Okaeri Nasai

JAPON 1

-Pensando en…

-Sin pensar.

-Entonces miras.

-Veo.

-¿Algo interesante?

-La vida.

-Hoy es uno de esos.

-De que esos.

El silencio se apoderó de nuevo de la habitación, cuando Jana no quería hablar no hablaba, se encerraba en un mutismo capaz de jugar con las palabras en el absurdo que dejaba al contrincante sumido en el silencio, y Marta, su compañera de piso, su amiga, lo sabía.

Había escuchado la puerta cerrarse poco antes del amanecer, había sufrido los diálogos nocturnos desde su cama, pero cuando escuchó aquella puerta a aquella hora, tuvo una certeza, el silencio se iba a apoderar de aquellas cuatro paredes durante horas.

-¿Sales?

-Sí.

-¿Con?

-Carlos, cena tranquila.

-¿Y luego?

-¿Por?

-¿Salgo yo también?

-Como quieras Marta, ya sabes que no me importa que estés.

-Pues es un alivio, tengo varios planes pero no tengo ni pasta, ni ganas, prefiero guardarlo para la semana que viene.

-¿Por?

-Ya sabes… París…

París sonó a sonrisa, a ilusión, a sueño, a plan anhelado con tercera persona.

-¡Es verdad!

La voz de Jana mostró emoción por primera vez en toda la tarde…

-Jana, cariño, te adoro, pero te encierras en tu burbuja y demasiado a menudo es casi imposible sacarte de ti, ya sé que últimamente es mucho, pero…

-Tienes razón, sabes que me alegro mucho por ti, que ese viaje para ver a Mark está más que planeado, te quiero, lo sabes, ¿verdad?

-Lo sé, pero a veces es bonito que te lo demuestren.

-Demasiado parca, demasiado seca, antes no era así.

-No puedo siquiera imaginarlo, pero lo creo, tu madre me lo ha contado en capítulos, cada una de esas muchas veces en que no quieres coger el teléfono y te pasas horas en la ducha.

-Mi madre, ella y su dinero.

-Y el tuyo.

-El mío, tienes razón, pero solo en parte, sabes que he sabido moverlo, invertirlo y me he ganado…

-Tu fama a pulso, amiga mía, pero lo entiendo, y el resto…

-El resto, me da igual.

-¿De verdad te da igual?, ¿De verdad quieres seguir siendo la imagen de hielo?

-No soy de hielo, sencillamente mido, programo, preveo, calculo…

-Todo en la vida no es un juego en la bolsa, no son finanzas e inversiones…

-¿No?, ¿Acaso invertir amor en un bufón con careta no es alto riesgo?, ¿Acaso confiar en quien no debes no tiene daños colaterales?, ¿Acaso amar o querer a quien no lo merece sale gratis?

-No, amiga, no, pero es parte de la vida.

-Pues perdóname, pero no quiero esa parte.

-Como lo has logrado, como has podido cambiar tanto…

Llegó al restaurante cinco minutos tarde, cinco minutos programados, le gustaba que la esperaran, le recibieron con una sonrisa y la acompañaron a la mesa donde Carlos aguardaba, no le gustaba que la recogiera, no era su pareja, era su amigo, un amigo nocturno, una conversación siempre interesante, un buen vino, una cabeza brillante, un buen sexo, unas canas incipientes que la habían atraído cansada de jugar con jovencitos.

-Como siempre.

-Como siempre, y además te gusta.

Miró al camarero, impecable, en el traje y en los modos.

-Un Martini blanco, muy frio, con unas gotas de gin.

El camarero le devolvió la sonrisa, siempre el mismo ritual, siempre la misma copa, probablemente, Jair, en la barra, ya lo estaba preparando.

Un beso breve en los labios, una sonrisa unos segundos más extensa, los dedos de sus manos jugando encima de la mesa, los últimos festivos tradicionales les habían mantenido alejados más de lo deseado, tres semanas sin verse, tres eternas semanas.

-Sonríes más de lo habitual.

-Qué curioso, todos medís mis sonrisas.

-Quizá porque son escasas.

-Tenía ganas de verte.

-Ahora me apetece sonreír a mí.

-Pues aprovecha el momento.

-¿Has estado hablando con Marta?

-Siempre hablo con Marta, vivimos juntas.

-Ella te hace sentir bien, es la única valiente.

-Sí, es valiente, se lo juega todo y sin embargo se enfrenta a mí cada vez que lo considera necesario.

-Por eso la quieres más.

-Por eso la quiero.

-¿Solo a ella?

-No empieces Carlos, lo llevábamos bien.

-Te quiero.

-No, Carlos, no puedes querer a quien no te quiere.

-No echas de menos a quien no quieres.

-¿Cuándo te marchas a Japón?

-La semana que viene.

-Creo que voy a ir contigo. ¿Lo tienes todo reservado?

-Trabajo o placer.

-Trabajo, pero no me apetece ir sola.

-Llévate a tu osito de peluche.

-Ya sabes que siempre lo llevo. En serio, lo tienes o no.

-Sí, lo tengo. Mañana te lo paso para que puedas reservar el mismo vuelo y los hoteles.

-¿Hoteles?

-Sí, no solo voy a estar en Tokio, iré a Kobe, Kyoto y Osaka.

-¿Kyoto?

-Sí, la verdad es que he reservado tres días para disfrutar esa ciudad, esa parte del viaje es de placer, por si no te interesa y quieres regresar o esperarme en Tokio.

-¿Placer en Kyoto? Sugerente

-Parece el título de una novela, “Placer en Kyoto”.

-Sí, tengo las defensas bajas, Marta, a veces, incluso lo consigue.

-¿Vendrás?

-Vendré, Kobe me apasiona, es el “otro” Japón, y la verdad tres días de relax en Kyoto me tientan. ¿Podrías encargarte tú de las reservas? Ya sabes, me gusta doble y no quiero que mi secretaria se entere de nada.

-Empiezas el año misteriosa.

-No, no es misterio, es control, odio que me controlen y últimamente…

-Pues cámbiala, está batiendo un record, dos años contigo.

-No, no es momento de despedir a la gente, son tiempos duros, con eso no se puede jugar, puedo contratar a otra para los temas que me interese.

-Me encantan

-¿Qué te encantan?

-Esos breves episodios de corazón.

-Te odio Carlos.

-Lo sé, por eso disfrutas cuando estás conmigo.

La noche transcurrió en Japón, ambos eran amantes de la cultura japonesa, se habían conocido en una librería, ambos ojeaban el mismo libro de Mishima, se sonrieron sorprendidos, intercambiaron algunas palabras sobre el escritor autor de “El mar de la fertilidad”, y la pasión compartida, les llevo a tomar café a unos pasos de la librería, un café que se alargaba ya casi dos años.

-Porque le dejas marchar.

-Porque obligarle a quedarse.

-Sabes que él se quedaría.

-Nunca lo ha dicho.

-¿Le has dado oportunidad?

-No la ha pedido.

-Solo yo me atrevo contigo.

-Pues que sea como tú.

-Tiene miedo.

-No hay para tanto.

-De perderte.

-Siempre estoy.

-No, no estas siempre. ¿Qué hombre aguantaría lo que él?

-No necesito que me aguante nadie.

-No, a ti no, a tu rudeza, a tus devaneos, a esas citas planeadas por tu secretaria de turno, a la programación del amor, incluso del sexo.

-Marta, ya basta.

-No, Jana, no basta. ¡Échame si quieres! No me puede ir peor, pero me repatea tu actitud de víctima, que no es más que la de una niña mimada, lo tienes todo Jana, o casi todo, mira a tu alrededor… ¡Joder! ¡¡¡Pasa página!!!

-Tienes ovarios Marta, me gustas, no, es más, te quiero.

-Eso no basta Jana, me agota verte.

-Te agota verme y vives conmigo…

-Sí, yo soy tu obra de caridad, tú eres la mía.

-Nunca lo vi así.

-Ahora puedes  verlo.

-¿Cuándo te vas a París?

-Otra vez… el jueves…

-¿Cuándo vuelves?

-Cuando se acabe la pasta.

-¿Tanto piensas comprar en Les Champs Élysées?

-¿Comprar? Estas loca.

-Sí por ti. Me voy a Japón.

-¿A Japón? No me lo habías contado.

-No lo había planeado.

-¿Qué?

-Surgió anoche, sabía que Carlos se iba y de repente me apeteció y soy débil a mis debilidades…

-¿Pero las tienes?

-No seas borde, tu más que nadie sabes que sí.

Le encantaba el instante en que el avión se elevaba, cuando mostraba toda su fuerza para alcanzar el cielo en el que luego se iba a posar, casi sin moverse, y sin embargo transportándola siempre donde quería ir, miraba por la ventanilla, Londres se desvanecía y la mano de Carlos, entrelazando sus dedos, parecía querer decirle, no tengas miedo, pero los dos sabían que ese sentimiento no existía, al menos en ese instante, en esa situación.

Llegaron a Tokio en hora de cenar, estaban cansados, pero la ciudad enseguida les inyecto su vida y se encontraron en el vestíbulo una hora más tarde, tras un poco de sashimi, un poco de sushi y un mucho de sake, amanecieron juntos, cuando la ciudad, casi sin haber dormido, se encontraba en plena ebullición, era domingo, pero Tokio nunca descansa.

-¿Qué tal todo?

-Estás loca.

-Si ya te lo dije, por ti.

-No, tú eres una loca peligrosa.

-Pero te quiero.

-¿Pero tú te crees que es normal hacer lo que has hecho?

-Ahora no puedo, llega mi instructora. Te quiero, preciosa. ¡Hablamos!

Marta se quedó con el móvil en la mano, mirándolo como si nunca antes hubiera visto ninguno, Mark la miraba, ninguno pronunciaba palabra…

-Le pasa algo, creo que es bueno, pero…

-Tienes una cuenta con muchos ceros, es bueno.

-Mark, ella nunca ha sido así con el dinero, estaba segura de que nunca me dejaría tirada, pero cree en el esfuerzo, en luchar para… y ahora esto, me da miedo. Tengo que hablar con ella, ah! Y me ha colgado diciendo que llegaba su instructora, ¿ella? Con una instructora…

Los días en Japón pasaban rápido, las ciudades y sus habitantes vivían intensamente desde muy temprano hasta bien entrada la noche y ellos rápidamente se hicieron con aquel ritmo, de día no se veían, pero las noches y las madrugadas eran suyas, aunque al salir el sol, Jana, como posesa por una alarma interior huía a su habitación, para reencontrarse en el vestíbulo dos horas más tarde.

-Nos vemos mañana en Kyoto.

Lo soltó sin preámbulos durante el desayuno.

-Salgo en una hora.

-¿Por?

-Me apetecen veinticuatro horas de soledad, tu llegas mañana, llevamos diez días juntos, ¿no estas ya cansado de mí?

-Sabes la respuesta.

-Pórtate bien.

-Sin ti… seguro.

La cara de Carlos era la cara de la decepción, Jana lo sabía, pero era necesario.

-Llevas quince mensajes en el buzón.

-No podía

-¿No podías?, ¿Tú quieres o no quieres que disfrute de Paris?

-Quiero pesada, pareces mi madre.

-¿Tu madre?, ¿Por qué has hecho eso?

-Me apetecía y puedo.

-Esa no eres tú.

-Sí, soy yo, quizá una yo que no conoces… pero yo.

-¿Sabes cuándo regresas?

-Creo que sí… en cinco días.

-¿Tu?

-No se… me necesitas…

-La verdad, creo que no. Besos a Mark.

Y sin dar oportunidad a más dejo mudo el teléfono y a su amiga, que de nuevo se quedó mirándolo sin entender nada.

Cuando Carlos llegó al hotel le dieron una nota en un sobre cerrado, era su letra, la conocía perfectamente, conocía esas notas de muchos abandonos, y cuando estaba dispuesto a leerlo con rabia, su expresión cambió, tenía dos horas y ya estaba deseando que pasaran.

-Incluso así, me resultas bella.

-Estoy exaltando mi belleza.

La encontró sentada sobre sus rodillas, el rostro emblanquecido, sus carnosos labios reducidos a la mínima expresión, el negro de sus salidas nocturnas combinado con un arco iris de colores en telas ricas, cuando entró le hizo el gesto del silencio, pronunció casi susurrando: “Okaeri Nasai” y bajó la cabeza en tono sumiso y empezó el “sado”, la ceremonia japonesa del té. Sus ojos no podían creer lo que estaban viendo, mientras Jana, con unas manos ágiles, realizaba aquel ceremonial como si lo hubiera aprendido desde niña, el empezó a adivinar en que había invertido el tiempo en que habían estado separados, y tenía la respuesta al abandono en Osaka, se tocó el rostro, únicamente para cercionarse de que estaba allí, de que estaba despierto… Tomó el té, con ella, que en vez de tomar la palabra como siempre únicamente sonreía, él le contó cómo habían ido los negocios, ella pidió que trajeran el sake.

Marta llegó a casa, dos meses en París, Mark había regresado con ella, le dejó en casa de un amigo, no se atrevió a llevarle, y más con lo rara que había estado últimamente, sospechaba de aquella extraña Jana. Entró en el salón, un gran ramo de rosas blancas que parecían recién cortadas, la llamo, silencio, entonces vio la nota:

“Querida Marta, llama a Mark y dile que vaya a casa, que coja un taxi desde la casa del amigo donde le hayas abandonado, no muerdo a nadie y no es una trampa, no vivo ahí desde hace más de un mes, las flores las llevé hace un rato, quedaros ahí, ya hablaremos del alquiler. No estoy loca. Te quiero. Besos”

-¿Qué no estás loca?,¿Qué no estás loca? ¿Se puede saber dónde diablos estás?,¿Quién eres tú y que has hecho con mi amiga? ¿Qué no estás loca?

-No, cariño, no estoy loca, a ti te quiero, a él… a él, le amo.

Y de nuevo se hizo el silencio y Marta se quedó mirando el móvil, con una sonrisa, alucinada, y marcó el móvil de Mark, tenían casa.

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