Muerte tatuada


Bill Whiters, “Ain’t no sunshine when she’s gone”, luna llena, el crimen no podía ser perfecto, su cuerpo, tras el lavado, parecía mudo, pero los ojos que no saben amar no son perfectos, y tras la nuca, en el beso final, dejó algo que no se puede borrar, el último aliento de un superviviente condenado a la peor de las vidas, la oscuridad de una noche eterna sin luna, porque detrás de su partida, cuando su espalda perdió la calidez en un suelo frio al final de una extraña primavera, el sol no volvería a brillar para consolar en el silencio de cada madrugada a una luna ciega, con los labios tatuados de aquel que selló su condena por no saber decir adiós.

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