Pieles de cereza

1176306_385815444880053_1634326251_n¿Y si aquel tiempo de cerezas regresara?

¿Y si tus manos, tersas, jóvenes, de ayer me acariciaran?

¿Y si el invierno agonizante se dejara ir?

¿Y si el tiempo, solo a veces, se detuviera?

Se detuviera y yo pudiera mirarte un tiempo más,

unas horas más, unos minutos más, unos segundos más acaso…

Que derroche de miradas entonces el nuestro,

que borrachera de recreo en ese perfume de nuestros cuerpos,

ese olor, el tuyo invadiendo mi piel en cada poro que te invoca,

esa piel mia y tuya cubriendo el tiempo para refugiarnos en vida y de vida,

escondernos de ese mundo empeñado en hacernos distantes al mirarnos,

crear, crear en nosotros tiempo que nace de tiempo,

de eternidad de segundos musicando cada linea que escribimos con nuestro deseo,

un deseo que hoy, ahora, es amor, después de tiempo,

un deseo que primero fue piel para reencarnarse en alma,

en deseo no solo de ti y de mi sino de vida,

de una historia escribiendo en y de nosotros cada día,

cada amanecer que transformamos en noche para ser más y más tiempo,

y entonces, los cerezos, al florecer, miraran esa piel tersa que fue y ahora es,

y al dar fruto, nuestros labios, nuestras bocas, saborearan de nuevo el elixir de la vida misma.

 

Quiero tocar ese cielo

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El sol vestía de nuevo su mejor traje, la luz acariciaba la ciudad, la invadía en un acto de amor derrochando deseo y complicidades por todos los rincones. Aquella mañana llevaban poco vagabundeo, pero el color amarillo de sus manteles volvió a atraerles, estaba decidido, era momento de compartir capuchino.

El no hablaba mucho, o lo hacía en un silencio que lo miraba todo y lo abarcaba todo, se dejaba hacer, ella le acariciaba con admiración, le rozaba suavemente, entregándole su alma en público como nunca hizo con otro, no lo hizo antes y después tampoco la haría, lo que había entre ellos era mucha vida a retazos, mucho tacto sordo o ajeno a miradas, muchas complicidades de saberse sin decirse nada.

-Ummmm, esta canela le da un toque delicioso al capuchino

Y mientras pronunciaba la frase le abrió a la vida, de nuevo con delicadeza, con ese sentimiento de plenitud en su mirada y esa reverencia que a él, a veces, incluso le turbaba.

-Lo sé, a veces es demasiado, soy excesiva a momentos, y no sonrías, sé que nos conocemos demasiado.

Y de nuevo le buceó y pasó sus dedos casi posándose, y sus ojos reposaron en todos sus rincones, y cada vez le descubría de nuevo y una mueca de sorpresa o pánico, o quizá una sonrisa que nunca llegaba, o la carcajada en un instante de ternura compartida que hacia de cada momento una vida irrepetible que entre ellos se balanceaba sin tiempo. Le hizo una foto, el se dejó, siempre se dejaba, ella oculta tras el objetivo dibujaba el mundo de los dos.

El día fue un ligero paseo aprovechando todo el sol, parando para dejarse acariciar y cortejarse un rato, hubo incluso un momento, en que de tan absortos entre ellos se habían quedado casi solos sin apenas darse cuenta. Y sin proponérselo, llevados por las miradas de los otros y por el aroma, otra parada tras una de esas encantadoras cuestas, “La Brasileira”, buen café y Pessoa.

-Estupidos turistas.

-Nosotros somos también turistas, yo creo que es fruto de la ignorancia.

-Tu no dejarías que a mi me hicieran eso… No soporto el “Red Bull”

La escultura del poeta tenía una visita incomoda, tres individuos iniciando la treintena no paraban de buscar ridículas maneras de fotografiarse, definitivamente, la incultura hace en algunos casos a los seres humanos más osados de gesto y de palabra, eso pensaba ella en aquel instante mientras respondía con la mirada fija en aquellos individuos.

-No, estás a salvo conmigo, te amo y no te comparto, luego quizá peco, me encanta alardear de que eres buen amante…

Él la miró con media sonrisa, no podían dejar de mirar la absurda situación que vivía el poeta.

-No te preocupes, eso ya lo se, me sonrojas a menudo con el deseo de tu mirada.

-¿Yo?

-Sí, ayer sin ir más lejos, con el bacalao, en la playa, me mirabas y sonreías picarona.

-Tu me provocaste, me llevaste a las más absurda y caótica de las situaciones.

-Sin embargo tu la gozaste.

-¿Como no? Que ridículos somos a veces.

-Solo tienes que mirar esa escena que nos está incomodando.

-Que pena que un bello homenaje pueda convertirse en un gag.

-El mío de ayer era bueno, casi te atragantas con el vino.

-Sublime, fue, sublime, la señora de rojo, perdona, pero no puedo evitar imaginarla, así como muy culona, con un moño alto y muy enjoyada, toda una caricatura de si misma, tanto esfuerzo para alcanzar una efímera victoria donde naufragar todas sus derrotas.

-¿Nos vamos?

-Sí, es el momento de la cerveza.

-Pero si te acabas de tomar un café.

-Lo se, muy bueno por cierto, pero tenemos que ir por la cena, subir la cuesta, dejar las cosas en la habitación, y luego esa cervecita fría que sienta tan bien antes de cenar.

-¿Como cada noche en el mirador?

-Sí, me encanta ver los últimos momentos de sol, luego la ciudad iluminada.

-Eres de las que le gusta cuando se acaba el día.

-Digamos que la noche y yo tenemos un flirt eterno y se que a ti no te importa.

-Nunca fui celoso, se de tu amor incondicional.

-Y no te molestan mis infidelidades.

-No, lo tuyo no son infidelidades, solo les dejas vestir tu cuerpo unas horas, necesitas conocer más, ver más ,acariciar más… Pero en el fondo siempre estás conmigo. Tu alma no puede evitar vestirse de mi incluso cuando la desnudas por un instante a otros.

-Me sabes demasiado.

-Sí, te se, supe amarte desde el primer instante, como tu a mi, cuando me acariciaste por primera vez.

-¿Recuerdas? Nicaragua.

-Sí, imposible olvidar aquel instante, te recuerdo y te miro ahora otra vez de rojo y negro.

-Voy a dejar que me ames de nuevo.

-Estás insaciable en este viaje.

-Te eché demasiado de menos perdida en otros.

Y siguieron amándose cada día, al sol de la mañana y de la tarde, a luz de luna, casi sin tocarse, con leves gestos, sujetándose las almas para sentirlas más juntas.

-Toca despedirse

-Regresamos

-Sí, y no sé porque siento esta melancolía que me atrapa.

-¿Estas triste?

-Un poco, no es tristeza es como una pena… No sé, han sido unos días muy íntimos, tu y yo, las calles, la gente, los dulces con esa canela, la playa, aún siento el calor de la arena resbalando por mi cuerpo.

-Pero nos vamos juntos.

-Sí, juntos, y quiero terminar este momento de nuestra historia antes de tocar el cielo.

-No puedes tocar el cielo.

-Sí, si tu estas conmigo.

-A menudo estoy contigo y has tocado el infierno.

-Lo sé, pero el cielo y el infierno están en nosotros, cada vez que miramos la vida de una u otra manera.

-Hoy la miras con cielo.

-Siempre la quiero mirar así, incluso cuando pesa demasiado.

-Pues no dejes que te arrastre a esos infiernos.

-Y lo dices tu, que pareces haberlos visitado todos. Pero ni tu, ni yo ni nadie puede evitarlo.

-Es cierto, estás melancólica.

-Sí, no me gustan las despedidas.

-No te gusta lo que no deseas. Eres toda deseo.

-Ya llaman al embarque y quedan dos historias que contarnos.

-¿Es un empeño u otro de tus rituales?

-Te dije que quiero tocar ese cielo contigo.

-Y como siempre, me dejare.

El ruido de los motores daba fuerza a ese momento en que aislarse para compartir historias es casi un imposible, demasiados en un breve espacio, la charla de cinturones y mascaras de oxigeno, la carcajada nerviosa de algún pasajero, el niño que llora, ese momento en que la espalda cobra vida propia y se torna rígida y te empuja, y contra todos esos elementos ella esta decidida a tocar su cielo, el de los dos y le sigue en cada palabra y le acaricia con un tacto nervioso y sabe que está llegando al final y aunque quiere evitarlo la respiración se entrecorta, pero llega a su cielo, lo toca, lo acaricia, se entretiene en ese momento de placer buscado y por fin se relaja sobre el respaldo de su asiento.

Le mira, acaricia su rostro suavemente, y ese rostro es la portada de su compañero de viaje, le mira y le sonríe de nuevo, y el le devuelve como siempre su silencioso amor, como a ella le gusta, como si fueran dos desconocidos, casi empezando de nuevo el juego, y entonces los dedos de esa mujer que ama intensamente, sin freno, con pasión, sin destino ni consuelo, pero que ama una y otra vez, empieza a recorrer el perfil de cada una de sus letras, sus palabra, su nombre, su esencia: Julio Cortazar, Relatos.

Juego de impares

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Añadamos tres palabras, ayer, tu, hoy,

mañana, esa mañana de luz codiciosa,

ese amanecer goloso que recrea sueños,

ser yo, ser ese rayo de melodía infinita en palabras,

tres, dos pares y una impar,

tres, no se si contar más o recontar,

ayer, hoy ,mañana, quizá par, quizá vida,

vida de tacto cuando rozas mi espalda,

una, una que se abre en puertas incontables cuando la terminas en mi,

si, una impar, tres impar, dos, tu y yo un par que se derrota,

besos creciendo en espacios que se encuentran,

tu no me pierdes, me pierdo yo,

yo, que impar me derroto, me venzo y renazco,

un, dos, tres, multitud

ya no, sol de mañana calienta mi noche dormida,

amanezco, te miro, no estas, respiro, me halago,

soy, despacio cabalgas mis deseos hasta desbocarte,

no estoy, me he perdido en el primer suspiro de la noche,

tres, dos, uno, paso de tiempo,

dos, tres un tiempo que acaba,

y en mi yo impar me siento mal pareada,

porque dos de tres conducen a esa otra nada,

nada de momentos que no debieron,

nada de tardes que en otro ser acaban,

nada de ti ni de mi que somos un tres sin rostro,

par, impar, full de cinco, partida terminada.

Quizá sin alma…

gata luna

La noche era fría, demasiado para pasarla vagando, pero necesitaba aire, aprovecho un descuido y saltó fuera, siempre el mismo descuido, siempre la misma oportunidad, siempre ella, deslizándose cerca pero sin llegar a tocarlo, era un murmullo, el de su garra, siempre atenta a él, siempre cercándolo pero sin atraparlo, dejándose ver para no ser vista, era su sombra, la sombra que ella misma había proyectado, ese otro ser que los otros creían conocer aún en días nublados, pero la trama de la vida le había enseñado a tejer su propio manto, difícil saber o encontrarla si ella no quería, a menudo, su mirada casi podía delatarla, pero entonces, tomaba la sonrisa prestada a un recuerdo y zas, en un salto cambiaba de tejado, en ese instante aquellos que la rodeaban con una tímida sonrisa la miraban en un saludo desubicado…

¿Quien era?, ¿quien era ella?,¿por que sus lágrimas se contraían siempre en una mueca cercana a una sonrisa rota?, ¿por que su alma demasiado quebrada no podía encontrar aquella otra pieza?, ¿por que tanto silencio roto en aullidos que no clamaban?, ¿por que otra noche?, ¿por que otra madrugada?

Sí, soy yo, de nuevo mi zarpa acaricia el viento que besará tus labios al amanecerte en mi, si, soy yo, una noche más renuncio a sus brazos y a su abrazo, otra noche me entrego a ti, sombra que oculta mi sueño detrás de cada cornisa, silueta de un cuerpo no hallado donde se recluyen delitos y deseos de tiempos presentes y pasados, sí, es de nuevo mi garra la que te acaricia, es mi deambular silencioso el que se esconde entre estruendos de vida que en ficciones arrasan lo que los otros creen ver, yo que soy una sin alma desde que se perdió la mía de tanto jugarla, apostarla y perderla de vida, yo que he decidido dejarme vivir y arrastrarme a otro rincón, donde esa soledad mía, tan concurrida, como dice el poeta, se espanta de la mueca que ha sido la partida, sí, soy yo, la gata que ocultó un día el dolor detrás de una sonrisa a ti debida o en ti hallada, ese otro ser o cientos de seres que han paseado por mi alma que ya no es, y es que el mundo pesa, la vida pesa, la sonrisa agota, pero la garra que a ella se aferra, siempre encontrará una calle más, una vida mas que desconocida no sepa que quizá, solo quizá, de tanto jugar un día perdió su alma.

Naufragio en labios inertes

Otelo y Desdémona

Othello and Desdemona – Tragic Sea of Love
Photographs by Jaeda DeWalt
Painting by R Paul Sardanas

Guardo con celo tu imagen que me abraza,

eres ciego en mí ser que te acoge,

no miras, no ves, dando la espalda al mundo que te contempla,

ojos caídos a una ceguera que te impide,

levantas tu rostro a un infinito que no existe,

pobre existencia la que se pierde en una idea imaginada,

tú ya no puedes recitar nuestros sentidos…

no, nublado tu pensamiento en ti naufragas.

Y yo me lanzo en pos de tu cuerpo a rescatarte,

pero el más frío de tus miedos me detiene en tu cuello,

a él me aferro para salvarte y salvarme,

pero tú no puedes ver, cuerpo de angustias inventadas,

tu mente ha trazado un camino de sombras en una posesión errada,

no, ya no eres aquel que surcaba mis sueños,

las velas de tu viaje se pliegan a un pensamiento errado,

cierras tus ojos a un mundo real que te contempla incrédulo,

y es ahora la ira, tu ira la que me mece,

mis manos en tu cuerpo resbalan a tus hombros,

y tu deseo loco de posesión eterna me desarma,

son tus dedos ahora férreos garfios en mi cuello,

me despido, sí, de ti, de ese ser en un mundo equivocado,

adiós vida errada la tuya,

maltrecha en tus brazos la mía,

yo naufrago al tiempo infinito,

tú te ahogas ciego en el mar inerte mis labios.

Ángel caído

Angel caído

Caes derrumbado a un silencio que se llena de vacío,

el espejo no devuelve ya imagen,

caes en ese amor en ti cobarde,

en ese no saber decir o decir sin saber que es la no palabra,

ya no estás, no oyes, no lees, no hablas, no recitas,

ya no eres, yo soy

soy la que era ayer cuando en presencia ya no me mirabas,

soy la que no llora, no dice, no calla…

Lejos, eres lejos muro que levantas,

frontera de alambrada hiriente,

no, no duele, no duele lo que no es porque no ha sido,

solo rasga, araña la esperanza de creer,

no tienes alas, no,

ya no eres ángel que acoge madrugadas,

tu tacto es frío igual que tu mirada,

esa mirada ciega que en ti acaba.

no, no desvelas noches que no acaban,

no, dejaste de ser en ese mundo al que ciego te aferras,

sí, ahí quedaste, ser inmóvil erigido en la nada,

tus alas se erguían para ir solo al vacío de un alma, la tuya,

esa que dejaste abandonada en un no querer que la razón dictaba,

hoy no estas, ni ayer, ni mañana,

silencio, eres solo silencio encerrado en los muros de la prisión del alma.

Atrapados

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Amor eres mirada que me incita,

eres sabor que degusto en tus palabras,

si, eres, te toco, puedo sentir tu rostro entre mis manos,

mis dedos en tu pelo, mis labios en tu cuello, cercándote,

acechando, buscando, usurpando caricias amagadas;

si, eres ese botón que cae desabrochado en la prisa

mientras te baño de caricias con mi boca reclamándote;

sí, cuando fuera cae una larga tarde de no saber,

tú no sabes que eres pero estas y no te mueves,

yo no estoy pero soy cuando cae el último botón que te arropaba,

y se derraman las estrellas que nos miran,

porque tú no me ves y yo no puedo verte,

pero el tacto de los cuerpos es ahora sin miradas,

quiero tu boca, la quiero, quiero tenerla mía, más allá de las palabras

tus manos, tacto, quiero sentir como se pierden en mi espalda,

y sigo sin ver más que esa silueta ausente,

y sigues sin tener más que lo que un sueño atrapa,

mirándome con los ojos abiertos a un deseo que se pierde en mis caderas,

que te asaltan, te veneran, buscando ese mundo al que me elevas;

sí, fuera la noche reina y las estrellas nos miran mientras nos amamos,

tu, el ser que yo escondo detrás de mí palabras,

yo que no puedes mirarme, pero vivo presa en tu mirada.