Vida sin rio

Mujer playa

Recorriendo meandros me abordo,

rio que fue corriente desbordada, ahora seco,

que tierra aquella que te absorbe y deforma para hacerte rio muerto,

tierra traidora a la vida que es,

tierra que ofende a la madre que crea,

tierra rota que pare venenos que ahogan o ahorcan,

tierra parida de miedos, vencida de odios, podrida de horas…

Y salto el recodo que me llevó a vararme de lodo muerto,

leve corriente arrastra mis alas mojadas,

alas que remos ahora, despacio, dejan atrás ese fango oscuro,

lluvia, gotas de lluvia que limpian dolores de alma casi rota,

bajo despacio, al fondo, el rio, parece que abre su boca,

me preparo, vómito de vida,

salgo, salgo a un mar donde de nuevo tengo palabras,

miro, toco, sonrío de agua, fuego,tierra aire,

miro atrás, no, ya no quiero mirar más,

ruido, solo quiero ruido,

calor y frío de vida, mar que me baña,

adios a tierra yerma anclada,

adios cicuta que mata sin abandonar cuerpo,

adios lenta prisión que deja inconsciente el alma.

Sin miradas

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Tierra que trémula bajo sus pies se derrota,

pasos, huellas, instantes que casi nacen en pasado,

fuimos nosotros aquellos que dejamos camino equívoco,

tu me mirabas sin ver y yo te veía aún sin mirar,

que de mirar ya no era tiempo, y el ver,

el ver es la imagen que tiene miedo de la mirada,

y tu y yo eramos ver porque no aprendimos a mirarnos,

nunca supimos hallarnos en un mundo que compartíamos de soslayo,

sin saber, casi sin querer, porque no queríamos llenarnos los pies de fango,

las manos de horas de caricias o de lagrimas,

del lodo que deja el alma a veces,

esas veces que te arriesgas,

esas veces que sin cordura amas y te embarras,

y miras al otro, que te limpia con la mirada,

con la sonrisa al ver tu rostro o siquiera imaginarlo,

no, tu y yo ni mar, ni tierra, ni fango,

tu y yo derrota de miedos desbordados,

tu y yo huella que no sabe ser,

que no sabe amar, que no sabe de alma…

Error en un paso

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-Demos un paseo

-¿Dónde?

-Donde nos lleve

-¿Quién?

-El paseo

-Demos entonces

Entrelazaron sus manos en silencio, no se miraban, miraban al futuro, o miraban a un punto donde nada se definía, en aquel momento no querían definirse, solo se respiraban y dejaban acariciar por aquel aire frío de principios de primavera, no se habían planteado nada, decidieron quedar la noche anterior un poco al azar, se conocían de unas cuantas conversaciones, besos de saludo y palabras casi sin sentido, y sin planteárselo y tras mirarse a los ojos unos instantes habían amanecido juntos sin extrañarse, no extrañaron su mirada, ya no extrañaban sus cuerpos los conocieron  de madrugada, los recorrieron en la oscuridad, los volvieron a presentar con el amanecer, no extrañaban sus sonrisas habían compartido muchas aquella noche, solo se dejaron llevar a una taza de café, a una complicidad no buscada, y a un paseo sin más destino que tenerse cerca.

-¿Y?

-¿Y qué?

-Tu, estas distinta.

-¿Yo?

-Sí, tú, hablo contigo, aunque tú pareces no querer.

-Sí claro dime

-¿Qué te diga yo?

-Tú eres la que quieres hablar, ¿no?

-Definitivamente cuando no quieres eres imposible.

-¿Qué no quiero? Yo siempre quiero cariño…

-Ya hablaras…

-Eso nunca dejo de hacerlo, me asfixiaría.

Raquel miraba a Sara entre alucinada, incrédula y enfadada, la estaba apartando de su vida, eso nunca lo había hecho, o eso creía ella, ¿y si había sido solo un decorado más?, ¿de verdad “su amiga” no iba contárselo?, porque de algo estaba segura, había algo que contar, y ella tenía que saberlo.

A media mañana llegaron unas flores, las interceptó al vuelo, eran para Sara, pero iban sin tarjeta.

-¿Y ahora?

-¿Ahora qué?

-Flores

-Flores y una sonrisa…

-A todos nos gusta que nos regalen flores, ¿verdad María?

María asintió divertida con la cabeza, le encantaba ver a Raquel sufriendo de aquella manera, ella, ese individuo que existe en todos los centros de trabajo del mundo, ese ser que quiere siempre saber más para contar más, ese ser que desconoce el significado de la palabra secreto, ese ser que vive las vidas de los demás porque un día se olvidó  que era mejor vivir la propia.

-Pero sabes de quien son.

-Imagino.

-¿Tú te llamas mi amiga?

-No, creo que nunca he hecho eso.

-Pero…

-Raquel, déjalo, somos compañeras, de vez en cuando salimos, te cuento algunas cosas contables y se acabó. No recuerdo que estuvieras cuando…

-¿Cuándo qué?

-Déjalo Raquel

María las miró, su expresión era divertida, le guiñó un ojo a Sara y al pasar junto a ella se acercó a su oído:

-Disfrútalas, sobre todo el agradecimiento de luego.

Aquel día se libró del revoloteo de Raquel alrededor de su mesa, se concentró en los dibujos que debía revisar, tenía una semana para dejarlos sobre la mesa de su jefe, y últimamente no parecía muy contento, con nadie.

-Preciosas

Solo  el sonido de labios mordiéndose y lenguas jugueteando.

-No hay amanecer

-Hubo demasiada madrugada

-Pero no ha sido suficiente mañana, tenemos tiempo.

-Llegaras tarde.

-Nunca es tarde si llegas.

-Entonces tenemos mañana.

Una hora más tarde el teléfono no paraba de sonar, los mensajes se sucedían, pero no había espacio para ellos, diez minutos más tarde cesaron.

-¿Y?

-Seguro que es solo trabajo. Voy a ducharme, es casi mediodía.

-Te acompaño.

El sol bañaba las calles de la ciudad, la casa de Alejandro tenía varias ventajas, una de ellas es que estaba a diez minutos de su oficina en un paseo rápido.

-Llegas tarde

-No tengo horario, me inspiré mejor en casa.

-No estabas en tu casa, te he llamado y saltó el contestador.

-No contesto el teléfono cuando trabajo.

-No traes nada.

-No está terminado.

-No juegues conmigo.

-No, contigo no juego.

Giró un poco la cabeza hacia su izquierda, no le gustaban las reprimendas en público, vio a Raquel, sonreía, María le volvió a guiñar un ojo cómplice, ella se acarició y regresó a la ducha, algo inventaría aquella noche.

De repente recordó el teléfono aullando, fue hacia su mesa, no eran mensajes de trabajo, bueno solo uno, llegas tarde, el resto eran de su madre, tenían una cena familiar y se le había olvidado, le contestó que llegaría tarde.

Dejó pasar el día casi en silencio, intentando escaparse de los demás y de ella misma, tenía una extraña sensación, pero prefería no decir nada, siguió sonriendo, busco su rostro, su cuerpo, sus palabras susurradas y en ellas instaló su día, en aquella toma falsa, terminó la historia, aquel capítulo le había dado algo que brotó de sus manos y dejó que fuera observado. Fue al baño, respiró hondo, empezaba la siguiente toma y esta no iba a tener nada de falsa.

-Lo tengo.

-Déjame ver. Es una broma.

-No, es una realidad, la gente tiene miedo.

-Pero no hace falta recordárselo.

-No hace falta, lo viven cada día, querías realismo, tienes realismo.

-No me gusta.

-¿Te gusta algo últimamente?

-¿Te pasa algo esta semana?

-¿A mí?

-Sí, a ti. Ayer estuviste muy desagradable con Raquel, hoy llegas tarde y ahora esto.

-¿Raquel? No, perdona, no estuve desagradable, estuve sincera, mi vida le importa un cuerno, igual que a ti, y sí, por primera vez en cuatro años he llegado tarde, y ahora dejemos los chismes y nos centramos en el trabajo, si no te importa.

-¿Quieres seguir aquí?

-Pues francamente, me lo estoy planteando.

-¿Qué quieres decir con eso?

-¿Y tú?

-¿Quieres volverme loco?

-Ahora mismo lo único que quiero es que hablemos de trabajo. ¿No te interesa? No hay problema, lo colocaré por ahí, no será la primera vez.

-Quiero algo el jueves

-Tendrás algo el jueves.

Sara regresó a su mesa, faltaba más de una hora para las siete, cerró el portátil, recogió un par de cosas, se puso el abrigo, se colgó el bolso y sin mirar atrás cruzó la puerta de salida.

-¿Estas en casa?

-No, llegaré tarde, pero te he dejado unas llaves en el buzón, está abierto, cógelas.

-Te espero, prepararé algo para cenar, cocinar me desestresa.

-No prepares para mí, será muy tarde.

-¿Algo grave?

-Nada que no pueda solucionarse.

-Despiértame.

-Descansa.

-Lo haré.

No amaneció para los amantes, dos días de vacío, de nadie, los dibujos estaban en el suelo, la cena sin terminar, olía a incienso, un copa casi vacía, un cuerpo sin signos de lucha, dormido en la alfombra del salón, el teléfono no paraba de recibir mensajes, de repente sonó el, fijo, un contestador, una voz, una súplica: “Por favor, abre”. Le encantaba aquella historia.

-Es perfecto, esta marca necesita un revulsivo.

-Todo tuyo, a cambio una mesa y quince días antes de incorporarme.

-¿Por qué?

-¿Por qué no?

Se sentía estupenda, sonrió a su nuevo jefe, firmó el acuerdo y dejó la carpeta, no había nada firmado y tenía algo que entregar.

-Es jueves, no están los dibujos.

-No, no en esta mesa. Te dije como hacerlo. No disimules, otra vez fallaste.

-Qué quieres decir.

-Casi lo consigues.

-¿Consigo qué?

-Asustarme. Pero has sido torpe, te di un crimen de diseño y lo seguiste al pie de la letra, solo cometiste un error, me diste motivos para no asustarme, casi le creo, lo hicisteis muy bien, los tres, pero no fuisteis…

-No sé de qué estás hablando.

-Sí, lo sabes, no lo dicen tus palabras, lo dicen tus ojos, tus gestos. El numerito infumable de amiga de Raquel, tu rechazo apasionado de algo que ni siquiera habías mirado, al menos en ese momento, esa llave en un buzón que no se había dejado, solo fallasteis en algo, sigo siendo tan estúpida como para creer en el amor, y creí, y me dio fuerza, y mi otra realidad me dio la respuesta, sí, me fui a casa, corrijo, tenía cena familiar y cocinar no me desestresa… El resto se lo cuentas a ellos.

-¿Qué resto?

-Tengo una cita en otra firma. Les encantó la verdadera historia. Yo sí que tengo trabajo. No te pudiste resistir a la carpeta…

Se giró con calma, guiñó un ojo cómplice a María, sonrió y se dirigió a unos agentes de paisano.

-Gracias, sé que se salta todo procedimiento, pero lo necesitaba.

Siempre había creído que un buen escote, una maravillosa sonrisa y una mirada cómplice lo podían todo, y sin embargo, aquella era la única vez que lo había practicado.

De cielos y avernos

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Y te quise, te amé tanto,

que me escapé de mis manos para tocarte,

y es que antes que tacto eras tú,

el contoneo de tu mirada en mis caderas,

el baile te tu sonrisa en mis labios.

Abandoné mi cuerpo,

mi piel se vistió en la tuya,

porque te quise de alma y de infierno,

de alma en el cielo entre tu cama y tu boca,

de infierno al descender en cada ausencia de ti.

Te quise, te amé tanto que mis manos contaban tu historia en otros cuerpos,

escribí líneas vacías de alma en cada averno sin ti,

y entonces, cuando de nuevo tus dedos bailaban mi espalda,

solo entonces,

cada fuego prendido en nuestra piel,

viajó con mi deseo al único paraíso reconocido,

ese que cada día empieza en cada contorno de ti,

y acaba en cada poro que te beso.

 

 

Atracándonos

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Y quizá la noche fuera oscura, pero sin ti,

porque en ti la alevosía nocturna se convierte en paraíso,

en ti el pecado lo medito y  premedito,

en ti y de ti culpable me confieso,

no de amarte,no; de adorarte en cada espacio que ocupas.

De noche, día, aire, tierra y fuego;

porque fuego eres en mi que ningún elemento apaga,

en mi llama ululante y brasa susurrante;

en mi suave brisa de mar arribando a mi playa,

que ávida de ti, te lanza amarres donde dejarte amar y volar.

Amar de mi y volar de mi,

que en mi eres porque lo que quieras ser en mi,

y yo de ti, pirata atracándote en ebrias noches para beberme tu deseo.

A ti te abordo para izar mi bandera en tus sueños,

vencedora, bucanera en tu cuerpo y tu alma asaltados y reos de mi.

En mi eres, hombre prisionero a mi entregado,

de tu boca escapa el gesto al que someto mis naves para entregarte mi fortuna;

a ti que en mi piel dibujas mapas de islas y grutas donde amagarte.

Tú, reo entonces, capitán ahora de mi destino,

a ti entrego mis noches, donde mis dedos, luciérnagas en tu piel,

iluminan cada camino en que nos recorremos hasta llevar a puerto nuestras ansias.

 

Renaciendonos

 

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Que tiempo aquel que efímero se escapa y se recuerda,

largos los años de dolor ahora huella del alma cansada de ese tiempo,

aire somos en tierra de la que brotamos para volver a ella,

agua, rompemos un mar de madre para ser hijos de vida regalada,

y ahora somos, miramos y nos miran,

hablamos y nos hablan para un vivir de tacto en pieles, vientos y almas.

Y tú, ¿tú quien eres?

tú que en mi te reflejas para serte y serme,

caricia de un invierno que arrastra primaveras en las que nos seguimos mirando,

yo, yo soy esa que tus ojos recorren para saber,

tú, ese que sin tocar mis dedos dibujan para yacerte en mi tierra,

sí, de tiempo somos, fuimos o seremos,

de tiempo, de días, de horas que escapan entre sombras que se miran,

tú, ser que se acuesta en mi cama para amanecer en mis ojos dormidos,

yo, quizá quimera o deseo perdido en ese vivir que nos arrastra sin tiempo,

efímera en tu boca para ser eterna en una piel de olvido o de recuerdo,

eterna en minutos de deseos que sueñan a ojos abiertos ese instante recreado,

tú, en mi amanecer de luz que de vida llena mis instintos,

yo, esa, la otra, la que se refleja en tu espejo para crearse en ti, de ti que no de otros,

porque no somos de otros, somos tu y yo, el reflejo de un tacto del que renacemos.

 

 

La vida desde el 45

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De repente, una tarde se dio cuenta de que los años habían pasado, de que su soledad se había apoderado de las paredes de aquella casa, de que el tiempo parecía no pasar y sin embargo cuando se miraba al espejo el blanco de los días transcurridos cubrían aquella melena que fue un día de un envidiado negro azabache. Bajó las escaleras, afortunadamente era sólo una planta, aquel viejo edificio que como ella a veces chirriaba de edad y demasiada vida carecía de ascensor, dobló la esquina y entró en la peluquería de “la Mari”, nunca había entrado, pero cada día se saludaban cuando iba a por el pan o intercalaban alguna frase, la peluquera la miró con una sonrisa.

-Córtalo

-Te decidiste…

-¿Para que tanto moño?, Se me cansan los brazos, a él le gustaba, pero ya no está.

-Pues lo cortamos, pero, ¿como?

-Es tu oficio Mari, como tu quieras.

Cuando la peluquera terminó su trabajo se miró al espejo, estaba más guapa, y sin embargo algunas lágrimas escaparon de sus ojos.

-¿Por que lloras?, estás más guapa.

-Porque ahora sé que no volverá, que no hay marcha atrás para la muerte.

-Teresa, hace ya más de un año, es duro, imagino, pero debes mirar al frente, pensar que a ti te queda vida.

-¿Que vida?

-Tus hijos, tus nietos, tu tiempo.

-Sólo tengo un hijo Mari, se fue a otro país y se casó con una extranjera, casi no viene, cuando murió su padre vino solo, casi ni le reconocí.

-Bueno, entonces te queda lo mas importante, tu tiempo. ¿Que te gusta hacer?

-Antes coser, pero la vista ya no es la de antes, esa también se ha ido. Pasear, ver gente.

-Pues hazlo, sal a la calle, anda, pasea hasta que se te cansen las piernas y la mirada de ver tanta gente, déjate conocer y además con el cansancio seguro que hasta duermes mejor.

Teresa la miró entre la tristeza más profunda del alma y la pequeña luz de esperanza que ahora veía entre las calles de su barrio.

-Buenas tardes, perdone, ¿Me puede decir como ir al Hospital del Mar? He salido desconcertada del metro y ahora no se…

-Claro hija claro, mira está allí, detrás de aquel edificio. Si quieres te acompaño, voy hacia allá.

La que hablaba era una mujer mayor, más de ochenta, al menos en apariencia, pero en ese momento de la vida en que los años quizá ya han dejado tanta huella que es difícil decir cual es. La que escuchaba una mujer al final de la treintena, con cara de felicidad, amplia sonrisa, una luz, así llamaba Teresa a los que cruzaban la vida con esa sonrisa.

-¿Como te llamas?

-Claudia

-¿Algún familiar enfermo?

-No, un amigo, pero ahora ya no es grave, está mejor.

-Que suerte tiene tu amigo…

-Yo también soy afortunada. Y usted, ¿tiene alguien enfermo?

-No, mi último enfermo se marchó hace ya poco más de dos años.

-Y entonces donde va.

-Voy buscando sonrisas como la tuya.

Claudia la miró sorprendida, invadida por la ternura, acariciando la soledad de aquella mujer que la acompañaba.

-Cada tarde, en vez de dejarme adormecer en el sofá salgo a la calle buscando el mar, ando y ando, paseo y a veces llego a bancos donde ya he hecho amigas, charlo un rato con ellas y sigo buscando sonrisas, hasta llegar más o menos aquí y luego regreso en el autobús, en el 45, los conductores me conocen, me saludan y me preguntan, y así termino el día charlando o mirando por el mundo que pasea detrás del autobús.

-¿Cada día?

-Sí aunque a veces cojo otra linea y viajo a otros mundos, a otras vidas que también viven en mi ciudad, si salgo temprano, puedo coger el 59 y me voy a los barrios altos, donde viven los ricos, pero me gusta ir más ahora, en invierno, que lucen más las pieles y las joyas, en verano somos todos más iguales.

-¿Todos iguales?

-Sí, el verano tiene menos joyas, pantalones cortos y faldas sencillas con vuelo, vestidos largos y más sonrisas, el verano es mejor cerca de la playa.

-¿Y por que el autobús?

-En el autobús la vida pasa a través de la ventana, gente que sale del trabajo con cara de cansada, niños felices que juegan después de la escuela, es divertido verlos correr sin más futuro que una pelota y una portería, niñas que se miran en cada escaparate, besos, abrazos, discusiones… Algunos son habituales de mi vida, de ellos me imagino sus historias, y a veces al llegar a casa imagino su futuro y lo escribo, la vida pasa cada día a nuestro lado, y vosotros los jóvenes estáis tan ocupados que no os detenéis a mirarla.

-Y usted tiene el tiempo.

-Ahora sí. Una vez fui joven como tú, entonces el dinero escaseaba, como ahora, el trabajo, la casa, mi marido y criar a mi hijo me dejaron sin tiempo.

-Puedo preguntar, ¿fuiste feliz?

-Si, creo que sí, mi marido fue un buen marido, mi hijo lo fue, pero se marchó, y creo que poco a poco se olvidó de nosotros, o se avergonzó.

-¿Como que se avergonzó?

-Bueno, se fue a Alemania, el gana mucho y ella, ella casi no se como es, contando la boda la he visto tres veces.

-Os separó la distancia.

-No, la distancia no separa, se separan las almas.

-¿Y ahora le ves?

-No, desde que murió el padre no ha vuelto. No creo que le vea.

-Eso es muy triste.

-Lo es, pero con el tiempo te acostumbras a todo, incluso a ser una vieja abandonada en el espacio al que algunos no quieren regresar.

-No lo entiendo.

-Yo tampoco, pero hace tiempo deje de preguntar. Ahora mi vida son otros, anónimos y conocidos, gente a la que no aferrarme pero que llenan mis días, transeúntes del tiempo que gritan vidas que yo observo detrás de la ventana de un autobús, esos no duelen, y sin embargo, sin saberlo, me dan un sitio en este mundo, un sentido.

-¿Ese no era tu autobús?

-Sí, pero te acompaño a la puerta, si quieres.

-Me encantaría. Quiero saber más.

-¿De la vida?

-De ti, tu eres la vida.

-No, yo no soy la vida, la vida somos nosotros cuando nos bañamos de lo que sucede a nuestro alrededor.

-En el 45.

-El 45 es mi preferido, en su recorrido suceden miles de historias, vidas anónimas que pasan, se sufren o se disfrutan, y esas son las que llevan tu sonrisa.

-Hemos llegado.

-Sí, hoy voy un poco más tarde, hoy será Manuel quien me lleve a casa.

-¿Conoces su nombres?

-Claro, ellos son los caballeros que me dejan en casa. Me saludan por mi nombre, y me felicitan las Navidades y hasta mi cumpleaños, yo también soy parte de su vida, y también de algunos pasajero, somos unos cuantos lo habituales.

¿Puedo abrazarte y besarte?

-Por supuesto, y prometerme que algún día estarás en la parada del 45 a las 6 si es invierno, a las 8 en verano.

-No soy de promesas, pero esta vez ganas, estaré.

Se despidieron con un abrazo y sendos besos en las mejillas, se miraron cómplices y se despidieron. Claudia se fue al hospital, Teresa a su autobús, la vida seguía para las dos y sólo el cumplimiento de una promesa podría unirlas de nuevo.

-¿Que tal el paseo Teresa?

Era “la Mari”, se fumaba un cigarro antes de poner el último tinte.

-Perfecto, he conocido a mi hija.

-¿A tu hija?

-Sí, yo también tengo secretos.

-Pero tu me dijiste que sólo tenías un hijo.

-Nunca es tarde.

-¿Estas bien Teresa? Me preocupas. ¿Llamo al médico?

-¿Al médico? No,esos no saben ni curar la tristeza, y la felicidad, si la quieres, no tiene remedio.

Mari la miró entre la sorpresa y la preocupación, ella la había animado a esos paseos, pero ahora…

-Bueno voy a terminar, mañana con el café me cuentas.

-Vale, Mari, pero mira que eres cotilla.

-Esto es un peluquería.

Y con una sonrisa picarona se metió en su negocio y dejó a Teresa sonriendo, con luz.