Sin mensajes

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Despertó empapada de impotencia, quería y no podía escribir, no podía hacerle llegar su mensaje, un complot tecnológico colgado de sus párpados se había apoderado de la red, eran sus miedos. Sonrió a medias, acercó la mano al teléfono, tan imprescindible a sus sueños como la almohada, se le rompió la sonrisa, no había mensaje. Se dio la vuelta, intento fallido de seguir durmiendo.

Un café, tres cigarrillos compulsivos, seis vasos de agua, una sed insaciable y el pánico venciendo la batalla en su estómago. Silencio. Lo escrito siempre viste silencio, aunque a veces ría, llore, grite o haga bailar, pero su silencio era absoluto, la no palabra.

Cada gesto si hizo más lento, ese día y los siguientes, era una tómbola sin premios deambulando entre camas para olvidar que ya no tenía boleto, no era ella, su piel ya no olía y su amor no regalaba fortuna.

– Haz tu vida, no sé cuando, no visitas, no regreso, no…

No tenía aquello que siempre buscaba, quizá como todos, la causa, el porqué, la razón, u olvidó que la razón no ama, controla, que el corazón no tiene respuestas, que no hay lógica entre el aire y los huesos, que una boca no es un silogismo, que la sonrisa no tiene un certero mañana.

Varios suspiros más tarde, acomodó el dolor en sus costados y tanteó sus pasos. De nuevo reina muerta. Miró el amanecer violeta de una república más. Dolor acomodado. Tiempo de ojas caídas un verano más.

– Llegaste.

– Sí, a la estación de término.

– No te entiendo.

– Terminé. De nuevo.

– ¿Miedo o libertad?

– Demasiado trapecio.

– Miedo entonces.

– No, el miedo se palpa, la incertidumbre no.

– De nuevo tus pasos falsos.

– Compré un número menos, dolía, pero me gustaba su manera de alzarne, ya sabes, veinte centímetros sobre el suelo.

– No te veo mal, quizá más cínica, pero esta vez no te han demolido.

Su terapeuta la miraba con media sonrisa, la conocía muy bien, muchos años de refugio frente a su playa, esperaba el siguiente gesto, ella se levantó, y se acercó a su oído, jugó unos instantes y susurró:

– Amaretto, muy frio, estaré abierta de venas en tu cama.

Del mueble-bar a la cocina, de la tarraza al dormitorio, aún goteaba, no eran piernas, eran venas y aquella vez quiso asegurarse.

 

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. chus dice:

    In-finitos besos Nuria 🙂

    PD. Quizá deberías revisar un poco el texto 😉

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    1. hilosfinitos dice:

      Besosss Chus, gracias… 💋💋💋

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      1. chus dice:

        Besos recibidos, saben a gloria tan de mañana 🙂

        Le gusta a 1 persona

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