Y llega la noche, y mis ojos se abren más intensos, buscan en la oscuridad, mi oído entra en alerta intentando escuchar, de repente una luz que dura un segundo ilumina Port Ginesta, sí… ahora llegará el estruendo, es la tormenta, se acerca, acecha… anoche se instaló en mi corazón, mi alma se rompía sin remedio y no podía pararla, y el amanecer me encontró atrapada en un solo pensamiento.

No tuve que huir de Morfeo, no, esta vez no, no quiso si quiera asomarse, otra vez me dejó sola, vagando en los tejados que no podían dar cobijo al dolor que desprendía mi noche negra, y de repente, cuando el sol acosado como yo, sitiado por la nubes quería brillar mientras le sumían en el silencio, entonces, en esa hora, se arqueo la espalda y mi mente en un instante supo donde, un salto brusco, casi sin meditar y lejos, estoy lejos…

Pero de nuevo la tormenta quiere acercarse, el silencio lo va ocupando todo, la noche no habla, el viento también se ha quedado mudo, no dice nada, no susurra, no trae palabras y ese sabor salado del tejado en el que me escondo me recuerda otros silencios… si, en este rincón pervive su ausencia, ese no ser que deja el alma agonizante…

Huida de mi misma, a mí misma me acompaño, y en un zarpazo quiero poder, quiero eliminar, quiero borrar esa imagen que se acuna en mi memoria agarrándose sin dar tregua al tiempo en que me agoto, y mientras, la luz de un segundo se acerca y con ella los rugidos de esta noche, no, nadie conversa, aquí no hay almas a las que escuchar, solo sueños, esos sueños que en un salto he querido soltar por el camino, ese lastre que te asfixia dejando sin más voz al alma que el dolor que grita a cada instante la mirada. De repente, un maullido quebrando la quietud en que estoy presa es el único que rompe la noche, empujando a la angustia que me invade para lanzarla a otros cuerpos, y dejo que me abandone porque estoy abandonada, y de nuevo la garra se alza rasgando su imagen, araña cada espacio en el que permanece inmutable, prófugo de mi corazón, preso en mi alma, desahuciado de mi mente, de esa razón que quiere asentarme a la orilla en la mañana… pero la noche sigue rugiendo, y en ella solo puedo sentir ese silencio y la tormenta que ahora si, ya me tiene atrapada, el agua se derrama dando a este ocaso su voz que me reclama, y me entrego, las fuerzas que quedaban se han vuelto a romper con esa luz que por un momento ha invadido la oscuridad que me tiene secuestrada, y la garra dibuja la única salida, y me dejo llevar…

Despierto, la deriva de una noche más de duelo me ha dejado sentada en la playa, nos miramos, no, eso no lo hemos hecho, solo nos sentimos porque la posibilidad de mirar está olvidada, y de nuevo mis ojos acechan y mientras busco donde guarecerme escucho el rumor que clama el mar repitiendo lo que un día dejó el amanecer en mi almohada, no busques, no aceches, no digas, no des… huye de ese anhelo que te atrapa, porque solo hay una respuesta a la tormenta, silencio.

Reposo la garra que arañó la noche en una cama fría de madrugada, no encuentro, no espero, no rastreo, no digo… solo le ruego a Morfeo que de nuevo venga a abrazarme.

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