Agnes sin flores

Fotografía: Jaeda DeWalt

Se levantó lentamente, casi como si desperezara cada parte de su cuerpo que iba moviendo para incorporarse, como si las órdenes que mandaba su cerebro fueran más lentas o como si el resto de su cuerpo se hubiera revelado a aquella dictadura de órdenes permanentes o quizá es que estaban al lado del corazón, del más débil, del que en aquel instante solo quería permanecer aletargado, dormido para no tener que esforzarse más, cansado de batallas, heridas y guerras. Estaba agotado, los últimos meses las jornadas eran eternas, el caso de Agnes Fillol estaba atrapado entre mutismos y ausencia de pruebas, abrió la ducha, siempre pensaba mejor con el agua cayéndole por el rostro, pero esta vez sus pensamientos abandonaros a aquella joven muerta y se centraron en otro cuerpo, el único que le había conseguido atrapar desde aquel adiós…

-¿Vamos?

-¿Dónde?

-¿Cómo que donde?, ¿vas a volver a faltar esta semana?…

-No me apetece

-Pero si ya salía a buscarte

-No quiero ver a nadie

-Lo vas a hacer de nuevo, y lo que es peor, te lo vas a hacer a ti…

-No tengo ganas

-Tú escondes algo

-Tú lo has dicho, escondo… y si escondo pues no hay más que decir, un beso

-¿De Judas?

-No tengo el placer, mío

Eran amigas, o al menos lo habían sido, pero una de ellas había cambiado el último mes, parecía estar dando carpetazo a una vida, pero nadie sabía el porqué, sólo ella…

-Buenos días Salgado, tienes mala cara

-Buenos días Martín, mírate al espejo

-No si las caras de todos están como el momento

-¿Alguna novedad?

-Como tú no saques algo esta tarde

-¿Han regresado a la zona los de pruebas?

-Allí están, pero de momento nada

Aquella mañana los ánimos andaban algo alterados en la comisaría, las últimas manifestaciones y los enfrentamientos con los ciudadanos estaban haciendo mella en muchos, los medios de comunicación y las redes sociales les apuntaban con el dedo y demasiados se sentían ya hartos de las iras de los demás y de la suya propia también afectada por los famosos recortes.

-¿Cómo lo ves?

-¿Qué cómo lo veo?

-Jodido, Puig, así de claro, la gente está quemada desde los inspectores hasta lo que acaban de salir de la academia

-Pues habrá que pensar algo

-¿Pensar? Mira lo de pensar se supone que lo hacen los de arriba y solo para coger la tijera

-Espero que no vayas diciendo eso en voz alta por los pasillos

-No, yo no Puig, yo me callo y otorgo, eso lo dice el resto y no solo aquí, las calles son un clamor, ¿pero acaso estáis sordos?

-No, no estoy sordo Salgado, no, pero parte de mi trabajo es hacerme el sordo o mejor el mudo. ¿Cómo llevamos lo de la chica?

-Eso es la puntilla, no avanzamos, ese mundo hermético de los pseudoreligiosos es difícil de escalar

-Lo sé, paciencia, al menos no tenemos la presión de la familia

-Preferiría a la familia, los medios se están poniendo las botas

-Esos se callan en cuanto salte otra noticia, ya me iras diciendo.

-Sí, si hay alguna novedad le informo, hoy volvemos a interrogar a los amigos

-¿Dónde?

-Aquí, en sus casas estaban demasiado protegidos, se acabaron los paños calientes

-Ve con cuidado, son poderosos

-Tranquilo jefe, no tengo ganas de más

Salgado salió por la puerta, llevaba el traje reglamentario, pero incluso con el puesto parecía a punto de lucirlo en una pasarela, casi dos metros y unos hombros perfectos, en cada tramo de aquel cuerpo se notaban las horas dedicadas al ejercicio y el favor de la madre genética, que con su barita le añadió unos inmensos ojos verdes, una sonrisa que deshacía los polos y un pelo negro que no huía con la edad, pasaba de los cuarenta pero más de una de veinte se daba la vuelta a su paso.

Puig le miraba y sonrió para sus adentros pensando: “El muy hijo… pasa y hasta la becaria se queda babeando…”

-Llegas temprano

-O tarde, según se mire, es media mañana

-¿Un mal día?

-Acaba de cambiar al mirarte el escote

-No tienes remedio

-Contigo no, no quiero tenerlo. Anda, ven aquí

Al contrario que la mayoría, sus citas eran de día, él pensaba mejor de noche, y ella… a ella le daba igual la hora que fuera si le iba a tener en sus labios, se conocieron en un desayuno, el entraba discutiendo con el móvil, ella se giró de repente y el café con leche los baño a los dos, cuando quiso quitarle la mancha se dio cuenta que casi prefería quitarle la camisa y en cuanto a él solo decía gracias mirando justo debajo de su cuello, cruzaron tres frases, le invitó a subir para quitar la mancha y desde entonces desayunaban todos los días al menos dos veces entre la una y las ocho de la tarde.

-Estás tenso

-No, estoy harto

-Y por eso estas tenso… Túmbate boca abajo que vamos a solucionarlo un poco

-¿Y luego un mucho?

-Luego todo lo mucho que quieras

Sonrió y se sentó sobre él, justo donde terminaba su espalda, y con la ayuda de un aceite relajante y sus manos empezó a trabajar el cuerpo del inspector Salgado.

-Te he dicho que no

-Y siempre va a ser no

-Gloria es mi vida, con quien entro o salgo o me quedo no te incumbe

-Pero llevas un mes muy rara

-¿Qué es para ti rara?, ¿No hacer lo que tú haces?

-Estas imposible, dejemos correr el aire una temporada

-Dejemos

El masaje terminó tras dos horas de terapia anitestres de besos, pieles, caricias y deseo en una ducha compartida, un café y un beso en la puerta.

-¿Han llegado?

-No, dijiste a las tres, faltan diez minutos… ¿Dónde has estado? Tienes mucho mejor aspecto que esta mañana

-Mejor no, no querría saberlo

-¿Viniendo de ti? Tienes razón, vivir en la ignorancia a veces es lo mejor.

-Ahí llega el primero, el hijo del de los supermercados

Salgado se acercó a dos hombres impecablemente vestidos y un muchacho de unos dieciocho con cara de fastidio, esa cara que se pone en la comida de los domingos, a ciertas edades, cuando la noche anterior ha dejado algunas secuelas…

-Buenas tardes, inspector Salgado, pasen por favor

-Pedro La Calle, abogado de la familia, al Sr. Ripoll y a su hijo los conoce

-Adelante, siéntense

-Vamos a ver Marc, ya sé que el día del suceso hablaste con un compañero, pero quiero que me cuentes a mí lo que pasó.

El muchacho llegó más que aleccionado, casi dijo las mismas palabras que el día de la muerte de Agnes, que estaban en el campamento, que por la noche alrededor del fuego estaban todos y que a la hora del desayuno echaron de menos a Agnes, pero que no había oído nada raro y que todos se llevaban bien.

La tarde fue un desfile de historias copiadas, aquella gente que para él rayaban la secta, tenían a su hijos bien preparados para contar una y otra vez la misma historia, solo cambiaban los protagonistas e incluso de vez en cuando el abogado se repetía, cuando Salgado más enfadado estaba y el contener la ira estaba al borde de llevarlo a una situación complicada, sonó su teléfono.

-De acuerdo, hágales pasar a la otra sala

Despidió a otro trio de voces que no decían nada y se fue a la sala de interrogatorios contigua, le esperaban los padres de Agnes.

-Como sigues

-Como siempre

-Agnes estás muy rara, llevas un mes sin salir

-No estoy rara, estoy cansada

-No vienes a las reuniones, ¿Qué dicen tus padres?

-Nada, están preocupados, pero no insisten. No quiero ir. Estoy harta de lo mismo.

-Empezó el día que te fuiste en el descanso, te fuiste sola y desde entonces

-Desde entonces nada, Gloria, déjalo, es mi vida, respétala

-Estoy preocupada

-Pues no lo estés, y tranquila, me verás la semana que viene, al campamento me obligan a ir

-¡Que alegría!

-Me callo

Salió con el rostro cansado pero con un brillo en los ojos que Puig conocía muy bien, el inspector Salgado tenía algo de su presa entre los dientes, y si estaba seguro de algo era de que no iba a soltarla.

-Que tienes

-Una amiga, se ha derrumbado, no quiere venir aquí pero ha hablado con los padres

-¿Y?

-Que todo no era tan normal en el mundo de Agnes, en el último mes su comportamiento había cambiado, pero nadie parece saber nada… tengo algo por donde buscar

-¿Te marchas?

-Sí, he decidido cambiar mi horario, tengo una cita.

Salgado le guiñó el ojo a su jefe y salió de la comisaria colocándose bien el cuello de la camisa, guiñándole a un espejo y dejándole su perfecta sonrisa.

-Hola preciosa, ¿repetimos?

-¿Ahora?

-Dijiste que hoy librabas

-Sí, ¿y tú?

-Yo quiero celebrar algo

-¿Conmigo?

-Si no haces preguntas contigo, con tus caderas, tus labios, una buena cena, un par de copas y una noche entera de juegos.

-Ummmmmmmm no sé, tendría que pensarlo

-Y un masaje como el de esta mañana no vendría mal…

-No te he dicho que sí

-Preciosa soy policía, te has rendido antes de llegar a la sala de interrogatorios

Al otro lado del teléfono se escuchó una carcajada

-¿Cuándo llegas?

-Lo que tarde

-Voy preparando el vino y encargo la cena

El tráfico era denso, las luces de la Navidad le recordaban que hacía mucho, demasiado que no veía a los suyos, y aquel año tampoco podría ser, los semáforos se iban poniendo rojos uno tras otro cada vez que se acercaba, estaba deseando llegar, deseaba verla, abrazarla acariciarla… intentaba analizar que le estaba pasando pero no conseguía entender nada, había sido una casualidad, y sin saber cómo necesitaba emborracharse de aquella mujer cada día, de su olor, de su voz susurrante, de cada movimiento que hacía, de sus miradas, de sus sonrisas… y hacía tanto que no sentía así que casi se le había olvidado, cuando Elena le dejó con aquella nota bajo el teléfono y un adiós lleno de reproches, se prometió una y mil veces que su único amor sería un Jack Daniels al llegar a casa. Y casi lo había conseguido, hacía casi cinco años desde que sintió aquel dolor inexplicable, aquella falta de aire y sin embargo…

Sonó un claxon, sus pensamientos le habían dejado en el rojo, pero el semáforo había cambiado, arranco y tomo la calle a su derecha, recordaba que había un floristería, allí le compró su primer ramo, tenía que ser capaz de volver, dejó el coche mal aparcado y entró.

-Rosas rojas

-¿Cuántas?

-Dieciséis

-¿Una tarjeta?

-No, las entrego yo mismo… no harán falta palabras

Cuando regresó al coche estaban a punto de multarlo, pero el ser un hombre enamorado enterneció a la agente que le despidió con una sonrisa. Las dejó con mimo en el asiento del copiloto, las miro sonriendo, casi como si aquellas flores pudieran devolverle la sonrisa, arranco y aquellos semáforos que le querían hacer el viaje eterno, de repente se conjuraron en verde.

Abrió la puerta despacio, le había dado la llave porque un día a la semana ella madrugaba más que él, no hizo ruido, era una de sus especialidades, y estaba allí, donde esperaba encontrarla, como la había avisado se había preparado para recibirle, estaba más hermosa que la última vez, se paró unos segundos a mirarla, sus ojos devoraban aquellas letras, podía ver como vivía…

-Buenas noches preciosa

Le puso las flores en el regazo y se lanzó a sus labios sin contemplaciones, y después de un largo beso, la dejo respirar y hablar…

-Estás loco, me encantan son…

-No tanto como tu… ¿Cómo está tu inspector Salgado?, ¿Sigo siendo sexy?

Soltó el manuscrito que estaba leyendo sobre la mesa sin demasiadas contemplaciones, en el título se podía leer: “Agnes sin flores”

-Perfectamente, ya lo sabes, pero voy a desabrocharte la camisa para comprobarlo… mi querido inspector Puig.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

Champurradas y café

Sentémonos a hablar de todo un poco, en especial de todo. Tus pensamientos son importantes así que dejalos libres.

Conviviendo con la fibromialgia

Es un intento de dar un poco de felicidad a los enfermos de fibromialgia. Un espacio libre de opinión donde todos podemos expresar nuestros sentimientos, vivencias, mejoras, etc.

Besos y Versos

Leer tus besos, sentir tus versos

InspírameConArte

Reseñas y sinopsis de libros. Hablemos de literatura, intercambiemos ideas e inspirémonos con arte! (:

elrincondeevablog

Un rincón personal, dónde escribo en alto mis pensamientos y emociones, esperando aprender, cada día un poco más.

A %d blogueros les gusta esto: