Ni una menos


Hace unos meses, un amigo me hizo llegar la historia de una adolescente afgana que se suicidó porque no la dejaban escribir poesía, ni la dejarían casarse con el hombre que amaba: Rahila Muska. Era su seudónimo que en pastun significa “sonrisa de amor”.

A día de hoy, la situación de la mujer, ha empeorado a nivel mundial, el feminicidio se extiende por todos los puntos del planeta.

En homenaje a Rahila Muska, que hoy extiendo a todas las mujeres que ya no están, que sufren o han sufrido el maltrato, escribí las líneas que os dejo.

Quise ser poema, 

me hice letra, 

pero no me dejaron ser ni estrofa ni verso,

nací mujer, 

sin derecho a rima, 

ni a voz,

ni tan siquiera a mirada, 

nací objeto culpable por mi sexo, 

con derecho a respirar si no tomaba demasiado aire,

y quise respirar más, 

quise más oxígeno,

me enfrenté a la mirada encarcelada que querían imponerme,

y antes que ser su esclava, 

me marché en un aullido, 

envuelta mi voz en fuego.

Ni una menos

Dolor


¿Quien quiere el dolor que arrasa mi alma en estos momento? Que absurda yo. Que absurda la pregunta que tiene respuesta. El dolor intenso, no rasga, rompe, es ese que despedaza tu ser en silencio, ese dolor tan humano, ese, el que es solo nuestro. 

Se cuela por las rendijas, respira tu piel y ahoga  tu alma, es esa gota infinita que martillea tus pensamientos y que maquillas de carnaval ante ajenas miradas.

Ese dolor, solo ese, es ese humano imstante que nos hace átomos enormes de vida, porque la garganta se ahoga y el grito queda silenciado en una mueca que quisiera ser sonrisa.

Dolor, hoy te miro de frente mientras tu afilada navaja abre un tunel infinito en mi alma, pero voy a vencerte, a segundos y a horas, porque tu hierro candente que ahora me abrasa para dejarme helada, me hará mas fuerte, y entonces, los días y el tiempo, se vestiran de ese yo que es un guiño constante de vida, y en un grito susurrado, te diré, hasta la próxima. 

De muerte a vida


Que se olvide de mí la sombra que te habita,

que tu sed te la guarde quien bordó tus mentiras,

que no sea tu noche la que eclipse mi día,

no expíes tus pecados en la piel que me habita,

regálate tus culpas como sornas en tus dichas,

y bébete tu rabia en tu copa de ira

moldeada en tus manos de palabras mezquinas,

arrójale a tus besos de judas tus caricias,

puñales con tu boca sajaron mis heridas,

hoy ya no duele nada,

hoy ya mi alma es fría,

la helaron tus miradas y tus gestos de escarnio en tus falsas sonrisas,

en este adios me amparo a proteger mi vida,

yo no soy sin pecado,

pero amo en ley de vida.

Si solo es pensar…

Soy cada mujer que quiero dibujarte,

cada sombra dónde no saben verme,

cada hoja en blanco del que no supo comprender,

cada espacio ocupado de tacto y vacío de ausencias,

ese tren que se para de amores y descarrila de miedos,

soy un gesto de amor y una mirada de derrota,

soy la calma que mira tus ojos,

la mano que peregrina tu cuerpo,

y el alma que se sienta y te siente,

pensando tu boca si solo es pensar.

Quien quiere vivir para siempre…

Queen:”Who wants to live forever”

https://youtu.be/_TsOPjZEF6E

Yo no,

mis ultimos días han sido el para siempre elegido,

la piel, la música, los sabores, olores, tacto y colores del adios,

ahora ya, sentada en un rincón de mundo,

solo queda esperar el veredicto final,

a otras manos ajenas se lo entrego,

y que sean ellas tras mi últims mirada las que digan: “Show must go on/El espectáculo debe continuar”

Queen: “Show must go on”

https://youtu.be/uKLMYZlbIb8

Final


Y se torció el alma de uso,

y ya no hubo ayer ni mañana,

tan solo un eco diario de lo que no pudo ser,

y así, en el silencio eterno,

la vida cobró el sentido de cada gesto inacabado.

Incertidumbre penada


A aquellos que sufrimos ese dolor físico e incierto al que demasiados ciegan su mirada.

Nada tengo, 

y a pesar del dolor de  aquellas y estas auséncias,

a ratos, acaricio estrellas,

quizá no sé vivir o quizá la vida no sepa conmigo,

puede que algunos tragos se atraganten,

y que este dolor,

ya no pasajero,

sea mi último transeúnte;

conocidos de otra vida,

vencedores ambos y vencidos,

nos hemos sentado mirándonos a los ojos,

él en mi y yo en mí de él atrapada y de él dueña sin contrato,

él me asesta golpes de cierto con su incertidumbre,

yo, vieja enemiga de los dos,

le espero entre el desasosiego de su existencia y la certeza,

de que él, sí, él, no va a abandonarme.