Amor sin tiempo

-Seguís igual

-Sí, seguimos igual

-¿Y no vas a decirle nada?

-Que quieres que le diga

-Sufres demasiado Alberto

-La amas, la adoras, le das y…

-Lo sé, no recibo nada o muy poco

-¿Y tú orgullo?

-El orgullo, sí, a veces hay que tenerlo, pero a donde lleva

-No sé dónde lleva pero el no tenerlo donde te está llevando

-Hemos tenido nuestros momentos buenos

-Sí, ¿cuántos?, ¿de verdad te compensa?

-Cada momento bueno, cada sonrisa, vale un mundo, me da una vida

-¿Qué vida Alberto?

-Vamos a dejarlo, siempre el mismo tema, no voy a cambiar, voy a seguir mi ritmo, mi vida, como soy, mi corazón…

Una noche más de verano, la jornada había sido larga y aún le quedaba demasiado para las vacaciones, llegó a casa, estaba enfadada, había tenido un día horrible, demasiado estrés, demasiadas idas y venidas a aquellas alturas de curso, necesitaba descansar ya… pronto. Se quitó la ropa mientras escuchaba los mensajes del contestador, nada, no estaba lo que esperaba, volvió a mirar al móvil sabiendo que no había nada y se lanzó al ordenador que le respondió con el mismo silencio. Se fue a la cocina, abrió la nevera y se sirvió una copa de vino blanco, frío  muy frío  se tiró en el sofá, puso música y acarició de nuevo el móvil, pero no hizo nada más, pensar y acariciarlo.

-Hola Carlos, que tal

-Bien, y tu

-Yo bien, como siempre

-Pues no pareces muy contento Alberto

-Qué quieres, ¿que cante cuando me llamas?, que quieres Carlos, te ha llamado Juan, su discurso no surtió efecto y ahora quiere que lo intentes tu…

-Estamos preocupados, somos tus amigos, sigues enganchado ahí, te prometes una y otra vez… pero no evolucionas, no das el paso

-¿Qué paso Juan?, ¿el de hundirme más?, ¿el de echarla más de menos? No entiendo mi vida sin ella ahora mismo, no, la quiero, quiero su presencia, quiero tenerla aunque sea así… porque a ratos, la siento.

-¿Y cuando no está?, ¿cuándo huye de nuevo?, entonces quien recoge lo que ella deja destrozado…

-No lo recojas o no lo recojáis sino queréis… yo no os obligo

-Pero es que sí queremos, somos tus amigos, justo por eso no entendemos nada, no te entendemos, no eres tú el que se comporta así, no te reconocemos.

-Porque quizá nunca había amado así

-¿Amar?, ¿Cómo puedes hablar de amar si casi no te deja ni acercarte?

-¿Y tú qué sabes?, ¿vosotros que sabéis?, ¿acaso estáis cuando la tengo?, ¿cuándo estoy con ella? Yo sé que me quiere

-Pues perdóname, pero tiene una extraña forma de demostrarlo…

-Déjalo Juan, no lo entenderías nunca

-¿A no?, ¿Por qué?

-¿Por qué?… ¿Cuántos años llevas aburrido en tu matrimonio?, ¿Cuándo fue la última vez que realmente deseaste e tu mujer?, ¿y la última que miraste a tu secretaria?…Te he visto mirar a otras mujeres

-¿Y? Soy humano, son muchos años

-Pues no te excuses, al menos se valiente y si no vas a serlo, al menos a mí no me juzgues

-Yo no te juzgo, te aconsejo, intento

-Pues déjalo, no intentes nada

Y a un lado el teléfono se quedó en silencio, cuando el móvil que Jana había dejado a su lado en el sofá mientras cerraba los ojos intentando relajarse empezó a sonar, miró quien era y esbozó una amplia sonrisa.

-Hola amigo

-Hola preciosa, te echaba de menos

-Lo siento he tenido mucho trabajo, apenas descanso

-Lo sé, no te preocupes, no pasa nada

-¿Vas a venir?

-Es Jueves Jana, son más de las once, yo también trabajo

-Te necesito, estoy cansada, agobiada, no puedo…

-¿Y yo?

-¿Tu qué?

-¿Cuándo yo te necesito?

-Tú no me necesitas, tú eres fuerte, a ti no te atacan, tienes a tus amigos, tú… ¿vas a venir?

-Llego en media hora

De nuevo un teléfono se quedó en silencio, eran muchas la voces en silencio en aquel momento y muchas las miradas abstraídas mientras las mentes pensaban, Alberto pensaba en Jana y en cuanto la deseaba y en porque había cedido una vez más, Jana pensaba en Alberto en cuanto le deseaba, en lo bien que dormiría entre sus brazos, aferrada a su calma, Joan pensaba en la conversación que acababa de tener con Carlos, no conseguían nada, y los tres pensaban en esa mujer  que media hora antes lloraba en un sofá incapaz de hacer una llamada.

-Estas preciosa

-Gracias, pero hasta con rulos me encontrarías guapa, sin embargo tú sí que estas realmente guapo hoy

-Hoy… no puedes evitarlo, siempre acotando, siempre entre paréntesis

-Era una forma de hablar, siempre estás a la defensiva…

-Quizá porque tú me obligas, si estuviera más seguro…

-Más seguro de que, eres el único, lo sabes

-No, no lo sé Jana, no sé nada

-¿A qué has venido?, ¿a discutir?, ¿a amarme? O a seguir odiándome

-Yo no te odio, lo sabes, quizá si peco de algo es de amarte más de lo que te mereces…

-No me merezco tu amor

-No en la medida que te lo doy

-¿Y qué haces aquí entonces?

Pero una vez más las palabras se precipitaron en el silencio, la acercó a él y empezó a besarla, mezclando en cada beso la ternura de aquel amor que  a ratos consumía su vida apagándolo por momentos, la pasión de un deseo incontrolable que le había atrapado y que no podía dejar de sentir, durante toda su vida había amado mucho y le habían amado, pero jamás había sentido lo que sentía por aquella mujer a la que se había aferrado sin motivo y con miles de motivos a la vez, tenían tanto y se daban tan intensamente en aquellos instantes, que le parecía que no podían existir más porque entonces desaparecerían para siempre, porque se agotarían y se consumirían y no quedaría nada de ellos.

Cuando la madrugada se despedía, una vez más, le despertó, como casi siempre, como si la noche anterior no hubiera existido…

-Tienes que marcharte, venga

-¿Por qué?

-Ya lo sabes, María llega pronto no quiero que te encuentre aquí

-¿Por qué?

-No me gusta que me controlen la vida ni que hagan comentarios sobre ella, no me gusta que se sepa de mi… ¡Vete!

-Esta vez ni siquiera un beso para despertarme, ¿tan malo fue anoche?

-Alberto sabes que no tiene nada que ver con lo de anoche, es mi vida, ahora no…

-No, ahora no hay espacio para mí ni para nadie, es verdad, yo solo tapo tus huecos, velo tus noches oscuras, te doy el calor que creías que habías perdido, sí, me voy… pero un día de estos será para siempre.

Se fue dejando la puerta caer en el mismo estruendo que había caído su alma, siempre que iba  casa de Jana llevaba la bolsa del gimnasio, no podía ir al taller directamente, quemaría la ira y el dolor en el gimnasio.

-Otra vez equivocada, otra vez huyendo, que cobarde eres

-¿Por qué la llamas cobarde? Es valiente protege su vida, ya es bastante lo que tiene que luchar

-¿Luchar? Solo lucha conmigo y eso sí que la está destruyendo

-No, lucha contra todo lo que seguirte conlleva, el amor, que de bueno tiene el amor, el amor tiene que ser práctico, algo que te compense sin dañarte

-El amor un contrato, no el amor no entiende de eso, lo que tu llamas amor es un intercambio de intereses entre dos personas que firman un contrato y entonces no es amor.

-¿Y de qué sirve el amor?, ¿Qué das tu corazón?, ¿Dolor?

-¿Yo?… yo doy vida, quizá no la que a veces algunos desearían… pero les doy vida, unos instantes de vida donde la luz lo ocupa todo y que siempre brillarán sobre la sombra…

-Y después que, cuando se marcha y tú te quedas apagado que, entonces yo tengo que explicarlo

-¿Tu?,explicar que, el amor no se explica, el amor sucede, va, viene, ocurre, explota, nace, se transforma, se pinta y se borra, el amor no se va quizá lo echan, quizá hay quien no sabe alimentarlo o quizá no se puede alimentar más, pero el amor es y se puede luchar contra él, sí, se puede, pero entonces es cuando verdaderamente me apago.

-Nunca me darás la razón

-Imposible, no la entenderías

Jana dejó hablar a su corazón y a su razón, los escucho en silencio, cuantas batallas como aquella libradas en los últimos meses y casi siempre el corazón tenía la última palabra, pero era la razón quien mandaba y estaba agotada.

Llevaba varios días en silencio, le echo de madrugada y no midió la consecuencias, le necesitaba más que nunca y sin embargo era incapaz de marcar aquel número, miraba la pantalla, le acariciaba, leía sus mensajes, recordaba sus caricias y sus conversaciones, pero seguía el camino que le mandaba su mente, el de la precaución, el de protegerse y sin embargo se sentía cada día más hundida, más cansada, más perdida.

-Alberto, tu por aquí, me sorprendes, te creía…

-Carlos si vas a empezar me marcho, no venía a discutir, solo a pedir disculpas, te colgué el teléfono y eres mi amigo, lo siento.

-No pasa nada, sabes que estoy ahí, quizá me inmiscuyo demasiado, ese instinto de cuidar a los que quieres… es tu vida, es verdad, pero te hemos visto sufrir tanto en los últimos meses…

-Lo sé y creedme yo también os entiendo, pero esta es mi batalla y la  libraré a mi manera, probablemente me equivocaré, probablemente la pierda, pero una vez más yo me habré equivocado, y ahora lo único que sé es que quiero vivir esto, pese a todo.

-Entonces vívelo, pero si acaba, si se rompe, si lo necesitas

-Lo sé

Alberto no dijo nada a sus amigos, como siempre se refugió en el mismo, en su taller, en lo que creaba, unas veces acompañado de la música, otras del silencio, y allí dejando que todo lo que sentía fluyera en cada viruta que arrancaba dando más vida a la madera se prometió que no volvería a marcar aquel teléfono, y cumplió su promesa, pero solo tres días más…

-¿Alberto?

-Sí

-¿Por qué no dices nada?

-Qué quieres que diga

-Lo siento yo… lo intento pero, si debería, pero sé que tu… y entonces yo

-Jana no puedo más, no puedo seguir viviendo con esto, lo quiero todo

-Pero yo no puedo, yo…

-¿Tu qué?

-Tengo miedo

-Mucho miedo, demasiado orgullo, te crees por encima de todo, al menos es lo que quieres que crean y sin embargo luego eres incapaz de dormir si estás sola, ¿a quién quieres engañar? o peor ¿por qué te engañas?

-Yo no puedo yo

-Jana quiero un respuesta

-No puedo, dame un tiempo, unos meses deja que…

-No, ya te he dado ese tiempo

Se hizo un nuevo silencio y esta vez se adueñó de todo y de todos, no hubo palabras entre ellos, Alberto se aisló del mundo y no recurrió a nadie, al menos a nadie conocido, Jana se sepultó de trabajo, dejó escapar las vacaciones y se encerró entre la razón y el orgullo dejando que su corazón lentamente se asfixiara y Juan, Carlos y todos los amigos de Alberto respetaron aquel silencio, aquel muro infranqueable construido de dolor para ahuyentar al dolor mismo.

-¿Alberto?

-Sí

-¿Ya ni siquiera sabes quién soy?

-Lo siento, no

-Jana

-Ahora sí, disculpa, tenía que borrarte

-¿Me apuntas? Ahora estoy, he pensado, he decidido, te…

-No digas nada más Jana, yo también pensé, decidí, te borré y ahora… ahora sigo aquí, donde me dejaste, entre virutas, ven, porque aunque tuviera que esperar otra vida también hubiera estado esperándote.

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