Sígueme contando sin decir nada

El sol brillaba, pero el viento había decidido soplar con fuerza y no estaba preparada para aquella sensación de frío de la que algunos acostumbrados a climas mucho más duros se hubieran reído. Se protegió tras los cristales del salón que daban a la terraza, ese pequeño paraíso desde el que siempre se sentaba a mirar la playa, al lado la chimenea, no le gustaba el invierno pero a ratos deseaba su presencia para poder encenderla y sentir su calor mientras miraba un mar que imaginaba helado. Las cometas habían tomado la playa y sin darse cuenta se subió en una de ellas que la transportó en silencio.

-Como deseaba sentir esto

-¿Qué?

-Tu calidez, tu ser cerca del mío

-Eres de tacto

-Soy de tacto

El día era precioso, el sol brillaba con una intensidad que había invitado a las nubes a marcharse y el azul del mar era de un tono intenso, como el relato que contaban las olas, una historia lejana, traía sonidos de África, una percusión que rozaba sus sentidos murmurante, y mientras se balanceaba en la cometa, empezó a sentirlo.

-No puedo dejar de mirarte

-Me acaricias hasta con la mirada

Sentía la calidez del astro apoderándose de su cuerpo, elevaba la temperatura de su piel y de su alma, sus rayos empezaban a abrir puertas que se habían cerrado sin ninguna intención, llevadas solo por el transcurrir de los días.

-Como te has levantado esta mañana

-Cansada, una noche extraña, ¿Y tú?

-Uffffff he dormido intenso pero poco, la cabeza

-Preparo café

-Una cafetera grande

-Será el viento

-A mí me vuelve loco

-Empezó anoche, y esta vez no sé qué traerá…

-Solo le pido que traiga agua, un poco de agua…

-¿Descansas suficiente?

-La verdad es que no, no me da tiempo…

-Tienes que tener ese tiempo

Y la cometa abandonó su suave balancear y en unos cuantos movimientos bruscos la dejó en otro escenario, de repente se vio frente a él, muy cerca, se miraban con una avidez que hacían sentir el mutuo calor aún sin rozarse, él la miraba casi degustando la piel que no había probado, ella, quieta, dejaba que aquella mirada excitante la recorriera sintiendo aquel tacto de aire recorrerla, haciendo contorsionarse cada articulación al compás de un deseo que la había poseído al ritmo de los tambores que contaban una historia lejana.

Habían llegado allí sin saber muy bien cómo, empezaron hablando, se encontraban a menudo e intercambiaban unas frases, primero de cortesía, luego comentarios sobre aquel mundo que parecía convulsionarse, también a un ritmo de tambores, cuyos tocantes permanecían ocultos a los ojos de todos mientras movían marionetas que articulaban sus palabras en un discurso escrito por otro y que carecía de sentido para muchos e incluso a veces para ellos mismos.

-Cómo quieres que descanse, no sabemos si podremos pagar las nóminas, cada mes es un malabarismo más

-Pero donde está el dinero

-El dinero, que dinero, esto es un juego de imagen y poderes donde lo que se puede tocar, cada vez más, es algo que se confunde con el aire en un juego estratégico que no sabemos dónde va

-Y que vamos a hacer

-Sobrevivir, mes a mes, como hasta ahora

-No entiendo nada

-No eres la única

Y entonces se encontraron, a la deriva pero buscándose, no sabían dónde iba estar el futuro después de aquel encuentro pero tampoco se planteaban más, al menos mientras tenía lugar aquel momento sin tiempo en el que estaban explorando y descubriendo aquel territorio conquistado antes en la imaginación que en las caricias, y les gustaba lo que estaban encontrando en aquellas islas que eran ellos mismos y que se estaban uniendo para formar una mayor, y empezaron dejándose llevar por aquellos vientos casi fríos que se hacían cálidos con sus alientos que intercambiaban un aire que ahora deseaban compartir sin preguntas, sin comentarios…

Y hablaron los cuerpos en un diálogo silenciado durante meses de cualquier lugar que fuera más allá del pensamiento, y el ritmo que empezó marcando lentos compases se iba acelerando, se mezclaban aquellos corazones latiendo al ritmo de caricias que más allá de las manos se hacían con todo lo guardado, lo pensado, lo anhelado, lo dibujado en noches, donde esperar y fotografiar lo inexistente, ocupaba más horas que unos sueños que no podían diseñar a imagen de su deseo.

-Bueno lo importante es cómo andamos de reservas de lo básico

-De eso más o menos bien, tenemos para tres meses y se supone que mientras hay una caravana en camino

-Porque terrestre, es más inseguro

-No lo sé… quieres que duerma… entonces porque todas las preguntas son para mí, ¿eh?

Sonrió, en el fondo, Mariana, como el resto siempre buscaban en él la respuesta, el momento era el más duro desde que decidió cambiar su vida en un pasado que se le antojaba más que lejano, miraba atrás y sentía el miedo de los primeros días en aquel mundo desconocido donde hasta el sol le era ajeno y le abrasaba sin compasión desde primeras horas, en cierto modo añoraba los primeros meses donde la sorpresa asomaba a cada instante, porque aquellas sorpresas siempre le acababan haciendo sonreír o así las recordaba, sin embargo ahora prefería que no las hubiera, necesitaba dirigir aquel campo y tener controlado un futuro que cada día era más incierto.

-No dejes de besarme

-No pensaba hacerlo

A cada eco de tambor que se iba acelerando, los movimientos entre sus cuerpos se iban apoderando de los espacios y del silencio, un silencio que aullaba un amor que explosionaba desde el interior de aquellos conjuntos de energía que se desbordaban, compartiendo una química que les había alimentado para darles aquel momento en el que fusionarse sin prácticas ni lecciones previas, aprendiendo del otro sin más señal que el marcaban unos labios o unas caderas, sin más camino que unos ojos que miraban deseando y deseantes trazaban la línea de su deseo, y los tambores cada vez ocupaban más aire, y sus cuerpos tenían menos porque lo perdían exhalando en cada movimiento, pero tenían más, habían recibido más del otro y ocupaban juntos más espacios y la rapidez de unos gestos que se entretenían en la piel mientras cortaban el aire hacia que se multiplicasen en olores de intercambio, en palabras entre gritos y susurros, en una sinfonía de cuerpos adorándose y amándose sin descanso que acompañaba la sobriedad de aquellos tambores hasta componer la música de una canción eterna, la más bella y parca en palabras, la que se habla en un solo idioma y tan solo mezcla los colores, para ser una pieza única cada vez que se interpreta con el ritmo de cada ser que entona la melodía de su cuerpo en otro cuerpo, y ellos la interpretaban al ritmo cálido de aquellos tambores que traían a sus cuerpos un calor lejano.

-He llamado a la oficina en Madrid, dicen que no es posible otro transporte

-No lo entiendo

-Somos dos, pero nosotros solo somos importantes si nos secuestran, si desaparecemos… las decisiones importantes se toman detrás de un jodido escritorio

-Pablo, ahora sí que creo que necesitas un descanso… ¿Cuánto hace que no vas a casa?

-No sé, no lo cuento, más de un año… ¿Y qué?

-Como que ¿y qué?… cada vez pierdes más la paciencia con los que tienen la pasta, un día de estos dirás algo y será demasiado tarde…

-Ellos pierden más

-No me preocupan ellos, me preocupan estos… Piénsalo, cuando llegue la próxima caravana vete un mes, podemos organizarnos.

-Quizá tienes razón, lo hablamos estos días… igualmente habrá que esperar al menos un mes.

-Dime que de verdad lo pensarás.

-Lo haré, pero que no sirva de precedente.

Pablo sonrió de nuevo a Mariana, siempre tras él o mejor a su lado, en los malos momentos que eran casi todos, en los buenos, era su conciencia y últimamente también su paciencia y pensó que tenía razón, necesitaba pasar al menos un mes en casa, abrir el grifo y que saliera agua.

-Me gusta como hablas en silencio

-Shhhhhhhhhhh sigue contándome sin decir nada

Por fin los tambores cesaron, y como abandonados por aquel sonido envolvente con el último latido de música, su sinfonía terminó en un movimiento brusco donde siendo uno sus labios se buscaron en un beso que ponía la última nota a aquella partitura nunca antes tocada y que habían interpretado en privado para el goce de todos y cada uno de sus sentidos.

-¿Podrás con todo?

-¿Podías tú?

Cuando aterrizó casi amaneciendo Pablo sonrió recordando esa despedida dos días antes, aquel viaje eterno casi había terminado con las pocas fuerzas que le quedaban, le recogería su hermana, había decidido refugiarse en su casa lejos de todo una semana y dormir, comer, descansar y olvidarse de cualquier cosa más allá de su cuerpo.

-No paras de sonreír, ¿tan divertido es?

-No cariño, de divertido no tiene nada

-¿Y entonces?

-Regresaba

-¿Te llevó el libro?

-No, el libro a ratos se deslizaba bajo mi mirada

-¿Y qué mirabas?

-Las cometas, llevan ahí todo el día

-¿Y?

-Recordaba

Se levantó en un gesto rápido y le besó en los labios, casi mordiéndole

-¿Qué te pasa?

-Quiero volver

-¿Dónde?

-Al primer día, al que soñé un día mirando la playa, al que tuvimos hace muy poco, casi nada, al que esta tarde me han llevado las cometas… ¿Recuerdas los tambores?

-Shhhhhhhhhhhhhhhh sígueme contando sin decir nada.

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