EMANAR PRIMAVERA

A veces me pierdo en un silencio que solo se quiebra de vivir,
y a él regreso para acomodarme,
me hablo sin ruido,
a mí y al universo que acoge los susurros de mi alma.
Todo es sepulcro lleno de vida,
de mi brotan los deseos como flor de almendro,
emano primavera,
me desboco como fuente danzando alrededor de mi ombligo.
Ya no me visto de ayeres que me abrasaron,
abandono el frío en cualquier esquina de luz regalada,
no sueño en mañanas inciertos,
despierto al alba entre mis costuras,
mis piernas se elevan al día y tras ellas,
mi cuerpo recita la oración de gracias al vivir.
No doy por supuesto un día más,
regalado del cielo lo bendigo,
mi piel recita vida,
siento mi vientre en coros recrearse,
paseo ser,
recreo estar,
y así en mi átomo de existencia,
el tiempo como péndulo me balancea,
en él me gozo y de él me bebo,
respiro ser milagro a cada paso.

COLIBRÍS EN LA VENTANA

Como nuez caída del árbol,
así me dejaba llevar por otras voces,
gestos, miradas, palabras,
ausencias y presencias que me vestían eterna en traje de noche.
Respiré.
Tomé aire consciente de la vida entrando en mí,
lo dejé marchar y con él algunas cicatrices de la mente,
sentí que mi paso se hacía más ligero,
en cada expirar soltaba marcas de un ayer que llegó a ahogarme.
Respiro. Agradezco. Lato. Siento.
El rostro del espejo con los rasgos de los años brilla lo que en jóvenes momentos era a tiempos flor marchita.
Viví aletargada, si vivir en propio cadáver que aún respira, merece el uso del verbo que nos permite ser.
Tomé otras fuentes,
agua resbalaba por mi cuerpo y mi garganta para renacerme,
sudé cenizas y temblé con la nueva savia que recorría cada uno de mis cuerpos,
de dentro afuera,
como licor que explota en la boca y arrasa todos los sentidos,
así me embriagué de mí y empecé a abrazarme.
Aún a veces me reprocho,
pero los amores que tengo conmigo inundan el plexo y se fugan en los destellos de mi mirada.
Alas de ángel.
Seres de luz.
Tardes paseando en un tacto que crea amor y dulces bocados a una existencia que puse del revés.
Quizá ya no me conozcas, 
soy la de hadas y duendes,
colibrís en la ventana,
mariposas en la senda,
y risas en el ombligo.
Quizá no soy ya de tu gusto,
pero ahora, el gusto es mío.