia, tus miedos… pero ahora, tarde o temprano tenías que enfrentarte al dolor, a la perdida, a…

-Sí, pero lo haré a mi manera

-¿Lo dejamos?

-Sí, demos un paseo, el ejercicio es lo que mejor me sienta

-¿Y él?

-¿Qué él?

-Venga, ya lo sabes, no empieces de nuevo

-No sé, supongo que en camino, como el resto

Hacía tres meses que por fin se había ido a vivir sola y aunque creía que aquel cambio significaba conquistar la libertad de nuevo con ella habían llegado los miedos, en silencio, ocultando, como siempre, cada noche seguía el mismo ritual, revisaba la puerta, la abría y cerraba varias veces como si así estuviera más segura y pese a haber alquilado un ático revisaba una a una todas las ventanas y las puertas que daban a la terraza, ponía música, siempre había amado el silencio que ahora la horrorizaba, dejaba la televisión encendida toda la noche que era para lo único que la utilizaba y se daba una ducha, a veces tenía fuerzas suficientes para obligarse y cenaba algo, se metía en la cama, analizaba el interior de la habitación con calma y por fin apagaba la luz, abrazaba la almohada y cerraba los ojos rogando por una noche en paz, pero no sería aquella, a las tres de la mañana empezaron los gritos, los sudores, la sensación de que el mundo se la iba tragando poco a poco, sentía la tierra cayendo sobre ella una vez más y el sol se convertía en una oscuridad profunda y quería gritar y no podía la tierra le llenaba la boca, se incorporó, gritando y llorando una vez más, toco su cama asegurándose, estaba sola de nuevo, estaba… no a su lado yacía un cuerpo, miró, no podía ver, no veía nada, solo sentía calidez, y el frío, y ya no gritaba o quizá no había gritado, buscaba la luz y no la encontraba, se levantó, sintió su cuerpo desnudo erizarse al sentir casi una mano helada acariciándole, vago hacia la puerta desorientada y por fin la encontró, dio la luz, busco aquel cuerpo cálido, pero no, no había nadie, se apoyó de nuevo en la pared, estaba desnuda y sin embargó recordaba haberse puesto el pijama que ahora estaba tirado en el suelo al lado de la cama, podía ver su rostro en un espejo, en aquel instante no era ella, bueno sí, pero era la de antes, de nuevo se dejó caer, de nuevo dejó que el dolor la atrapara y lloró, lloró hasta caer rendida

-Buenos días… ¿Qué hora es?

-Un poco tarde

-Que quieres decir

-Las diez

-¡Las diez! Hace una hora que debería estar…

-En ninguna parte, les he llamado, no vas a ir y han estado de acuerdo, dicen que necesitas descanso, tu trabajo esta adelantado y tus compañeros pueden ayudarte, tú te quedas.

-¿Quién eres tú?, ¿Quién?, ¿Otro  carcelero?, ¿Quién son ellos?,¿Qué haces aquí?

La sonrisa se había borrado de su rostro tomado por la ira, gritaba, no era ella, él lo sabía pero también sabía que lo necesitaba

-Grita, llora, patalea, ódiame si quieres, pero haz algo…

-Abrázame, tengo miedo…

La abrazó y la dejó llorar, la noche antes la había oído gritar, había conseguido que le dejara quedarse, sintió como le tocaba y como se levantaba y antes de que encendiera la luz se había escondido, escondió su cuerpo de aquel ser que quería enfrentarse solo a sus miedos, la dejó sollozar y luchar en silencio y cuando supo que estaba dormida la levantó entre sus brazos del suelo, la dejó en la cama, la abrazo de nuevo y entonces fue él el que lloró en silencio, había tomado una decisión, aunque aquella decisión terminará con todo el amor que había en ellos la iba a sacar de aquel infierno.

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