Saber amar

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Demasiadas veces pienso en que es el amor, si puede acotarse, definirse, se que puede tocarse, acariciarse, besarse, desnudarse e incluso vestirse…

Pero y su tiempo, y sus formas… Todos hemos cambiado y parece que el amor eterno casi ha huido de nosotros, quiza estamos enamorados del amor pero no de la persona a la que de debieramos amar, quiza el sexo sin amor o el breve amor con sexo ha alzado sus tropas e invadido aquellos amores que fueron, quizá yo piense en el amor vestido de combate para el placer, la risa y el desconsuelo y solo sea un paseo tranquilo cerca del mar…

Quizá es el momento de pensarlo en otro traje y buscarlo en una mirada, quizá demasiadas batallas no me dejen ver la paz de esa otra caricia, quizá es tiempo de otro espejo o de otro armario, quiza soy yo que a pesar de todo no aprendí lo suficiente y lo suspendo más allá de un solo ser…

Quizá amo demasiado y de tanto no se amar.

Retirada

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No sé si irte o venirte,

si quedarme o marcharme,

si estar o ni ser ni estar,

no sé porque soy un manojo de incertidumbres,

no me sé a mí y saberte a ti me descabalga,

no sé si te deseo o el deseo de ti me desea a mí,

no sé si ser placer o placearme,

no sé si dejar de ser o dejar que me toque el alma,

no sé si besarte o dejar que tu beso se cierre casi en banda,

no sé si ser bandeja o recoger los remos y dejar ser sin ser,

no sé,

por eso ni pienso, ni sueño, ni miro,

ni tiro los dados ni cuento al reves,

me acuesto en mi sueño y te dejo que seas,

si es que quieres ser.

Me retiro a los cuarteles de versos.

No fue otra historia más

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El teléfono no paraba de sonar, derrotada en el sofá lo dejaba llamarla en silencio, había pensado desconectarlo, pero algo la distrajo y en ese momento prefería dejarlo sonar a hacer el gesto de responder o apagarlo.

Estaba desnuda, como cuando ella se había marchado, unas horas que debían ser eternas se habian convertido en un tiempo limitado, siempre eran un pequeño paréntesis, ni siquiera una breve historia. Se sentía desmanejada, vacía, agotada, ya no sabía si queria seguir, ponerse en aparte o seguir con otra historia.

No lloraba, no encontraba las lágrimas, pero si las palabras para maldecirse, eso se le daba muy bien.

Los mensajes seguían entrando, días atras se hubiera girado posesa buscando sus palabras, pero ya no quería, no podía, no quedaban fuerzas ni ganas, había organizado aquel encuentro a cara o cruz, y ella no dio la cara, su amante siguió en su traje y ella de nuevo arrastraba la cruz, pesaba en su estómago y en su garganta, tuvo que moverse, se acercó al baño y vomitó la cena, el rimel corrido le devolvió la imagen de lo que era en ese momento, un dibujo borroso de ella misma, hipotecada en una partida suicida que cada vez se cobraba más intereses.

Después de lavarse los dientes con rabia se giró para no verse más, se preparó una infusión y asesinó un poco más a su estómago encendiendo otro cigarro.

Cuando el ruido en la puerta más que atronador se hizo amenazante abrió los ojos, el sol brillaba con fuerza, no había ido a trabajar, era mediodia, se alzó y abrió justo antes de que la forzaran.

– ¿Estas viva?

Era ella, la huída.

– Sí.

Fue un sí hueco, imperceptible.

-¿Y este escándalo?

– ¿Y tu teléfono?

– En modo avión, ¿por?

– Anoche regresé y no me abriste la puerta.

– No te oí.

– Sí, me dijiste muérete.

– No era a ti, era al espejo después de vomitarte.

– No has ido a trabajar.

– Estoy enferma.

– ¿Y que tienes?

– Resaca de ti, y aún estoy borracha de rabia, vomitarte no fue bastante.

Se giró, detrás de ella dos hombres uniformados, les susurró unas palabras disculpándose y continuó sitiando la puerta.

– ¿Me vas a dejar pasar?

– No.

– Se puede saber que coño te pasa…

– Tu lo has dicho, tu coño me pasa y ya no quiero que me pase más.

– Tu estás idiota.

– Si me has levantado para invadirme e insultarme, por favor, sal de mi puerta no quiero hacerte daño y la voy a cerrar, por las buenas o por las malas.

Podría haber sido así, una discusión de amantes en la puerta, pero a veces el corazón se cansa de dar y quiere abandonar el latido.

Derribaron la puerta, el espectáculo no era agradable, tendida en el suelo, murió como vivió, ahogada de ella misma, alcohol, vómito y pastillas un cocktail que su alma aquella madrugada no resistió.

Geografías

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Y me marcharé habiendo recorrido aquellas geografias que viajé de labios,

sabiéndome poseedora de la belleza que da el amor que se esconde entre los paréntesis que abrazan horas,

caminante desnuda de aquellos que tocaron mi piel y de los que supieron vestir mi alma,

conocedora de mí en el espejo de aquellos en que me miré, de sus historias,

una vida en ruta generosa de placeres y de encuentros,

de soledades mudas y sonoras,

de caricias a manos llenas de piel,

de boca repleta de besos,

de noches abrazadas al silencio que acoge el eco de los cuerpos que amé,

de sonrisas cómplices de cómplices miradas,

me iré sola, como todos,

pero plena de cada olor, de cada esencia, de cada sonrisa, de cada ser que amé un tiempo y dejó una acuarela en mi alma.