Palabras mayores


No le gusta demasiado la gente, es un ser al que un día algo se le quebró por dentro, y ama a la humanidad, pero huye de muchos seres humanos. No le gustan los niños, dice, casi lo susurra, porque está mal visto. Quizá sea por su algarabía aterradora, que con estruendo vuelca su cabeza y la estalla, aunque yo creo que lo que no le gusta son los padres, permisivos, gritones y quejicas; no sé, a veces creo que se ha transmutado de tanta vida, pero si miro atrás, nunca babeó por un bebé, y es que quizá la vida es de gestos, más que de palabras pronunciadas, no sé, la miro y la veo más ella que nunca, más en si que en otros, calma chicha y extraña pero ciclónica tormenta, ella, la otra que en un tiempo fue.

– Hoy he estado con un señor mayor charlando en el parque, me contó una historia triste.

Le gustan los mayores, para ellos siempre tiene tiempo, oídos, palabras e incluso besos y abrazos.

– Pasea con su perro, ya mayor, con las patas traseras cansadas. Los dos tienen la mirada triste, a los dos les falta algo.

No le voy a preguntar, la dejo hablar porque sévque siempre se deja llevar por las historias que los mayores le cuentan.

– Su hijo murió. Solo tenía veinticinco. Se acostó vivo y amaneció muerto. Puta vida. La mujer quedó tocada del corazón, el del alma. Cuando te habla la ternura y el ayer se abalanzan a sus ojos entre el brillo del recuerdo y la lágrima de la ausencia. Le escucho. Necesita recordar que la perdida fue en días como estos, y que el vacío se quedó instalado en una parte de su cuerpo para darle un color a su historia, el de la melancolía y la tristaza vestidas de lo injusto.

Cuenta que una máquina de limpieza inoportuna les interrumpe. Pero no se puede consolar al desconsuelo perenne, aquel que se nos enquista en el alma cuándo la vida golpea sin explicaciones.

Se despiden con tristeza, ella de él y de su mujer, enferma, desconocida, y del perro, mayor, el que pese a sus patas cansadas pasea a su amo… él de si mismo, que vive en tierra extraña desde que su hijo dejó de respirarla, pasea por el parque porque el corazón late hasta que se cansa, aunque a veces late por latir, bomba que destila sangre que nos obliga a seguir respirando.

Se alejan, probablemente coincidan esa tarde u otra mañana más, porque son muchos los días que se transitan e intercambian palabras, y en esos instantes la gente le gusta. Luego vuelve a casa, ventanas abiertas a un verano infernal, voces que se mezclan y conversaciones vacías, niños que reclaman atención y padres que se miran el ombligo, es mediodía de domingo, cerraría las persianas, pero no tiene. Dos conversaciones y unas letras. La conozco, ahora habrá cerrado los ojos dejándose llevar a sus otros mundos, y si la dejaran, allí se quedaba hasta otro paseo, pero la vida late, y muy a su pesar, a ratos hay que intercambiar oxígenos 

Un hombre bueno


No sé su nombre, solo conozco su sonrisa, cada mañana, sentado junto al parque, en esa edad indefinida, más allá de la jubilación, está esperando que llegue con Jerai, entonces, esa sonrisa, durante unos minutos, mientras le acaricia, se hace más amplia, y su mirada, habla de la melancolía del ayer, y musita, “a mi me robaron uno” o le dice a un amigo: “es noble y bueno”… Tras esos instantes, nos decimos adiós, y sabemos que al día siguiente repetiremos el encuentro, y esa brevedad de tiempo con un hombre bueno, hace que mi día sea mejor, porque a pesar de la crispación, la tensión, el odio y el dolor que quiere cada día atraparnos en su red de desesperanza, sé, que si miras a tu alrededor, también existen seres buenos. 

River II


Hoy mi River se me va, mi compañero, mi amigo, mi confidente, el que ha lamido mis lágrimas, y no es literatura. El me ha enseñado un nuevo significado de la palabra amar, lo ha hecho sin condiciones, generoso, con sus mimos, sus caricias, nuestras noches abrazados juntos, durmiendo, soñando, mi risa y mi consuelo, hoy mi llanto amargo, porque tendré que aprender a vivir sin él, sin cantarle su canción, sin nuestras conversacioes, sin el tacto de su piel en mis manos, sin su mirada, sin sus patotas, como yo le decía. Se va mi Riverillo, y con él un trozo de mi corazon, de mi alma, de mi piel y momentos y secretos que sólo él sabe.

Hasta luego mi amor, mi peludo, porque vivimos para encontrarnos y estar juntos y no se dónde ni cuándo, nos reencontraremos, somos él uno del otro hasta el final.

TE AMO

Muerte tatuada


Bill Whiters, “Ain’t no sunshine when she’s gone”, luna llena, el crimen no podía ser perfecto, su cuerpo, tras el lavado, parecía mudo, pero los ojos que no saben amar no son perfectos, y tras la nuca, en el beso final, dejó algo que no se puede borrar, el último aliento de un superviviente condenado a la peor de las vidas, la oscuridad de una noche eterna sin luna, porque detrás de su partida, cuando su espalda perdió la calidez en un suelo frio al final de una extraña primavera, el sol no volvería a brillar para consolar en el silencio de cada madrugada a una luna ciega, con los labios tatuados de aquel que selló su condena por no saber decir adiós.

600


Este blog, que amo y que tanto me ha dado, ha estado casi en pausa los últimos meses, y aún así, hoy hemos llegado a los 600 seguidores, a los que hay que añadir los de Twitter, Facebook y otras redes. 

Probablemente, no sea necesario, pero os pido disculpas por el abandono.

A veces, la vida, nos pone contra las cuerdas y no nos deja aire para respirar. Los momentos duros siguen, pero a instantes, ese yo que expira poesía, o al menos lo pretende, regresa, como lo ha hecho los últimos días.

Espero que surjan más momentos, mas expiraciones de versos, y mientras tanto, gracias a todos por regalarme lo más bello, parte de vuestro tiempo.

El hueco de tu sombra


Y la tierra se abrió bajo mis pies,

y un vacío de estomago se convirtio en un beso,

el de tu boca,

desde entonces cada simulacro es solo eso,

porque solo tú eres la piel que crea versos en mi alma,

solo tú brillas en mis noches donde la opacidad me cubre la boca,

y es entonces,

en tu imagen, 

donde brotan las palabras,

tu contorno ausente me entrelaza,

y cada trazo de ti se hace letra en hoja blanca,

cada inspiración,

suspiro que se expira bajo mi vientre que añora aquellas horas,

y de nuevo, 

te recorro de memoria

y de tu tacto duelen los dedos que arden de infinito,

ese en el que estás ausente y presente,

ausente de cuerpo donde agotar mis manos de caricias,

presente de alma, 

que la mía atrapaste,

y vaga los días entre deseo desesperado y melancolía de piel,

de una piel,

la tuya,

que en ti me hace bella y derrochada,

y entonces, 

por unos instantes, 

el dolor se olvida,

la boca traza una curva y sonrio,

por eso cumplirás la pena,

la que vaga alguna de tus noches cuando me recreas sometida a la soga de tu cuerpo,

al látigo de tu deseo que en mi explota mientras aúllo tus placeres,

y sí, 

hoy la noche es opaca,

como muchas otras,

pero brilla al saberme acariciada de tu sombra,

la que respira en mi almohada y deja el hueco de tu cuerpo en mi cama,

cuando al amanecer, 

mi boca se hace curva en la yema de mis dedos que te han soñado.

Caliz de muerte


De piedra el peso de mi sombra,

de acero el cierre de tu cama,

quizá sola yace ahora en tus noches,

quiza llore mi sudor que clamaba.

Recogida mi ropa olvidada,

desteñida la piel que te hablaba,

blanca de la cueva en la que esconde,

lágrimas por mí que enjutas me desgarran.

Que días aquellos de cuerpos en cadena,

que noches aquellas de recreo y carcajda,

que turbia la vida de rocío ausente,

¡otro vaso! que me ahogo cada instante de serme.

Otro yo me posee y se duerme en mi cadera,

otras ganas me tienen y no son de tenerme,

otros días me aciagan de no encontrar mi imagen,

otra vida sin mí, 

otro sainete,

 otro duelo en la palabra  

otra estancia,

otro marmol de frio me acomoda,

otra viscera ruega el cáliz de la muerte.