El resto sólo son

188442_512918628733200_701451648_n

La puerta se cerró lentamente, al otro lado el silencio de un atardecer oscuro, congelado en sombras y silencios, dentro otro atardecer oscuro, la luz de un fuego crepitando que rompía el silencio de aquellas paredes de madera que de noche contaban sus historias, había dejado la chimenea encendida, era solo un momento, el tiempo justo de comprar lo necesario para el encierro, se quitó despacio los pañuelos con los que había cubierto su cabeza y su rostro, no le gustaba el color de la piel dañada por el frío, los dejo en la entrada, sobre el viejo baúl de madera, se miró al espejo, pese a todo su mirada tenía un brillo extraño, colgó el abrigo en el armario, cogió las bolsas que había dejado en el suelo y mirando la luz de su chimenea cruzó a la cocina.

-Parece que te vas.

-Muy observador, me voy.

-¿O te van?

-No, siento decepcionarte, pero me voy.

-¿A?

-No.

-No qué.

-No te importa Enrique.

-Era solo una de esas preguntas que se hacen…

-Y que no deberían hacerse. Este ya no es mi mundo, ya tienes todas las respuestas.

-Los siento yo…

-No Enrique, no lo sientes, lo que pasó, pasó y me pasó a mí, no te compadeces porque no te importa, tu eres el de te van no el de lo siento, y justo por eso, me alegro de no tener que verte más.

Pese al calor con aroma a tierra que desprendía la casa, Claudia sintió como si con ella hubiera entrado el frío de la calle recordando aquella brusca conversación el día de su partida, colocó en las estanterías sin ningún tipo de orden comida y caprichos, guardó en la nevera y en el congelador lo que consumiría los próximos días y se aseguró de que todas las ventanas estuvieran bien cerradas, era una reacción a una temperatura que brotaba de su cuerpo, pero en su mente no había ventanas que cerrar, puso la cafetera al fuego y fue al salón a echar otro tronco a la chimenea.

-No puedo soportarlo.

-Pero no puedes cambiarlo, debes…

-¿Qué, ¿Resignarme?, ¿Aceptarlo? No, María, no, eso se lo dejo a otros, me marcho.

-Estas huyendo Claudia, no es propio de ti.

-¿De mí?, ¿De qué mí?, ¿Del que os creéis que conocéis?

-Ahora no te conozco.

-No María, ni tú ni nadie, construí la máscara y me dejé llevar, y la verdad me importáis lo mismo que yo a vosotros, nada.

-Entiendo tu dolor Claudia pero creo que te estás pasando.

-¿Mi dolor?

Sobre la mesa una de las muñecas preferidas de María, coleccionaba porcelanas, unos segundos más tarde tras chocar contra la pared se partía en el suelo.

-¡Claudia! ¡Te has vuelto loca! ¡Era…!

Los ojos de María brillaban entre la ira y un desconsuelo que empezaba a asomar…

-Entiendo tu dolor María, pero un poco de pegamento y como nueva y si no resulta, nadie te preguntara si quieres enterrarla o incinerarla.

Cogió el equipaje, y sin un adiós y sin mirar atrás bajó a la calle, llamó a un taxi, al aeropuerto, salidas.

El nuevo tronco en la chimenea aumentó el calor, podía escuchar en la cocina el café, la llamaba, apagó el fuego, sacó su taza del armario y la llenó de su brebaje favorito, regresó al salón, se sentó en la alfombra frente al fuego y dio un pequeño trago, soltó la taza, no le apetecía pensar y cogió el libro que tenía en la butaca en un equilibrio extraño, desconectó el botón de vida y se marchó a otra.

Miró el panel con las próximas salidas, tenía toda la documentación necesaria y salía un vuelo en tres horas, aquella costa fría se le antojaba el mejor refugio, no lo pensó, se acercó al mostrador de la aerolínea y pregunto si había plazas vacantes, pagó el billete, se fumó el último cigarrillo en muchas horas y cruzó en busca de la puerta de embarque.

-Estaré bien, no te preocupes.

-Pero así, de repente.

-Es lo mejor para todos, aquí solo os hago sufrir.

-Pero es normal, no te pedimos nada.

-Lo sé, pero soy yo la que no sabe vivir sin dar, necesito encontrarle el sentido y aquí no puedo hacerlo.

-¿Llamaras?

-Llamaré, pero prefiero escribir si no te importa, es más lento, pero es más real.

-Sólo necesito saber que estarás bien.

-Estaré viva.

Cruzó la puerta de embarque y se acomodó rápidamente en su asiento de primera clase, todavía seguían embarcando cuando ella ya llevaba el antifaz puesto, se había cubierto con la manta y…

-Disculpe, debería esperar al despegue, ya sabe debe permanecer con el respaldo…

-Disculpe usted, después de miles de kilómetros debería… las ganas de salir y llegar

-Gracias

-A usted

Aterrizaron puntuales, se dirigió a la cola de los taxis, y cuando consiguió el suyo pidió al taxista que le recomendara una casa de huéspedes frente a la playa, y el taxista, sin dudarlo, la llevó a la de una prima suya, en invierno escaseaban los turistas.

-Jana, ¿con que almuerzo me vas a sorprender hoy?

-Mi querida española solitaria, suerte que de vez en cuando comes aquí sino…

-Siempre que me invitas

Claudia sonrió a la mujer regordeta que la miraba con una sonrisa inocente y colorada, aquella prima del taxista se convirtió en una casera afable primero, y tras un mes de muchas charlas en la cocina, cerca del fuego y con una maravillosa ventana a un mar siempre revuelto, en una amiga, una amiga que no espera ni te pide nada a cambio. Claudia alquiló a las tres semanas su propia casa de madera frente al mar, muy cerca, a unos doscientos metros de Jana, le gustaba tenerla cerca, no le apetecía hablar mucho, pero con ella era distinto, a ella le podía abrir el corazón, aquella mujer no podía juzgar por otros, solo por ella, aquella mujer la miraba conmovida por su dolor, no por su pérdida, aquella mujer era ese extraño que entra en tu vida y escucha y abraza en silencio y no hace preguntas, era ese extraño que se convierte en tu todo cuando decides abandonar al resto en la nada en la que tú te sientes.

Compartieron un estofado, una copa de vino y un pan que la propia anfitriona había horneado aquella mañana. Jana la puso al día de los últimos cotilleos de aquel pequeño pueblo lanzado al mar y que vivía de él en las condiciones más duras, y así, consiguió que aquella mujer que no podía dejar escapar el dolor que la estaba devorando sonriera al menos durante un rato.

Claudia recibía las cartas desde España en la dirección de Jana, no quería que nadie supiera de su paradero doscientos metros más allá, algunas las contestaba al cabo de unos días, otras al cabo de unas semanas, otras, no las respondió nunca e incluso un par, se negó a leerlas.

-¿No me mientes?

-No, no te miento madre, aquí estoy bien, tengo lo que necesito.

-¿Vendrás para Navidad?

-No, mama, no, no me gustan, ya lo sabes y ahora…

-Perdona hija he sido egoísta, pensaba en mi

-No madre, no has sido egoísta, has sido madre, como yo lo fui.

-Hija yo…

-Estoy bien, prometo mandarte una carta esta semana. Da besos al resto.

-Espera, tu hermana quiere hablar contigo.

-No mama, no, yo te llamo a ti porque te lo prometí, pero no quiero hablar con nadie.

-Entonces no estás bien hija.

-Sí, estoy bien, sobrevivo con ello, pero no quiero regodearme.

-Como quieras, cuídate.

-Lo hago madre, lo hago.

Jana la miró con una sonrisa triste pero llena de comprensión, nunca le había dicho a Claudia porque la entendía tan bien, era sencillo, ella vivió lo mismo, el tiempo había suavizado el día a día, el dolor no se había marchado, pero lo consiguió arrinconar y solo lo dejaba salir algunas noches.

Después de aquella conversación forzada por una promesa, las dos mujeres que estaban sentadas en una cocina de un pueblo atlántico frente al mar, permanecieron es silencio un rato, ninguna de las dos tenía ánimos para decir, ninguna quería escuchar más y con una mirada se lo dijeron todo.

Todavía había luz, era demasiado pronto para el anochecer, pero el océano estaba enfadado, no era un día de fuertes vientos, pero las olas chocaban en la playa como soltando la rabia contenida de otras tierras, de otros mares, de otros…

-¿Ese café?

-Te estaba esperando, sabía que iba a ser la frase.

-Ya es casi un año Jana, que hubiera hecho sin ti.

-Lo mismo, mi niña, lo mismo, sobrevivir, que es lo que quieres, aunque a ratos se te olvide.

-Estoy cansada de vivir, no sé porque quiero sobrevivirla, no sé porque quiero estar aquí, no tengo razones, ni metas, ni sonrisas…

-Cariño yo solo he aprendido viviendo, pero sé, que por lo general, sobrevivimos porque gana el instinto animal, y seguimos comiendo, bebiendo y abrigándonos, aunque si me apuras, eso para mí, ya no es vida.

-Eso pienso a menudo, respiro, como, bebo, traduzco los textos, escribo lo mío, pero solo siento un atisbo de vida cuando aquí, en esta cocina, mirando ese océano que me tiene atrapada, hablo contigo.

-Lo sé, por eso me gusta tenerte aquí sentada, sé que estos son tus días buenos, el resto solo son, amiga mía.

Y lo días pasaban, los que eran y los que no, los que tenían motivo y los que sencillamente respiraba, y una mañana abrió la puerta creyendo que Jana la iba a buscar después de demasiados días que no.

-Tu

-Yo

-Como

-Quien quiere encontrar, encuentra.

-Porque, no creo que lo merezca.

-No, no lo merecías, pero pasó.

-No me refería a eso.

-Lo sé, ¿no me dejas pasar?, has elegido un lugar frío, me extraña, siempre odiaste el frío.

-Siempre amé la vida, y ahora ya no la amo.

-Mira

Desenvolvió con cuidado el paquete que llevaba en las manos.

-Tenías razón, esta se podía reparar con pegamento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

Conviviendo con la fibromialgia

Es un intento de dar un poco de felicidad a los enfermos de fibromialgia. Un espacio libre de opinión donde todos podemos expresar nuestros sentimientos, vivencias, mejoras, etc.

Besos y Versos

Leer tus besos, sentir tus versos

InspírameConArte

Reseñas y sinopsis de libros. Hablemos de literatura, intercambiemos ideas e inspirémonos con arte! (:

elrincondeevablog

Un rincón personal, dónde escribo en alto mis pensamientos y emociones, esperando aprender, cada día un poco más.

A %d blogueros les gusta esto: