Justo ahora


Ahora que cálido amaneces tras una estancia de gelida eternidad sin determinar,

ahora que tu boca tienta labios y tu lengua susurra pecados en mi interior,

ahora que la noche es estrecha para tanto cuerpo inquiriéndose,

ahora que el silencio roto gime nuestra ausencia en su planeta yermo,

ahora que ni días ni horas sujetan la quimera de los que buscan y se encuentran en guaridas y a calle abierta,

ahora que el café ya no es tibio como ese adivinarte en mi cuello por detrás de mi espalda,

ahora que mi cintura rompe huecos y cierra la holgura entre nuestras caderas que se acoplan en blues,

ahora que ni promesa ni culpa,

orfeon de lascivia sin votos falsos,

ahora, justo ahora, amanezco a media noche con temblor entre mis piernas que te abrazan para elevarme a tu cumbre.

Fe de un tiempo

Te amé tanto que ya no quedó espacio para otro amor,
eras cada segundo de mi aire,
tu boca se deshacía en la mía aún sin estar,
colgada de tus brazos,
inquilina morosa de esa mirada tuya.
Hubieron más guerras, más cuerpos, más sábanas derramando sudores y olores,
pero tu piel seguía cosida a la mía en un mal zurcido que dejó que te marcharan,
y me abandonó suspendida.
Y ahí sigo,
como péndulo vagando a ninguna parte.
Ya no hay bocas, ni sudores, ni siquiera fríos,
soy un cuerpo inerte estrellado en si mismo,
burlado por una marea que te mantiene en tierra seca,
y yo, yo ni siquiera dejo que el mar me bese,
me aferro a la tierra yerma que soy,
porque hay bailes que se quedan sin pasos,
y yo me quedé sin sed,
no bebo otros cuerpos y castigo al mío a un vacío sin tacto y sin mirada,
condenada a aquello que en un tiempo fue.