Danzándote IV

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Cuando sintio que el calor regresaba a su cuerpo la levantó con cariño, la beso suavemente, ella se dejó llevar, giró los mandos de la ducha buscando la temperatura ideal y se ducharon juntos, el la enjabonó, y le lavó el pelo, con mimo, casi como si pudiera romperse, cuando la miraba en esos momentos, un escalofrío de placer recorria su cuerpo, aquellos momentos de intimidad eran los que la llenaban, era cuando podía sentirse especial entre sus manos, no pudo evitar regalarle una sonrisa y un beso dulce en los labios, Marc, la ayudó a salir, la secó y mimó su piel con cremas, la verdad es que lo necesitaba despues de una sesión tan dura.

En algún momento, sin que ella se hubiera dado cuenta había pedido algo de comer, tras vestirla con seda, se sentaron a cenar, comieron casi en silencio, parecía que no sabían que decir despues de aquella tarde tan intensa, sin embargo, se acariciaban y se sonreían, cuando terminaron, él recogio la mesa, lo dejó todo en la cocina y regresó habiendo pasado por la habitación para dejarla preparada para dormir con sábanas limpias. Se tumbó a su lado.

– ¿Mejor?

– Sí, gracias. ¿Por que has sido tan duro?, ¿Qué te pasaba hoy?

– Perdón, debí parar.

– Sí, debiste, pero… ¿Por que?

– No lo sé, recuerdos, dormí mal y he tenido una mañana nefasta.

– Entiendo, no te apetece contarlo. No pasa nada. Pero tenemos un pacto, no lo rompas nunca más.

– De acuerdo, tienes razón.

– Sabes que obedezco y acepto todos tus juegos, aunque algunos no me gusten nada, y me temo lo peor, pero las palabras pactadas están para algo, y se tienen que respetar.

– ¿Por que no lo dejas después de lo de hoy?

– Lo sabes perfectamente, no preguntes.

Le besó de nuevo, ya no tenía que esperar permiso, la sesión había terminado, y encendió un cigarro al que dio una profunda calada, casi parecia querer llenar de humo su cuerpo para nublar la razón de sus pensamientos.

Fumaron, se sonrieron y se besaron, si alguien les observara en ese momento, jamás podría adivinar lo que horas antes ocurría en el dormitorio. No tuvieron que hablarlo, él la cogió en brazos, apagó el televisor, las luces, y la tendió en la cama poniendole unas gotas de su perfume. Estaba dispuesto a darle su parte del pacto, el amor que ella deseaba y que él no quería sentir por ninguna mujer, y eso, incluía a Sara.

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