Error en un paso

Knight_Sleepless_03

-Demos un paseo

-¿Dónde?

-Donde nos lleve

-¿Quién?

-El paseo

-Demos entonces

Entrelazaron sus manos en silencio, no se miraban, miraban al futuro, o miraban a un punto donde nada se definía, en aquel momento no querían definirse, solo se respiraban y dejaban acariciar por aquel aire frío de principios de primavera, no se habían planteado nada, decidieron quedar la noche anterior un poco al azar, se conocían de unas cuantas conversaciones, besos de saludo y palabras casi sin sentido, y sin planteárselo y tras mirarse a los ojos unos instantes habían amanecido juntos sin extrañarse, no extrañaron su mirada, ya no extrañaban sus cuerpos los conocieron  de madrugada, los recorrieron en la oscuridad, los volvieron a presentar con el amanecer, no extrañaban sus sonrisas habían compartido muchas aquella noche, solo se dejaron llevar a una taza de café, a una complicidad no buscada, y a un paseo sin más destino que tenerse cerca.

-¿Y?

-¿Y qué?

-Tu, estas distinta.

-¿Yo?

-Sí, tú, hablo contigo, aunque tú pareces no querer.

-Sí claro dime

-¿Qué te diga yo?

-Tú eres la que quieres hablar, ¿no?

-Definitivamente cuando no quieres eres imposible.

-¿Qué no quiero? Yo siempre quiero cariño…

-Ya hablaras…

-Eso nunca dejo de hacerlo, me asfixiaría.

Raquel miraba a Sara entre alucinada, incrédula y enfadada, la estaba apartando de su vida, eso nunca lo había hecho, o eso creía ella, ¿y si había sido solo un decorado más?, ¿de verdad “su amiga” no iba contárselo?, porque de algo estaba segura, había algo que contar, y ella tenía que saberlo.

A media mañana llegaron unas flores, las interceptó al vuelo, eran para Sara, pero iban sin tarjeta.

-¿Y ahora?

-¿Ahora qué?

-Flores

-Flores y una sonrisa…

-A todos nos gusta que nos regalen flores, ¿verdad María?

María asintió divertida con la cabeza, le encantaba ver a Raquel sufriendo de aquella manera, ella, ese individuo que existe en todos los centros de trabajo del mundo, ese ser que quiere siempre saber más para contar más, ese ser que desconoce el significado de la palabra secreto, ese ser que vive las vidas de los demás porque un día se olvidó  que era mejor vivir la propia.

-Pero sabes de quien son.

-Imagino.

-¿Tú te llamas mi amiga?

-No, creo que nunca he hecho eso.

-Pero…

-Raquel, déjalo, somos compañeras, de vez en cuando salimos, te cuento algunas cosas contables y se acabó. No recuerdo que estuvieras cuando…

-¿Cuándo qué?

-Déjalo Raquel

María las miró, su expresión era divertida, le guiñó un ojo a Sara y al pasar junto a ella se acercó a su oído:

-Disfrútalas, sobre todo el agradecimiento de luego.

Aquel día se libró del revoloteo de Raquel alrededor de su mesa, se concentró en los dibujos que debía revisar, tenía una semana para dejarlos sobre la mesa de su jefe, y últimamente no parecía muy contento, con nadie.

-Preciosas

Solo  el sonido de labios mordiéndose y lenguas jugueteando.

-No hay amanecer

-Hubo demasiada madrugada

-Pero no ha sido suficiente mañana, tenemos tiempo.

-Llegaras tarde.

-Nunca es tarde si llegas.

-Entonces tenemos mañana.

Una hora más tarde el teléfono no paraba de sonar, los mensajes se sucedían, pero no había espacio para ellos, diez minutos más tarde cesaron.

-¿Y?

-Seguro que es solo trabajo. Voy a ducharme, es casi mediodía.

-Te acompaño.

El sol bañaba las calles de la ciudad, la casa de Alejandro tenía varias ventajas, una de ellas es que estaba a diez minutos de su oficina en un paseo rápido.

-Llegas tarde

-No tengo horario, me inspiré mejor en casa.

-No estabas en tu casa, te he llamado y saltó el contestador.

-No contesto el teléfono cuando trabajo.

-No traes nada.

-No está terminado.

-No juegues conmigo.

-No, contigo no juego.

Giró un poco la cabeza hacia su izquierda, no le gustaban las reprimendas en público, vio a Raquel, sonreía, María le volvió a guiñar un ojo cómplice, ella se acarició y regresó a la ducha, algo inventaría aquella noche.

De repente recordó el teléfono aullando, fue hacia su mesa, no eran mensajes de trabajo, bueno solo uno, llegas tarde, el resto eran de su madre, tenían una cena familiar y se le había olvidado, le contestó que llegaría tarde.

Dejó pasar el día casi en silencio, intentando escaparse de los demás y de ella misma, tenía una extraña sensación, pero prefería no decir nada, siguió sonriendo, busco su rostro, su cuerpo, sus palabras susurradas y en ellas instaló su día, en aquella toma falsa, terminó la historia, aquel capítulo le había dado algo que brotó de sus manos y dejó que fuera observado. Fue al baño, respiró hondo, empezaba la siguiente toma y esta no iba a tener nada de falsa.

-Lo tengo.

-Déjame ver. Es una broma.

-No, es una realidad, la gente tiene miedo.

-Pero no hace falta recordárselo.

-No hace falta, lo viven cada día, querías realismo, tienes realismo.

-No me gusta.

-¿Te gusta algo últimamente?

-¿Te pasa algo esta semana?

-¿A mí?

-Sí, a ti. Ayer estuviste muy desagradable con Raquel, hoy llegas tarde y ahora esto.

-¿Raquel? No, perdona, no estuve desagradable, estuve sincera, mi vida le importa un cuerno, igual que a ti, y sí, por primera vez en cuatro años he llegado tarde, y ahora dejemos los chismes y nos centramos en el trabajo, si no te importa.

-¿Quieres seguir aquí?

-Pues francamente, me lo estoy planteando.

-¿Qué quieres decir con eso?

-¿Y tú?

-¿Quieres volverme loco?

-Ahora mismo lo único que quiero es que hablemos de trabajo. ¿No te interesa? No hay problema, lo colocaré por ahí, no será la primera vez.

-Quiero algo el jueves

-Tendrás algo el jueves.

Sara regresó a su mesa, faltaba más de una hora para las siete, cerró el portátil, recogió un par de cosas, se puso el abrigo, se colgó el bolso y sin mirar atrás cruzó la puerta de salida.

-¿Estas en casa?

-No, llegaré tarde, pero te he dejado unas llaves en el buzón, está abierto, cógelas.

-Te espero, prepararé algo para cenar, cocinar me desestresa.

-No prepares para mí, será muy tarde.

-¿Algo grave?

-Nada que no pueda solucionarse.

-Despiértame.

-Descansa.

-Lo haré.

No amaneció para los amantes, dos días de vacío, de nadie, los dibujos estaban en el suelo, la cena sin terminar, olía a incienso, un copa casi vacía, un cuerpo sin signos de lucha, dormido en la alfombra del salón, el teléfono no paraba de recibir mensajes, de repente sonó el, fijo, un contestador, una voz, una súplica: “Por favor, abre”. Le encantaba aquella historia.

-Es perfecto, esta marca necesita un revulsivo.

-Todo tuyo, a cambio una mesa y quince días antes de incorporarme.

-¿Por qué?

-¿Por qué no?

Se sentía estupenda, sonrió a su nuevo jefe, firmó el acuerdo y dejó la carpeta, no había nada firmado y tenía algo que entregar.

-Es jueves, no están los dibujos.

-No, no en esta mesa. Te dije como hacerlo. No disimules, otra vez fallaste.

-Qué quieres decir.

-Casi lo consigues.

-¿Consigo qué?

-Asustarme. Pero has sido torpe, te di un crimen de diseño y lo seguiste al pie de la letra, solo cometiste un error, me diste motivos para no asustarme, casi le creo, lo hicisteis muy bien, los tres, pero no fuisteis…

-No sé de qué estás hablando.

-Sí, lo sabes, no lo dicen tus palabras, lo dicen tus ojos, tus gestos. El numerito infumable de amiga de Raquel, tu rechazo apasionado de algo que ni siquiera habías mirado, al menos en ese momento, esa llave en un buzón que no se había dejado, solo fallasteis en algo, sigo siendo tan estúpida como para creer en el amor, y creí, y me dio fuerza, y mi otra realidad me dio la respuesta, sí, me fui a casa, corrijo, tenía cena familiar y cocinar no me desestresa… El resto se lo cuentas a ellos.

-¿Qué resto?

-Tengo una cita en otra firma. Les encantó la verdadera historia. Yo sí que tengo trabajo. No te pudiste resistir a la carpeta…

Se giró con calma, guiñó un ojo cómplice a María, sonrió y se dirigió a unos agentes de paisano.

-Gracias, sé que se salta todo procedimiento, pero lo necesitaba.

Siempre había creído que un buen escote, una maravillosa sonrisa y una mirada cómplice lo podían todo, y sin embargo, aquella era la única vez que lo había practicado.

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