¿Juegas?

Y empezaron la partida, peón blanco, peón negro, alfil, caballo, torre y le reina alzándose y evitando caer derrotada a manos del rey.

El otoño llevaba unos cuantos días empeñado en que todos pronunciaran su nombre, la lluvia, el viento… Sara miraba tras los cristales de su habitación como la vida desfilaba al trote, los pocos que asomaban a la calle lo hacían con rapidez, cruzando el tiempo con prisa, empujados por aquellos días antipáticos, parecían querer llegar a su destino antes que aquellos anocheceres tempranos y desapacibles llegaran siquiera a rozarles y Sara pensó que en otoño todos corríamos una carrera perdida antes de salir, la del tiempo, la de la luz, no queríamos que la noche nos alcanzara tan temprano y corríamos y corríamos pero ella llegaba igual, y nos atrapaba, y seríamos perdedores de esa carrera hasta que la primavera nos tomara de la mano para acompañarnos al verano.

-Estás triste

-No, ¿Por qué?

-Tu mirada, la ventana, el silencio

-No, solo pensaba, la verdad es que los días así me dan siempre un toque melancólico, pero con los años lo llevo mejor

-Me preocupa, a veces creo que es demasiado…

-No, no es demasiado, sencillamente es, y hay que seguir con ello, es parte de la partida

La tarde caía con una sonrisa soñadora, el cuerpo estaba donde siempre, donde pasaba más horas, y la mente viajando una vez más, siempre imaginando, siempre dibujando su vida con otros matices, con otro color y con un calor que ansiaba a su lado más que ninguna otra cosa.

Empezó a sonar el piano, lluvia y notas de un piano evocador, aquel instante de paz la aislaba de las batallas del mañana, se avecinaban días y momentos convulsos y emocionantes a la vez, tenía tantos frentes y sin embargo seguía relajada, miraba sin ver nada y recreaba su mar que no podía escuchar pero que podía ver del color que ella le daba.

Buscando el jaque a la reina

-¿Dónde has estado?

-Daba un paseo

-¿Tu sola?

-Sí, pasa algo, ahora es un delito…

-No estoy diciendo nada

-¿De verdad?, creí ver una vez más tu dedo acusador…

-Siempre a la defensiva, quizá escondes algo

-Siempre atacando, ¿no te cansas?, ¿no puedes dejar esa agresividad aunque sea solo un instante?

-¿Agresivo yo?

-Déjalo, no quiero discutir más, para lo que queda…

-Lo que queda… ¿Qué quieres decir con eso?

-Está más que hablado, no voy a volver a empezar de nuevo

Pero un peón si interpuso para darle vida a la reina y escapar de su derrota.

Un ruido la trajo de nuevo al presente, llamaban al timbre, un ángel la rescataba de aquel pasado que a veces aún la hacía sentir el miedo y que era inevitable, solo el tiempo sería capaz de borrar parte, porque habría dolor que sería imborrable.

-Bajo, un momento

-Espero

Se miró en el espejo, una dosis de su perfume favorito, se guiñó un ojo a sí misma y bajo las escaleras al trote, le encantaba hacerlo, sobre todo por aquel tiempo en que casi le era imposible bajarlas.

-¿Dónde vamos?

-¿Tiendas?

-Tú eres la perversión de mi cuenta corriente

-Y tú la de mi hígado. Cojo el coche y vamos donde quieras pero que haya muchas tiendas…

-De acuerdo… pegaré la tarjeta al monedero. Eso sí, luego cena y gin tonic

-Hecho

-Vamos Imelda… y por favor que alguien esconda todos los zapatos…

Sonrieron y subieron al coche, Sara como siempre se dejó llevar, Martina puso rumbo directo a una orgía de botas, pañuelos, camisas, jerséis, bisutería y pantalones…

Alfil reina tres

Podía mirarle a los ojos, le estaba sonriendo con una de esas sonrisas que junto con la mirada dicen mucho más que un millón de palabras… Se acercaba y le abrazaba como si siempre hubiera querido estar en ese instante, asegurándose de que lo estaba viviendo.

Defensa siciliana en una partida que acabaría en tablas… al menos de momento

-Si no te sientes a gusto puedes dejarlo

-Yo no he dicho eso

-Y entonces… ¿Qué querías decir?

-Que hay cosas que no me gustan, no soy persona de absolutos, te pueden no gustar algunas partes de un todo. Y no, no quiero irme, ahora no.

-Pues mide tus comentarios

-No te preocupes, dejaré de hacerlos. La sinceridad no es un valor en alza.

-¿Y ahora?

-No voy a discutir, te he dicho que no quiero hacerlo. Me callo, no digo nada más. ¿Te doy las direcciones?

-Luego hablamos

-Como quieras, pero no tengo nada más que decir

Movimiento de la torre buscando de nuevo el jaque a la reina

Por la mañana ordenó todos los papeles que necesitaba, le faltaban un par de fotocopias y recoger un par más, los tenía todos, al día siguiente los entregaría por duplicado. Tenía que coger el tren, le hacía falta un certificado, diluviaba, el tiempo se parecía a él, era un caballero oscuro vestido de blanco que no quería darle tregua.  Sonrió, ya quedaba poco, luego abriría un paréntesis que dejaría aquella partida en tablas durante unos meses.

Reina a alfil

-¿No vas a comerme?

-Sí, pero a besos

-¿Cuándo?

-¿Cuándo me dejas?

-Qué mala eres…  siempre me dejo

-Entonces voy a empezar a saborearte muy despacio… acércate.

Le miraba a los ojos entregándole todo lo que había sentido y estaba sintiendo en ese minuto de tiempo en que sus dedos le acariciaban el pelo y sus labios se acercaban a besar los que tanto había deseado, despacio, queriendo atrapar cada porción de aquellos minutos que se sucedían mágicos, sin más plan que todos los imaginados, los soñados, los buscados, los deseados, los anhelados, los fotografiados por una mirada viajando al futuro…

-Te amo

-¿Estas segura?

-Es de lo único que estoy segura

Y los miedos se desvanecían con cada caricia, y la avidez del deseo se acomodaba en cada gesto para ir recorriendo el calor de aquel cuerpo, de aquel ser que amaba más allá de lo que las palabras eran capaces de explicar porque lo que sentía escapaba incluso a lo que ella misma jamás había sentido, y en cada milímetro de piel un beso, y a cada beso una caricia y a cada caricia un mundo entero de sensaciones amando aquel cuerpo que contenía el alma a la que se había entregado tiempo atrás.

Peones en defensa reina

-No cambies nunca

-Ahora ya no… aunque soy de las que piensan que no se cambia… tan solo vamos dejando salir lo que realmente somos según las circunstancias

-No estás bien

-Solo cansada, muchas cosas a la vez

-Y no puedes dejar algo

-Ahora mismo no…

-Sabes que estoy

-Lo sé, y no solo tú, tengo la suerte de teneros a muchos, vosotros sois el manto que me protege.

-Pero sigues sonriendo

-Claro, y lo seguiré haciendo, las lágrimas vienen solas y de lo que tiene remedio y de lo que no lo tiene…

-Un besazo

-Otro para ti

Terminó la llamada y se puso a dibujar un rato, tenía una pequeña lucha con unos bocetos que estaba haciendo para una amiga, no acababa de dar la sombra que quería, y era lo más importante de lo que quería transmitir.

Se levantó y se sirvió una copa de vino, puso un poco de música, se tiró en el sofá con los pies sobre el respaldo en una postura poco ortodoxa, dio un trago al vino y se dejó llevar por sus pensamientos, empezó a poner en orden aquel caos de situaciones e ideas que se estaban entremezclando por momentos y que tenía que empezar a priorizar y a ubicar antes de terminar completamente loca.

Saboreaba el vino en cada paso que daba por todo lo que ocupaba aquella cabeza que medio colgaba cayendo del sofá, y sin darse cuenta su mente colocaba una idea y se perdía de nuevo en sus labios, los saboreaba, les sonreía y regresaba de nuevo al sofá, seguía haciendo equilibrios y en algún momento parecía que iba a caerse, pero ella las llamaba sus posturas de pensar, vivía sola, se podía permitir esos momentos.

Y de repente sonrió, lo tenía todo, había guardado cada movimiento en una libreta, sabía dónde poner los peones, los caballos, las torres y donde amar a su alfil, el rey la protegía desde lo alto, aunque en este caso era un ajedrez raro, tenía dos reinas, ser sirvió más vino y se fue hacia los bocetos, ya tenía claro de dónde salían las sombras y a donde iban, fue dibujando poco a poco todo lo que había pensado, mandó a su amiga el boceto de la revista por mail, se quedó con los bocetos de su vida y jugando con el blanco, el negro y los grises fue dando forma a todo lo que estaba sucediendo, miró de nuevo la libreta donde anotaba las jugadas, llamó a Víctor, su contrincante

-Esta vez no ganas

-¿Qué te pasa a estas horas?

-Fíjate en mi último movimiento

-¿Pero tú te crees que no tengo nada más que hacer?

-Llevamos dos meses con esta partida me tenías acorralada y te voy a ganar

Al otro lado del teléfono se oía una carcajada

-Eres una loca peligrosa, son las dos de la madrugada, podrías haber despertado…

-Víctor no seas fantasma, vives solo

-Pero tengo un perro

Ahora la que se reía era ella

-Estás loco… lo has visto…

-Voy… te crees que duermo con el ordenador encendido. ¿Cómo se me ocurriría a mí enseñarte a jugar al ajedrez?

-La culpa no es mía es del otoño, recuerdas… llovía

-Estoy… ¡Eres una…!

-¿A que da rabia? El discípulo acorrala al maestro

-Que rápida eres aprendiendo

-Gracias por enseñarme a pensar

-Bueno, este juego da para mucho, enseña mucho

-¿Qué haría yo sin un amigo como tú?

-¿Qué haría yo sin una loca como tú?

-Pues vete pensándolo

-No, otra vez no

-Jajaja Regreso pronto

-¿Dónde vas?

-A por el alfil

-Lo tienes claro

-Sí

-Lo has pensado

-Sí

-Tienes las fichas bien colocadas

-No lo sé, pero no importa mucho, quiero que esa partida dure para siempre.

-Suerte

-La suerte no existe, y eres tú quien me lo ha enseñado, pero como así la llaman, voy a ir a buscarla.

Había tomado muchas decisiones, iba a por la primera, porque sin aquella su mundo carecía de sentido.

Reina a alfil

-Soy Sara, y quiero un hoy que sea para siempre, he decidido cambiar las reglas, quiero que seas mi rey… ¿juegas?

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