Alma sin agua


Tumbada bajo una lluvia de dolores, se preguntaba de espaldas al mundo porqué en ella todos los barcos naufragaban, porqué los meses truncaban las primeras miradas, porqué las mariposas se asfixiaban en su estómago, y se dejó llevar, se inundó de su ser, más desvalido de lo que cualquier mirada oteaba al cruzarse con su cuerpo, y es que su alma, homicida en ella y de ella, su alma, esa estaba a recaudo de mariposas y de naufragos, esa nunca surcaba ningún mar.

Deshielo de palabras


Y de su boca brotaron palabras como flores, esparcio la primavera por su cuerpo sin tocarla, y el milagro de la vida se hizo en su piel, rasgando el hielo de Enero con un campo de amapolas cuando retozaron de alma.

Amor es pecar de alma

Voy a saltar sobre tu ausencia,

a sumergirme en los olores de la ultima vez,

oteando tu yo sin mí desde mi mente en ti asentada,

¿que será de tus caricias en otros cuerpos?

¿que será de tu aliento en otros cuellos?

¿de tus ojos en otras miradas?

Desnuda frente al espejo recreo mi cuerpo tuyo,

que lo es por entrega propia,

y sin embargo, como el tuyo,

en esta ausencia otros brazos lo han mecido,

otros besos recorrieron sus caminos,

otros alientos quisieron tenerlo,

pero el cuerpo es aveces instrumento,

placer que de sed se bebe en la fuente más próxima,

amar,

eso es otro juego,

ahí la mente se abre y se cierra atrapando al otro para ser libre y esclavo,

libre de otras partidas,

esclavo de querer jugar la única,

esa de la que el alma sale convencida de querer volver a pecar. 

Presentación “Mujeres tras el espejo”


Queridos amigos y compañeros, ya tenemos fecha de presentación del libro “Mujeres tras el espejo” será el sábado 16 de Septiembre, en Barcelona, en “La iguana”, en Sants.

Estáis todos invitados, será un placer compartir con todos un momento más que especial para mí.

Desconocidos extraordinarios


Cada día amanece a las siete, se calienta la leche, se pone el café, sonríe con la añoranza de los años que fueron, entonces aún podia salir al monte con Rufo, el perro que le robaron, llegó a verlo y él lo reconoció, pero no consiguió que se lo devolvieran, desde entonces sus días no son iguales, aunque aún tiene el amor de Tato, ya mayor, como él, y tras el café con tres galletas mojadas se va a la viña a verlo. El terreno, pequeño, lo compró no lejos del pueblo, allí tiene un par de almendros, tres olivos, y algunas tomateras, y a su Tatl, que ya no tiene dientes, y le lleva cada día una lata grande para que no le falte comida. Sus ojos, claros, empequeñecidos por los años, son de un azul intenso, y cuando habla, parecen sonreír, a una vida, que como todas, pasó demasiado deprisa, y así cada paseo, que es un día más, se convierte en un día menos en la cuenta atrás, y regadas las tomateras, alimentado su Tato, baja de nuevo al pueblo, pasando bajo el arco de Santa Oliva. 

Hoy, en el mirador construído en los ultimos años, un diseño moderno en un casco antiguo, ha encontrado a su amiga desconocida, no sabe su nombre, ni ella el de él, se encontraron un día en el camino del parque, el regresado de la viña, tomaba el fresco solo por no encerrarse en casa, ya no había mujer que le aguardase, aunque fuese por las botas llenas de barro, se fue antes que él, sin avisar; ella daba su paseo matinal al perro, le gustó el animal nada más verlo y enseguida le acarició la cabeza y le conto a aquella extraña la historia de su perro robado, la mujer, más joven, en los últimos años de la cuarentena, esculpió con la mirada aquel rostro más que amable, bueno, y tras unos minutos y unas cuantas frases, siguió su camino, pensando una historia para vestir a aquel melancólico desconocido. 

Los días pasaban, y el ritual se repetía casi cada día, a veces, no se encontraban y hoy, ha sido un encuentro especial, ella fumaba en el mirador y él se a acercado, presto a contarle esas historias que sus amigos conocen y no puede contar a nadie más, que si uno que sube al monte es muy rico, nunca ha trabajado, que si el puso el yeso en una fachada, ya en el camino de vuelta al pueblo, y le muestra una Moreneta – así es como los catalanes llaman a la Virgen de Montserrat- está en la fachada de una casa, guardada tras una reja, y le dice que un día vio a un hombre de rodillas rezándole. Sin darse cuenta han llegado a la plaza, ahí se despiden, ella va a dar de beber al perro en la fuente, el se va a su banco al lado del parque.

De camino a casa, la mujer no para de pensar que la vida a veces pone en nuestro camino conocidos aborrecibles y para compensar, nos regalas desconocidos extraordinarios. 

La pena de seguir respirando.

 
A veces, el amor saja, y un dolor infinito sale a borbotones de tu estómago y se instala en tu pecho, y las lágrimas, esas que por múltiples motivos, no han brotado antes, se apoderan de tus ojos y borran la mirada del mundo que te rodea, casi no ves, y te cuesta respirar, porque quizá nunca supiste y ahora que no puedes o no quieres cuesta más hacerlo, y en ese momento, atropellada de incertezas, con todas la lesiones invisibles que el vivir va dejando ocultas tras una sonrisa más o menos forzada, entonces, el sabor amargo del diazepan desciende por tu garganta y piensas, ¡un brindis por la amargura!, que Satán me lleve de una vez a su infierno, que mi pecado de vivir se convierta en cenizas, que nadie lloré que ya lloré oculta de mí y de todos lo suficiente; pero que cese, que cese este dolor que vomita el alma y duele en el cuerpo, que me cansé de fingir que no duele nada, que me cansé de escuchar que yo puedo, que me cansé de arrastrar mis pisadas en el fango que bajo mis pies crearon aquellos que debieron amarme, y veo el caos que se abre, miro la caja, dulce sueño, a punto de romperme hace unos meses a punto de romperme en esta noche amarga, una mecha, una palabra, tabaco, y un silencio, y los mensajes que ayer ignoraste de quien día a día te mata un poco más, estallan en tus oídos en un silencio que retumba y rezuma dolor, gárgolas en las paredes de tu casa, los demonios se han apoderado de tu aire y te tomas otra más, la tercera, que no diera yo por dormir sin tiempo y dejar las heridas para otros cuerpos, para otras almas, ¿cobarde?, ¡no!, agotada de el, que me arrasó y arrasa la vida y de ella que día a día, como la gota a la roca erosiona más mi piel, para demoler mi alma.

Y entonces, tu silencio, de ti que me aferras a la tierra con ser aún sin ser de tacto, me asola y solo quiero cerrar los ojos y dejar de ser, aunque sea para siempre.

Y alzo la mirada y el me mira, con su cara llena de alma, de la pureza de no saber hacer daño pese haberlo sufrido, y por él, por ellos que maullan mis días y por esa mujer que gimió con dolores de parto, no llega la cuarta, tres son suficientes para respirar, y por ellos me condeno a la pena, y aún en el yugo del dolor sin tregua, enciendo un cigarro, te quemo en mis labios y me peno a la pena de seguir respirando. 

Noches de versos


Se ayuntó a su cintura, como cada noche, los visillos corridos a miradas ajenas, cuatro textos breves alborotaban sus entrañas, la sangre palpitaba en su cabeza y en su útero que demandaba a aquel ser que solo era imagen. Cerró los ojos y empezó a imaginarse, ella junto a la puerta, el asomando con su mayor arma, aquella sonrisa de niño travieso, el abrazo en silencio, un grito de sentimientos y deseo que cubrió la ciudad y dejó muda su existencia, solo ellos entre aquellas cuatro paredes viejas, paciencia y urgencia por los días transcurridos, no sabían entonces que la vida les iba a pedir más, muchos más. Se desnudaron mirandose, charlando, complices, se acercaron sus bocas, y tras unos instantes, el inició el ritual de su cuerpo, su boca se abria y cerraba con ansia y ternura en sus brazos, sus axilas, sus pechos, ella gemia de placer y de ese dolor dichoso de sus dientes arrollando su carne entregada, y entre los sonidos del anhelo que se derrocha, como un Laurence de Arabia, en el desierto que antes de él había sido su cuerpo, la descubria hasta sus pies que besaba y saboreaba justo antes de voltearla para darle aún más. Ella, ajena a aquellos placeres, unos días antes, unas primaveras antes, una vida antes, se dejaba hacer y lo sentia sentado sobre ella a bocajarro, apostado en la grupa de su yegua, jinete de tardes en que el ruido bronco de la ciudad se rompe cuando el cuerpo amado derrama su elixir a su espalda y lo siente suyo, como siempre desde que él es, como nunca antes supo lo que es ser. 

Tras unos minutos sus bocas se miran en un beso, y se abren en una risa muda y cómplice, abrá más, ahora es momento de recrearse, de dibujar simbolos mudos que gritan amor alrededor del ombligo del amante amado, de llenarse los ojos de él, para que la memoria lo dibuje en horas más aciagas.

Bruja la llamaban, bruja es que oculta en sus ojos mil historias de dolor que se amagaron en su memoria, la noche sigue cubriendo con su manto la melancolía de no tener, de rogarle al tiempo un tiempo como el que fue, porque la vida, envidiosa, les puso un oceano de pena a la belleza de su deseo, y ahora lo sortean en caricias propias y en imágenes. 

Terminada la comunión con el ser amado, satisfecho el deseo en fotogramas de una tacto conocido ausente de sus manos, se deja caer en un suspiro, tantea en la oscuridad un cigarro, y le quema a la vida unos minutos, que sin el la vida arde de no ser en la noches de versos y las tardes de lluvia.

Tres tequilas


No tengo escrúpulos al desearte,

de ti me alimento de puntillas y a bocajarro,

ni dieta de te amo ni restricciones de te deseo,

menú completo de palabras y de hechos,

sube el bajo de mi falda que te esta guiñando el ojo,

y ya que miras, 

cierra la boca en mis pechos,

que te susurro un te quiero,

de espaldas a tus ideas,

me torneas, me moldeo,

ni paja ni cama blanda,

ladrillo, estuco y alambre,

y no se si tu afirmaste,

pero yo no firme nada,

solo te dije al oido,

que volaras a mi cama,

y ahora te tengo dentro,

y te miro complacida,

cayó de nuevo el otoño,

volvimos a la partida,

que estío que estoy viviendo,

de calor y de sequia,

y me humedezco al pensarte,

de aguardiente mis esquinas,

y no te bebes el trago,

y yo me pongo un tequila,

que pasen los días ebrios,

que las noches me agonizan,

cuando detras de unas letras,

aparece tu sonrisa,

y empieza a brotar el agua,

que sin ti no me germina.

Vagabunda en mí


El dolor arde en mis pies y trepa por mis piernas para escapar arrasando mis manos,

sentenciada a arder en mí pido a la noche una tregua para mis ojos cansados,

y allí estas tú, que siempre estás,

me miras desde tu lejanía que temantiene agarrado a mis costillas en un abrazo etereo,

sonríes, no sabes de mi dolor,

te lo he ocultado como lo hago conmigo,

sufriendolo en un cuerpo ajeno porque el mío lo rechaza,

soy una vagabunda en mí,

no sé donde pasearme,

solo sé que quiero un ayer que ahora no tengo y me aferro a tu sonrisa que entonces era de beso,

ahora es de mente,

la creo y la recreo en mis largas noches como antídoto a la desesperación,

y te deseo,

me instalaría en tu piel para crear un hogar nómada de ti a mí,

somos de espacio los dos,

necesitamos bebernos sin ahogarnos pero atragantándonos,

somos de roce y de aire,

de deseo de añoranza para desear más,

de libertad de gestos y opresión de pecho al imaginarnos,

y aqui, yacente, 

recreo tu boca en mí para amortiguar el látigo que me hace las piernas jirones,

creo que no me podré poner en pie,

pero cada día puedo,

creo en ti y en mi,

y cada día sin tacto es un alborozo de sentidos que empuja otro día más,

creo que podré en un par de páginas,

el látigo afloja con un dol de los muchos que ingiero,

y cierro los ojos,

y me voy contigo,

yo noche, tu tarde,

te espero recostada en tu lecho,

ahí no duele,

soy aquella que de cuerpo también podía volar.

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