De cielos y avernos

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Y te quise, te amé tanto,

que me escapé de mis manos para tocarte,

y es que antes que tacto eras tú,

el contoneo de tu mirada en mis caderas,

el baile te tu sonrisa en mis labios.

Abandoné mi cuerpo,

mi piel se vistió en la tuya,

porque te quise de alma y de infierno,

de alma en el cielo entre tu cama y tu boca,

de infierno al descender en cada ausencia de ti.

Te quise, te amé tanto que mis manos contaban tu historia en otros cuerpos,

escribí líneas vacías de alma en cada averno sin ti,

y entonces, cuando de nuevo tus dedos bailaban mi espalda,

solo entonces,

cada fuego prendido en nuestra piel,

viajó con mi deseo al único paraíso reconocido,

ese que cada día empieza en cada contorno de ti,

y acaba en cada poro que te beso.

 

 

Atracándonos

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Y quizá la noche fuera oscura, pero sin ti,

porque en ti la alevosía nocturna se convierte en paraíso,

en ti el pecado lo medito y  premedito,

en ti y de ti culpable me confieso,

no de amarte,no; de adorarte en cada espacio que ocupas.

De noche, día, aire, tierra y fuego;

porque fuego eres en mi que ningún elemento apaga,

en mi llama ululante y brasa susurrante;

en mi suave brisa de mar arribando a mi playa,

que ávida de ti, te lanza amarres donde dejarte amar y volar.

Amar de mi y volar de mi,

que en mi eres porque lo que quieras ser en mi,

y yo de ti, pirata atracándote en ebrias noches para beberme tu deseo.

A ti te abordo para izar mi bandera en tus sueños,

vencedora, bucanera en tu cuerpo y tu alma asaltados y reos de mi.

En mi eres, hombre prisionero a mi entregado,

de tu boca escapa el gesto al que someto mis naves para entregarte mi fortuna;

a ti que en mi piel dibujas mapas de islas y grutas donde amagarte.

Tú, reo entonces, capitán ahora de mi destino,

a ti entrego mis noches, donde mis dedos, luciérnagas en tu piel,

iluminan cada camino en que nos recorremos hasta llevar a puerto nuestras ansias.

 

Renaciendonos

 

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Que tiempo aquel que efímero se escapa y se recuerda,

largos los años de dolor ahora huella del alma cansada de ese tiempo,

aire somos en tierra de la que brotamos para volver a ella,

agua, rompemos un mar de madre para ser hijos de vida regalada,

y ahora somos, miramos y nos miran,

hablamos y nos hablan para un vivir de tacto en pieles, vientos y almas.

Y tú, ¿tú quien eres?

tú que en mi te reflejas para serte y serme,

caricia de un invierno que arrastra primaveras en las que nos seguimos mirando,

yo, yo soy esa que tus ojos recorren para saber,

tú, ese que sin tocar mis dedos dibujan para yacerte en mi tierra,

sí, de tiempo somos, fuimos o seremos,

de tiempo, de días, de horas que escapan entre sombras que se miran,

tú, ser que se acuesta en mi cama para amanecer en mis ojos dormidos,

yo, quizá quimera o deseo perdido en ese vivir que nos arrastra sin tiempo,

efímera en tu boca para ser eterna en una piel de olvido o de recuerdo,

eterna en minutos de deseos que sueñan a ojos abiertos ese instante recreado,

tú, en mi amanecer de luz que de vida llena mis instintos,

yo, esa, la otra, la que se refleja en tu espejo para crearse en ti, de ti que no de otros,

porque no somos de otros, somos tu y yo, el reflejo de un tacto del que renacemos.

 

 

La vida desde el 45

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De repente, una tarde se dio cuenta de que los años habían pasado, de que su soledad se había apoderado de las paredes de aquella casa, de que el tiempo parecía no pasar y sin embargo cuando se miraba al espejo el blanco de los días transcurridos cubrían aquella melena que fue un día de un envidiado negro azabache. Bajó las escaleras, afortunadamente era sólo una planta, aquel viejo edificio que como ella a veces chirriaba de edad y demasiada vida carecía de ascensor, dobló la esquina y entró en la peluquería de “la Mari”, nunca había entrado, pero cada día se saludaban cuando iba a por el pan o intercalaban alguna frase, la peluquera la miró con una sonrisa.

-Córtalo

-Te decidiste…

-¿Para que tanto moño?, Se me cansan los brazos, a él le gustaba, pero ya no está.

-Pues lo cortamos, pero, ¿como?

-Es tu oficio Mari, como tu quieras.

Cuando la peluquera terminó su trabajo se miró al espejo, estaba más guapa, y sin embargo algunas lágrimas escaparon de sus ojos.

-¿Por que lloras?, estás más guapa.

-Porque ahora sé que no volverá, que no hay marcha atrás para la muerte.

-Teresa, hace ya más de un año, es duro, imagino, pero debes mirar al frente, pensar que a ti te queda vida.

-¿Que vida?

-Tus hijos, tus nietos, tu tiempo.

-Sólo tengo un hijo Mari, se fue a otro país y se casó con una extranjera, casi no viene, cuando murió su padre vino solo, casi ni le reconocí.

-Bueno, entonces te queda lo mas importante, tu tiempo. ¿Que te gusta hacer?

-Antes coser, pero la vista ya no es la de antes, esa también se ha ido. Pasear, ver gente.

-Pues hazlo, sal a la calle, anda, pasea hasta que se te cansen las piernas y la mirada de ver tanta gente, déjate conocer y además con el cansancio seguro que hasta duermes mejor.

Teresa la miró entre la tristeza más profunda del alma y la pequeña luz de esperanza que ahora veía entre las calles de su barrio.

-Buenas tardes, perdone, ¿Me puede decir como ir al Hospital del Mar? He salido desconcertada del metro y ahora no se…

-Claro hija claro, mira está allí, detrás de aquel edificio. Si quieres te acompaño, voy hacia allá.

La que hablaba era una mujer mayor, más de ochenta, al menos en apariencia, pero en ese momento de la vida en que los años quizá ya han dejado tanta huella que es difícil decir cual es. La que escuchaba una mujer al final de la treintena, con cara de felicidad, amplia sonrisa, una luz, así llamaba Teresa a los que cruzaban la vida con esa sonrisa.

-¿Como te llamas?

-Claudia

-¿Algún familiar enfermo?

-No, un amigo, pero ahora ya no es grave, está mejor.

-Que suerte tiene tu amigo…

-Yo también soy afortunada. Y usted, ¿tiene alguien enfermo?

-No, mi último enfermo se marchó hace ya poco más de dos años.

-Y entonces donde va.

-Voy buscando sonrisas como la tuya.

Claudia la miró sorprendida, invadida por la ternura, acariciando la soledad de aquella mujer que la acompañaba.

-Cada tarde, en vez de dejarme adormecer en el sofá salgo a la calle buscando el mar, ando y ando, paseo y a veces llego a bancos donde ya he hecho amigas, charlo un rato con ellas y sigo buscando sonrisas, hasta llegar más o menos aquí y luego regreso en el autobús, en el 45, los conductores me conocen, me saludan y me preguntan, y así termino el día charlando o mirando por el mundo que pasea detrás del autobús.

-¿Cada día?

-Sí aunque a veces cojo otra linea y viajo a otros mundos, a otras vidas que también viven en mi ciudad, si salgo temprano, puedo coger el 59 y me voy a los barrios altos, donde viven los ricos, pero me gusta ir más ahora, en invierno, que lucen más las pieles y las joyas, en verano somos todos más iguales.

-¿Todos iguales?

-Sí, el verano tiene menos joyas, pantalones cortos y faldas sencillas con vuelo, vestidos largos y más sonrisas, el verano es mejor cerca de la playa.

-¿Y por que el autobús?

-En el autobús la vida pasa a través de la ventana, gente que sale del trabajo con cara de cansada, niños felices que juegan después de la escuela, es divertido verlos correr sin más futuro que una pelota y una portería, niñas que se miran en cada escaparate, besos, abrazos, discusiones… Algunos son habituales de mi vida, de ellos me imagino sus historias, y a veces al llegar a casa imagino su futuro y lo escribo, la vida pasa cada día a nuestro lado, y vosotros los jóvenes estáis tan ocupados que no os detenéis a mirarla.

-Y usted tiene el tiempo.

-Ahora sí. Una vez fui joven como tú, entonces el dinero escaseaba, como ahora, el trabajo, la casa, mi marido y criar a mi hijo me dejaron sin tiempo.

-Puedo preguntar, ¿fuiste feliz?

-Si, creo que sí, mi marido fue un buen marido, mi hijo lo fue, pero se marchó, y creo que poco a poco se olvidó de nosotros, o se avergonzó.

-¿Como que se avergonzó?

-Bueno, se fue a Alemania, el gana mucho y ella, ella casi no se como es, contando la boda la he visto tres veces.

-Os separó la distancia.

-No, la distancia no separa, se separan las almas.

-¿Y ahora le ves?

-No, desde que murió el padre no ha vuelto. No creo que le vea.

-Eso es muy triste.

-Lo es, pero con el tiempo te acostumbras a todo, incluso a ser una vieja abandonada en el espacio al que algunos no quieren regresar.

-No lo entiendo.

-Yo tampoco, pero hace tiempo deje de preguntar. Ahora mi vida son otros, anónimos y conocidos, gente a la que no aferrarme pero que llenan mis días, transeúntes del tiempo que gritan vidas que yo observo detrás de la ventana de un autobús, esos no duelen, y sin embargo, sin saberlo, me dan un sitio en este mundo, un sentido.

-¿Ese no era tu autobús?

-Sí, pero te acompaño a la puerta, si quieres.

-Me encantaría. Quiero saber más.

-¿De la vida?

-De ti, tu eres la vida.

-No, yo no soy la vida, la vida somos nosotros cuando nos bañamos de lo que sucede a nuestro alrededor.

-En el 45.

-El 45 es mi preferido, en su recorrido suceden miles de historias, vidas anónimas que pasan, se sufren o se disfrutan, y esas son las que llevan tu sonrisa.

-Hemos llegado.

-Sí, hoy voy un poco más tarde, hoy será Manuel quien me lleve a casa.

-¿Conoces su nombres?

-Claro, ellos son los caballeros que me dejan en casa. Me saludan por mi nombre, y me felicitan las Navidades y hasta mi cumpleaños, yo también soy parte de su vida, y también de algunos pasajero, somos unos cuantos lo habituales.

¿Puedo abrazarte y besarte?

-Por supuesto, y prometerme que algún día estarás en la parada del 45 a las 6 si es invierno, a las 8 en verano.

-No soy de promesas, pero esta vez ganas, estaré.

Se despidieron con un abrazo y sendos besos en las mejillas, se miraron cómplices y se despidieron. Claudia se fue al hospital, Teresa a su autobús, la vida seguía para las dos y sólo el cumplimiento de una promesa podría unirlas de nuevo.

-¿Que tal el paseo Teresa?

Era “la Mari”, se fumaba un cigarro antes de poner el último tinte.

-Perfecto, he conocido a mi hija.

-¿A tu hija?

-Sí, yo también tengo secretos.

-Pero tu me dijiste que sólo tenías un hijo.

-Nunca es tarde.

-¿Estas bien Teresa? Me preocupas. ¿Llamo al médico?

-¿Al médico? No,esos no saben ni curar la tristeza, y la felicidad, si la quieres, no tiene remedio.

Mari la miró entre la sorpresa y la preocupación, ella la había animado a esos paseos, pero ahora…

-Bueno voy a terminar, mañana con el café me cuentas.

-Vale, Mari, pero mira que eres cotilla.

-Esto es un peluquería.

Y con una sonrisa picarona se metió en su negocio y dejó a Teresa sonriendo, con luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

Pieles de cereza

1176306_385815444880053_1634326251_n¿Y si aquel tiempo de cerezas regresara?

¿Y si tus manos, tersas, jóvenes, de ayer me acariciaran?

¿Y si el invierno agonizante se dejara ir?

¿Y si el tiempo, solo a veces, se detuviera?

Se detuviera y yo pudiera mirarte un tiempo más,

unas horas más, unos minutos más, unos segundos más acaso…

Que derroche de miradas entonces el nuestro,

que borrachera de recreo en ese perfume de nuestros cuerpos,

ese olor, el tuyo invadiendo mi piel en cada poro que te invoca,

esa piel mia y tuya cubriendo el tiempo para refugiarnos en vida y de vida,

escondernos de ese mundo empeñado en hacernos distantes al mirarnos,

crear, crear en nosotros tiempo que nace de tiempo,

de eternidad de segundos musicando cada linea que escribimos con nuestro deseo,

un deseo que hoy, ahora, es amor, después de tiempo,

un deseo que primero fue piel para reencarnarse en alma,

en deseo no solo de ti y de mi sino de vida,

de una historia escribiendo en y de nosotros cada día,

cada amanecer que transformamos en noche para ser más y más tiempo,

y entonces, los cerezos, al florecer, miraran esa piel tersa que fue y ahora es,

y al dar fruto, nuestros labios, nuestras bocas, saborearan de nuevo el elixir de la vida misma.

 

Quiero tocar ese cielo

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El sol vestía de nuevo su mejor traje, la luz acariciaba la ciudad, la invadía en un acto de amor derrochando deseo y complicidades por todos los rincones. Aquella mañana llevaban poco vagabundeo, pero el color amarillo de sus manteles volvió a atraerles, estaba decidido, era momento de compartir capuchino.

El no hablaba mucho, o lo hacía en un silencio que lo miraba todo y lo abarcaba todo, se dejaba hacer, ella le acariciaba con admiración, le rozaba suavemente, entregándole su alma en público como nunca hizo con otro, no lo hizo antes y después tampoco la haría, lo que había entre ellos era mucha vida a retazos, mucho tacto sordo o ajeno a miradas, muchas complicidades de saberse sin decirse nada.

-Ummmm, esta canela le da un toque delicioso al capuchino

Y mientras pronunciaba la frase le abrió a la vida, de nuevo con delicadeza, con ese sentimiento de plenitud en su mirada y esa reverencia que a él, a veces, incluso le turbaba.

-Lo sé, a veces es demasiado, soy excesiva a momentos, y no sonrías, sé que nos conocemos demasiado.

Y de nuevo le buceó y pasó sus dedos casi posándose, y sus ojos reposaron en todos sus rincones, y cada vez le descubría de nuevo y una mueca de sorpresa o pánico, o quizá una sonrisa que nunca llegaba, o la carcajada en un instante de ternura compartida que hacia de cada momento una vida irrepetible que entre ellos se balanceaba sin tiempo. Le hizo una foto, el se dejó, siempre se dejaba, ella oculta tras el objetivo dibujaba el mundo de los dos.

El día fue un ligero paseo aprovechando todo el sol, parando para dejarse acariciar y cortejarse un rato, hubo incluso un momento, en que de tan absortos entre ellos se habían quedado casi solos sin apenas darse cuenta. Y sin proponérselo, llevados por las miradas de los otros y por el aroma, otra parada tras una de esas encantadoras cuestas, “La Brasileira”, buen café y Pessoa.

-Estupidos turistas.

-Nosotros somos también turistas, yo creo que es fruto de la ignorancia.

-Tu no dejarías que a mi me hicieran eso… No soporto el “Red Bull”

La escultura del poeta tenía una visita incomoda, tres individuos iniciando la treintena no paraban de buscar ridículas maneras de fotografiarse, definitivamente, la incultura hace en algunos casos a los seres humanos más osados de gesto y de palabra, eso pensaba ella en aquel instante mientras respondía con la mirada fija en aquellos individuos.

-No, estás a salvo conmigo, te amo y no te comparto, luego quizá peco, me encanta alardear de que eres buen amante…

Él la miró con media sonrisa, no podían dejar de mirar la absurda situación que vivía el poeta.

-No te preocupes, eso ya lo se, me sonrojas a menudo con el deseo de tu mirada.

-¿Yo?

-Sí, ayer sin ir más lejos, con el bacalao, en la playa, me mirabas y sonreías picarona.

-Tu me provocaste, me llevaste a las más absurda y caótica de las situaciones.

-Sin embargo tu la gozaste.

-¿Como no? Que ridículos somos a veces.

-Solo tienes que mirar esa escena que nos está incomodando.

-Que pena que un bello homenaje pueda convertirse en un gag.

-El mío de ayer era bueno, casi te atragantas con el vino.

-Sublime, fue, sublime, la señora de rojo, perdona, pero no puedo evitar imaginarla, así como muy culona, con un moño alto y muy enjoyada, toda una caricatura de si misma, tanto esfuerzo para alcanzar una efímera victoria donde naufragar todas sus derrotas.

-¿Nos vamos?

-Sí, es el momento de la cerveza.

-Pero si te acabas de tomar un café.

-Lo se, muy bueno por cierto, pero tenemos que ir por la cena, subir la cuesta, dejar las cosas en la habitación, y luego esa cervecita fría que sienta tan bien antes de cenar.

-¿Como cada noche en el mirador?

-Sí, me encanta ver los últimos momentos de sol, luego la ciudad iluminada.

-Eres de las que le gusta cuando se acaba el día.

-Digamos que la noche y yo tenemos un flirt eterno y se que a ti no te importa.

-Nunca fui celoso, se de tu amor incondicional.

-Y no te molestan mis infidelidades.

-No, lo tuyo no son infidelidades, solo les dejas vestir tu cuerpo unas horas, necesitas conocer más, ver más ,acariciar más… Pero en el fondo siempre estás conmigo. Tu alma no puede evitar vestirse de mi incluso cuando la desnudas por un instante a otros.

-Me sabes demasiado.

-Sí, te se, supe amarte desde el primer instante, como tu a mi, cuando me acariciaste por primera vez.

-¿Recuerdas? Nicaragua.

-Sí, imposible olvidar aquel instante, te recuerdo y te miro ahora otra vez de rojo y negro.

-Voy a dejar que me ames de nuevo.

-Estás insaciable en este viaje.

-Te eché demasiado de menos perdida en otros.

Y siguieron amándose cada día, al sol de la mañana y de la tarde, a luz de luna, casi sin tocarse, con leves gestos, sujetándose las almas para sentirlas más juntas.

-Toca despedirse

-Regresamos

-Sí, y no sé porque siento esta melancolía que me atrapa.

-¿Estas triste?

-Un poco, no es tristeza es como una pena… No sé, han sido unos días muy íntimos, tu y yo, las calles, la gente, los dulces con esa canela, la playa, aún siento el calor de la arena resbalando por mi cuerpo.

-Pero nos vamos juntos.

-Sí, juntos, y quiero terminar este momento de nuestra historia antes de tocar el cielo.

-No puedes tocar el cielo.

-Sí, si tu estas conmigo.

-A menudo estoy contigo y has tocado el infierno.

-Lo sé, pero el cielo y el infierno están en nosotros, cada vez que miramos la vida de una u otra manera.

-Hoy la miras con cielo.

-Siempre la quiero mirar así, incluso cuando pesa demasiado.

-Pues no dejes que te arrastre a esos infiernos.

-Y lo dices tu, que pareces haberlos visitado todos. Pero ni tu, ni yo ni nadie puede evitarlo.

-Es cierto, estás melancólica.

-Sí, no me gustan las despedidas.

-No te gusta lo que no deseas. Eres toda deseo.

-Ya llaman al embarque y quedan dos historias que contarnos.

-¿Es un empeño u otro de tus rituales?

-Te dije que quiero tocar ese cielo contigo.

-Y como siempre, me dejare.

El ruido de los motores daba fuerza a ese momento en que aislarse para compartir historias es casi un imposible, demasiados en un breve espacio, la charla de cinturones y mascaras de oxigeno, la carcajada nerviosa de algún pasajero, el niño que llora, ese momento en que la espalda cobra vida propia y se torna rígida y te empuja, y contra todos esos elementos ella esta decidida a tocar su cielo, el de los dos y le sigue en cada palabra y le acaricia con un tacto nervioso y sabe que está llegando al final y aunque quiere evitarlo la respiración se entrecorta, pero llega a su cielo, lo toca, lo acaricia, se entretiene en ese momento de placer buscado y por fin se relaja sobre el respaldo de su asiento.

Le mira, acaricia su rostro suavemente, y ese rostro es la portada de su compañero de viaje, le mira y le sonríe de nuevo, y el le devuelve como siempre su silencioso amor, como a ella le gusta, como si fueran dos desconocidos, casi empezando de nuevo el juego, y entonces los dedos de esa mujer que ama intensamente, sin freno, con pasión, sin destino ni consuelo, pero que ama una y otra vez, empieza a recorrer el perfil de cada una de sus letras, sus palabra, su nombre, su esencia: Julio Cortazar, Relatos.

Juego de impares

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Añadamos tres palabras, ayer, tu, hoy,

mañana, esa mañana de luz codiciosa,

ese amanecer goloso que recrea sueños,

ser yo, ser ese rayo de melodía infinita en palabras,

tres, dos pares y una impar,

tres, no se si contar más o recontar,

ayer, hoy ,mañana, quizá par, quizá vida,

vida de tacto cuando rozas mi espalda,

una, una que se abre en puertas incontables cuando la terminas en mi,

si, una impar, tres impar, dos, tu y yo un par que se derrota,

besos creciendo en espacios que se encuentran,

tu no me pierdes, me pierdo yo,

yo, que impar me derroto, me venzo y renazco,

un, dos, tres, multitud

ya no, sol de mañana calienta mi noche dormida,

amanezco, te miro, no estas, respiro, me halago,

soy, despacio cabalgas mis deseos hasta desbocarte,

no estoy, me he perdido en el primer suspiro de la noche,

tres, dos, uno, paso de tiempo,

dos, tres un tiempo que acaba,

y en mi yo impar me siento mal pareada,

porque dos de tres conducen a esa otra nada,

nada de momentos que no debieron,

nada de tardes que en otro ser acaban,

nada de ti ni de mi que somos un tres sin rostro,

par, impar, full de cinco, partida terminada.