Miel compartida

-¿Sabes dónde puedo encontrar la primavera?

-Y ahora, ¿qué pasa?

-No me hagas caso, un momento tonto

-No, esa pregunta no es de un momento…

-Sí, déjalo. ¿Salimos un rato? Necesito que me dé el aire

El otoño se entregaba con temperaturas más frías de lo habitual, salieron del portal y empezaron a caminar sin rumbo fijo, las calles estaban casi vacías, la gente llenaba los bares y cafeterías, el tiempo no invitaba al paseo, pero ella necesitaba dejar que sus pensamientos se ordenaran y esta era la manera en que solía hacerlo, las dos amigas caminaban en silencio, una no quería hablar, la otra lo sabía.

-¿Dónde va a ser hoy?

-¿Dónde quieres que sea?

Le encantaba la cocina para relajarse, pero necesitaba que la dejaran sola, se servía una copa de vino y se ponía a crear de una forma completamente distinta a la habitual, primero abría la nevera y los armarios y como buscando una presa miraba todos los ingredientes para su próxima fantasía, esta vez eligió queso, nata liquida, algunas especias, volovanes para rellenar, dátiles… su imaginación iba más rápida que su capacidad de ir recolectando ingredientes para un sueño de sabores.

Empezó jugando con el queso, un poco de brie, un toque de roquefort y nata líquida, primero fundirlo a fuego lento mientras daba el primer trago a un verdejo muy frío, la calidez que salía del fuego y aquel sabor que le encantaba paladear la transportaban a otro tipo de sueños.

-Y si nos dejamos llevar por los besos

-Los que me vas a dar ahora

-O luego, quien sabe

Una sonrisa pícara y se dio la vuelta enseñándole el camino de su espalda.

Le añadió al queso, que lentamente se deshacía mezclándose con la nata, un toque de tomillo, y siguió transportada por los aromas que se iban abrazando lentamente incluso con el vino, preparó unas cuantas tartaletas en una bandeja y puso un poco de pate en cada una y luego las pintó de mermelada de tomate, el rojo resbalaba lo justo y daba un tono un poco picante jugando con el color.

Los sonidos del deseo se dejaban oír más allá de la cocina, donde guiado por una sugerente espalda se había dejado llevar, la alcanzo cuando cruzaba la puerta y fue el quien marcó el territorio con los primeros besos, y en vez de sentir que se los devolvían se encontró inmerso en una escaramuza que lo llevó detrás de dos copas, una botella de vino y cuando iba a hablar a un dedo untado en chocolate que se acercó a sus labios abriéndolos de una manera dulce, y lo compartieron.

-Llevamos una hora andando, ¿has encontrado la primavera?

-Sí, bueno, la he recordado

-¿Mejor?

-Perfecto, volvamos o ¿prefieres un café?

-Ese café no me lo pierdo estoy congelada…

-¿Y no dices nada?

-Escuchar el silencio se me da muy bien

Cortaba la cebolla a trozos muy pequeños, despacio, intentando no llorar, no quería estropear el maquillaje, balanceaba el cuchillo y dejaba que un nuevo olor se mezclara con los que ya iban poblando la cocina, puso un poco de aceite en una cazuela y lentamente empezó a caramelizarla, le gustaba la textura y el color para mezclarla con unas tiras de pollo que horneaba solo con un poco de sal.

-¿Entonces hoy quieres jugar aquí?

-No he dicho que quiera jugar… tenía hambre…

-Y me das a mí el chocolate

-Para compartirlo, ¿Qué me das tú a mí?

-¿Qué quieres?

-Sorpréndeme

-Cierra los ojos

-Esa escena ya la he visto

-Pero los protagonistas no éramos nosotros

Fue dejando gotear la miel por los volovanes sobre la sobrasada, luego le añadiría unos piñones y estarían listos para hornearlos unos minutos, pero no se pudo resistir, cogió una cucharada del tarro de miel y dejó que goteara lentamente en sus labios, para provocar que su lengua la saboreara sin prisas, disfrutando de aquel eslabón de vida,  y sintió como el calor de un instante recorría todo su cuerpo, le sonrió a su alma y dejo que un trago a aquel vino frio hiciera el resto.

-Como me apetecía este café

-Que tonta, te has quedado helada y no decías ni mu

-Te hacía falta, son momentos

-Momentos que pasaran, ahora está todo en orden… gracias amiga.

La abrazó por la espalda y con la mano le cerró los ojos despacio, empezó a besarle el cuello y sintió aún más cerca su cuerpo…

-No los abras

-No pensaba hacerlo

-Lo sientes ahora

-Puedo sentirlo todo

-Y

-Shhhhhhhhhhh solo sentir

Las palabras se perdían en aquel momento, la ciudad parecía congelada en un juego de imágenes, dos amigas sonreían tomando café pero no decían nada, más tarde una mujer vestida para una  salida nocturna jugaba con una cuchara que rebosaba miel en una cocina, una miel que en esa misma casa, unos fotogramas más tarde sería protagonista de la película de su propia vida.

Soltó la cuchara no sin antes acariciarla una última vez con la punta de la lengua, cogió el vino y se concentró en la cebolla que se caramelizaba, volvió a sonreír, y empezó a hacer pequeños montones de queso para sus piruletas, a las que añadía en algunos casos un punto dulzón y en otros un punto picante… eran para uno de sus juegos.

En un cazo troceó una tableta de chocolate negro puro y empezó a deshacerlo a fuego lento, y cuando perdía su solidez tornándose cremoso añadió un poco de guindilla, y escuchando los ritmos cálidos de un saxo que envolvían el ambiente tornándolo en un espacio de tiempo aún más sensual, trabajo el chocolate hasta que lo volcó en una pieza de mármol que usaba para dejar que se enfriara lo justo y darle forma, esculpiendo bombones de sueños que espolvoreaba con canela.

-Entonces le vas a seguir viendo

-Sí, le necesito, es difícil de explicar, pero pese a los momentos de locura, existen esos de esa otra locura que me hacen adicta a él.

-Te entiendo, no te juzgo, estás enamorada, cuando vuelve

-Esta noche

-¿Otra vez?

-¡Sí!

-Y qué haces aquí

-Mientras paseábamos elegí el menú, en cinco minutos voy a hacerlo

-Estás loca

-Si, por cada rincón de su cuerpo y cada pensamiento de su mente

-Anda vamos

Unas notas de jazz y una cocina semi oscura, unos labios susurrando, mordisqueando, saboreando, deseando… otros labios susurrando, devolviendo besos y mordiscos dejando que los dientes se asomen para marcar a su presa, pero su presa es ágil y una y otra vez escapa dándole más vida al juego…

-Solo sentir…

-Tengo hambre

-¿Ya?

-Es muy tarde

-O muy pronto. ¿Qué quieres comer?

-Que me has preparado

-Lo que te gusta. ¿Dulce o salado?

-Salado primero

-Ahora cierra tú los ojos, lo escondo

-¿Empiezo otra vez por el cuello?

-Empieza por donde quieras, si tienes hambre, tendrás que encontrarlo

-Me encanta cuando juegas a vencerme

-Me encanta saber que caeré derrotada

Los bombones iban tomando forma y sin embargo ella solo podía pensar en el momento en que la perderían, preparar aquellas cenas se había convertido en un placer que en algunos instantes superaba incluso a los placeres para los que había sido preparada, su imaginación no tenía freno, y podía sentir ya la calidez de él convirtiéndose en un calor brutal poseído por un deseo desenfrenado que sabía a canela picante y que viajaba por su cuerpo abriéndose camino y asaltándolo para vencerla. Pero antes de llegar a aquel momento había muchos otros que estallaban con sus pasos tras la puerta.

-Buenas noches

-Ten cuidado

-Siempre lo tengo

-Con él no, y lo sabes

-Con el no quiero tenerlo o es todo o es nada y la nada es la más peligrosa.

-Por favor, Sara

-Tranquila Mar, no pasa nada

Y aquellos pasos se acercaban a la puerta, pero no los podía oír por la música, se acababa de quitar el delantal y dejó sobre su piel unas gotas de perfume, entonces sonó el timbre, y cuando abrió una rosa roja y unos labios llenos de deseo se abalanzaron sobre ella.

-Preciosa

-No tanto como tu

-No seas vulgar

-El próximo día te la traigo verde

-Me gustan rojas

-Entonces eres vulgar

-No era la rosa y lo sabes

-Pero me encanta cuando te enfadas

-Te gusta que saque las uñas

-No sabes como

Dejó la rosa en la mesa del salón y tiro de su hombre hacia la cocina

-¿Hoy quieres jugar aquí?

-Aquí empezamos, voy a servirte el vino

-Empiezo a saborearte

-No soy parte del menú

-Te equivocas eres los entrantes, el plato principal y los postres

-Entonces tendrás que desenvolverme

-No hay prisa… ¿me has hecho bombones?

-Encuéntralos

-Empezaré por ti

-Hoy no estoy dulce

-Lo sé y eso me hace desearte aún más

-Cierra los ojos

-¿No era mi juego?

-Perdiste tu turno, has caído en el pozo

Le llevo a oscuras hasta una butaca del salón, en una mesa un plato con sus especialidades, sus copas, la cubitera y ella despojada de una parte de su ropa, la que molestaba, se sentó sobre él abrazándolo con las piernas, acerco la copa a sus labios, le dejó dar dos tragos y saboreó su vino. Tenía prohibido moverse, estaba atrapado en una casilla y no podía salir, solo si era ella la que caía para salvarlo y no estaba muy dispuesta.

-Eres perversa

-Soy excitante

-También

-Y te gusta

-Un poco

-Prueba… con esto de gustará más

La noche avanzaba en juegos pero se frenó de repente. Se oyó el ruido de algo estallando contra el suelo.

-¡Vete!

-¿Qué pasa?

-No te has duchado lo suficiente

-No te entiendo

-Has estado con ella

-Con quien

-¡Vete! Te estoy diciendo

-Con ella… que ella

-Los dos sois iguales, ha sido muy fácil

-No entiendo nada

-La marque con perfume, el que tú desprendes

-No entiendo

-No hace falta

-Dile que como me dijo he tenido cuidado, que mañana no hace falta que venga a trabajar y que… nada más

-Pero…

-¡Fuera!

Se quedó sola, cogió el teléfono, no sabía si quería o no hacer aquella llamada, el dolor de saberlo lo había superado, aquello era el final teatral que necesitaba… no lo dudo más y marcó el número.

-¿Sara?, ¿no se ha presentado?

-Sí, Mara, sí, pero por si no os había dado tiempo suficiente te lo he devuelto… quédatelo, el sexo es muy bueno, pero cansa, lleva un recado para ti. Ahhh y por mí no te preocupes, sé que no lo haces, pero estaré bien… la cocina me da un placer infinito y ya sé que no tiene sentimientos.

Colgó el teléfono y bloqueó el número, se sirvió una copa, se tumbó en el sofá y cogió un bombón, aquella noche era lo único que iba a saborear, ¿mañana?… eso lo pensaría al día siguiente.

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