Tú eres mi calle

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Soy de calles sin nombre,

nunca mi brújula indicó el camino,

dejo que las olas me lleven y la tierra acomode mis pisadas,

hoy yo lo llevo a él,

camina en silencio, a mi lado,

no exhibe esa sonrisa que aluniza muchos de mis instantes,

se ha dejado venir, su timidez de un mundo demasiado hostil le aparca entre muros demasiadas veces,

no me da la mano, casi nunca lo hace, no le gustan las miradas,

la tarde es oscura y casi abandonada,

demasiada humedad que traspasa almas y abrigos,

pisamos piedras, piedras que sepultan otras que contaron historias,

casi puedo escuchar los cascos de los caballos que las pisaron,

las almas fatigadas de los que levantaron los muros,

esos muros fotografiados de un presente vacío de fe para construir,

acaricio sus dedos y le miro,

me regala sonrisa y me pregunta porqué sin decir nada,

como todos quiere una respuesta,

pero las respuestas escasean demasiado,

se ocultan tras pasiones, ambiciones y miedos,

ya no tengo, miedo, lo tuve,

ambición, quizá solo la necesaria para seguir viviendo,

pasión, toda con mirarle,

lo sabe, lo se,

el arco ha quedado atrás, mil veces lo fotografié y lo sigo amando,

el me devuelve la caricia tímida, se que no quiere, pero por mi se deja,

sabe que habrán más de los que desea,

se sabe mirado antes de ser,

su miedo explota y sus ojos me besan implorando llegar a casa,

una mujer con algo entre cómico y trasnochado en su cabeza nos adelanta,

sonrío, le miro y me devuelve la sonrisa,

la seguimos, seguro que va,

la calle grita historias de ayer y hoy,

como el músico que acaba de tocar sus últimas notas y nos mira a los tres,

el, yo y la funda de su guitarra alzándose a por unas monedas,

se las doy,

me regala un sonrisa y yo se la devuelvo,

¡Suerte!

¡Vida!

el azar me envolvió y me fue esquivo,

suerte la del amor que me acompaña,

suerte la del trago que me espera,

la de aquellos que sonreirán vivos y los que lo harán muertos atrapados en una eterna sonrisa falsa,

casi nadie nos circula, o nos mira, no hace falta,

la calle nos envuelve de historias,

a mi de pasado, a él de futuro, que imagina angustiado el tiempo inminente que vendrá,

me detengo y le detengo,

dejo que esa especie de sombrero con vida propia se aleje,

me giro,

el me mira preguntando,

el músico se fue, terminó su turno,

nadie nos observa,

me acomodo en sus brazos y le beso,

tierna y dulce, arrancando miedos,

apasionada, entregando vida, mi vida, la que comparte y comparto,

le miro de nuevo,

no digo nada, pero el momento lo susurra todo,

no tengas miedo, todos nos iremos,

como los constructores de los muros,

los que lloraron sudor levantando piedras,

lo jinetes perseguidores y perseguidos,

los que alzaron el alma, la Biblia o la palabra,

no tengas miedo, llegamos a la plaza,

la puerta de todos se abre a los afortunados de aquella noche,

ahí se han declarado republicas, derrotas y victorias,

se a llorado de alegría y de dolor, se ha vivido y muerto en muerte y en vida,

me da la mano,

sonrío, el ha vencido a sus miedos,

ahora soy yo quien da paso a los míos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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